Opinión

A veinte años del ‘error 
de diciembre’ hay
avances innegables

Se acaban de cumplir veinte años del ‘error de diciembre’. Se podrían escribir volúmenes enteros y discutir por horas sobre qué falló y de quién fue la culpa. Me parece más importante pensar en qué ha cambiado México en estas dos décadas.

Entonces, como ahora, México había logrado cambios estructurales importantes, desde la promulgación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hasta la independencia de Banco de México que data de abril de 1994.

Se critica en forma superficial que México haya adoptado un modelo neoliberal en este periodo. Igualmente, se reprocha nuestra creciente dependencia comercial y económica de Estados Unidos. Ambos reclamos se equivocan.

Para empezar, la adopción de un modelo neoliberal ha sido, en el mejor de los casos, tibia y parcial. La economía de México sigue estando afectada por un mercado laboral rígido, por un sistema impositivo y regulatorio poco favorable al empresario, por subsidios y estructuras clientelares, por sindicatos obsoletos y corruptos dedicados a extorsionar, por alta participación en el mercado de entidades públicas brutalmente ineficientes, etcétera. Cuando se dice que el modelo “neoliberal” no ha generado crecimiento en México es como echarle la culpa a los tenis de un corredor obeso, que fuma y nunca entrena, porque no logró ganar en una carrera de maratón.

En cuanto a la dependencia de Estados Unidos, la veo mucho más como un atributo que un defecto. En términos nominales, la economía estadounidense es 13 veces más grande que la mexicana. México ha tenido tres mil kilómetros de frontera con la economía más grande y desarrollada del mundo por 166 años, pero apenas en estas últimas décadas ha ido logrando integrarse a la producción industrial estadounidense. México se transformó de ser un país exportador de materias primas a uno manufacturero. Si bien se benefició menos del llamado ‘súper ciclo’ de materias primas iniciado por la demanda china, hoy está razonablemente inmune al ciclo opuesto. Comparados con economías como la rusa, la mexicana es un ejemplo de diversificación. A la larga estamos mucho mejor posicionados.

Sin duda, el elemento más positivo presente hoy en la economía mexicana es el hecho de que, gracias a la reforma energética, México puede hoy conectarse con fuentes de gas y electricidad estadounidenses, las más eficientes en el mundo. Esto puede incrementar sustancialmente la competitividad internacional de diferentes industrias en México, lo cual debe reflejarse en mayor crecimiento económico y mejores niveles de empleo.

Pero, más allá de eso, la economía de México logró salirse de los ciclos de crecimiento seguidos por colapso que ocurrieron en cada fin de sexenio desde la presidencia de Echeverría hasta la de Salinas. A partir de un Banco Central independiente y de un tipo de cambio flexible, el peso ha tenido 20 años de razonable estabilidad. De hecho, el mercado peso-dólar es el más grande y activo de América Latina, razón por la cual grandes inversionistas internacionales recurren a veces a cubrirse o incluso a especular con el peso cuando están tratando de reducir o aumentar el riesgo al invertir en otras economías de la región, cuyas monedas son menos relevantes.

Los gobiernos en estos 20 años han mantenido déficit fiscales bajos, tendencia que la presente administración amenaza con romper. Por otro lado, se logró ‘pesificar’ el grueso del endeudamiento público, logrando así tener un financiamiento menos expuesto a la volatilidad cambiaria internacional. México hoy goza de la segunda calificación crediticia más alta en América Latina y de acceso a financiamiento internacional a tasas de interés bajas.

Como se dice en términos financieros, México ha logrado construir una “curva” larga tanto en pesos como en dólares. Es decir, que tanto para el gobierno como para entidades privadas es posible obtener financiamiento a plazos largos en pesos o en dólares, condición indispensable para poder financiar proyectos de inversión grandes y reducir el riesgo implícito en éstos. Si bien el mercado crediticio sigue siendo pequeño, cuando se le compara con el de países como Brasil, hay mucho más acceso a crédito al consumo y a menores costos.

Sería un enorme error no darle crédito a lo que sí se ha logrado en los últimos veinte años en nuestro país. A pesar de su falta de crecimiento, la economía de México está estructuralmente en una mucho mejor posición que quizá todas las economías de la región. Sin embargo, tres eventos amenazan con detener la fase de crecimiento que parecía inevitable. Primero, la pésima reforma fiscal y los excesos al fiscalizar a las empresas han originado una inoportuna caída en el potencial de inversión privada. Segundo, la crisis política agravará la situación y llevará a que se posterguen proyectos de inversión fondeados tanto nacional como internacionalmente. Tercero, la caída en los precios del petróleo causará una inesperada apatía en la Ronda Uno.

Los logros de los próximos veinte años dependerán en mucho de lo que se consiga hacer para fortalecer el Estado de derecho, incrementar transparencia y derrotar de una vez por todas el cáncer de la corrupción e impunidad. Ojalá lo logremos.

Twitter: @jorgesuarezv