Opinión

A un año de Peña y el PRI

03 diciembre 2013 5:2

 
Enormes expectativas y nulos resultados económicos es el corolario para el gobierno de Enrique Peña Nieto y el PRI en su primer aniversario.
 
Es cierto que el Pacto por México (que ya se tambalea) y los acuerdos tomados en el ámbito político por diputados y senadores ha permitido adelantar las tan esperadas reformas estructurales; pero a pesar de ello, se estima que la producción crezca poco más de uno por ciento, lo cual provoca el aumento del desempleo, el subempleo, la pobreza, las actividades informales y la inseguridad.
 
Hasta hoy la apuesta en términos del despertar económico sigue siendo que México se monte en una recuperación mundial que está lejana. En Europa ya se habla de la década perdida.
 
 
En el caso Estados Unidos, con todo y sus problemas, está creciendo más que México y en promedio anual en los primeros tres trimestres, su producción avanzó en 1.5 por ciento, mientras nosotros registramos una tasa de 1.15 por ciento en igual periodo.
 
Lo anterior tiene sentido, porque ante el menor dinamismo del vecino del norte, el incremento inicial se ve reflejado en su dinámica interna y luego en su nivel de importaciones con otros países. Sin embargo, el punto central es que la perspectiva es poco halagüeña.
 
 
Al final del día, el crecimiento sigue atorado con un costo alto de financiamiento, porque las tasas activas mantiene un margen excesivo; el sector público sigue engordando y desplaza a la iniciativa privada al cobrar más impuestos; el mercado interno está empobrecido, sin capacidad de compra; hay un exceso de regulación y dificultad para establecer empresas; y la inseguridad es un disuasivo importante para los negocios nacionales y extranjeros.
 
Las reformas serán desaprovechadas ante la inexistencia de un marco en el cual se pueda atraer inversión y mantenerla, más allá de los salarios bajos o la cercanía con Estados Unidos.
 
 
El planteamiento de una estrategia anticíclica ante un escenario recesivo mundial está fuera de foco por parte de los hacedores de la política económica. El gobierno debió de haber jugado un papel preponderante, pero por desgracia, bajo una perspectiva fiscal, no vendrán los incentivos, pues por el contrario hubo una mayor carga para el contribuyente cautivo. En cuanto al gasto, está lejos de dirigirse claramente hacia los sectores expansivos en materia productiva, como sería el de la construcción.
 
 
Otro tipo de medidas han probado ser insuficientes, como la de apoyar fiscalmente la contratación del primer empleo o los apoyos crediticios a la micro, pequeña y medianas empresas. Efectivamente, hay casos de éxito, pero en el agregado no alcanzan a “pintar” en las cifras globales.
 
La única apuesta que se vislumbra es hacia la integración y atracción del capital foráneo, la cual es ineficaz en este momento de contracción global.
 
 
Esperemos que en los próximos cinco años de esta administración pasemos de las expectativas a los resultados. El PRI tiene ante sí el reto de remontar la crisis social, pues de otra manera la factura se cobrará en las urnas.