Opinión

¿A quién le gusta Trump?

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Donad Trump. (Reuters/AP)

Entre sus bravuconadas, insultos y exageraciones, Donald Trump ha insistido en que ha sido un gran negocio su estrategia como precandidato para obtener la nominación del Partido Republicano, he gastado muy pocos dólares y estoy arriba en las encuestas.

Efectivamente, Trump, al finalizar julio encabeza las preferencias republicanas con 24 por ciento, seguido de Jeb Bush (exgobernador de Florida) y Scott Walker (gobernador de Wisconsin) con 14 y 12 por ciento respectivamente.

¿Quiénes son este 24 por ciento que les gusta Trump?

Quienes sienten ser los perdedores de Estados Unidos son los más encantados con Trump: se identifican y le celebran sus insultos a los migrantes mexicanos, lo mismo que sus críticas al gobierno federal, “creo que la gente está cansada, muy cansada de estos políticos incompetentes que solamente hablan pero no actúan.” Incluso estos perdedores están tan enojados que han pasado por alto los insultos de Trump a los veteranos de guerra, en especial a John McCain, senador republicano de Arizona, quien estuvo prisionero en Vietnam por ocho años y de quien no hay duda de su heroísmo.

Los perdedores son quienes se sienten arrebatados de sus privilegios; pertenecen a esos sectores de la sociedad estadounidense para quienes el futuro ha dejado de ser prometedor, en un país tradicionalmente optimista.

Por lo general son hombres de mediana edad que están enojados, incluso enfurecidos. Pertenecen a estratos de clase trabajadora y clase media baja. La gran mayoría son anglosajones que han visto sus ventajas desvanecerse ante la globalización y el reordenamiento racial.

Un pequeño comerciante de un pueblo en el Medio Oeste, por ejemplo Iowa City, Iowa, que ha visto su cerrajería arrasada por Wallmart. O bien, un trabajador en una fábrica de baterías industriales de Toledo, Ohio, que fue despedido lo mismo que decenas de sus compañeros porque la competitividad china los ha sacado del mercado.

Los perdedores son abrumadoramente blancos que se sienten amenazados por las minorías étnicas con mayor crecimiento -asiáticos y latinos. En las últimas dos décadas, a los hijos de estos enojados se les está complicando ir a las buenas universidades y colegios pues las minorías, especialmente la asiática, les presenta una cerrada competencia. “Son esos imbéciles burócratas de Washington -espetaría el enojado papá de un estudiante en South Bend, Indiana- quienes con sus cuotas a las minorías han hecho imposible que mis hijos asistan a la universidad del estado.”

El extraordinario documental Tierra de Cárteles retrata un ejemplo clásico de estos perdedores y del profundo odio que les generan los migrantes, especialmente los mexicanos (para quienes todos los inmigrantes son, además de mexicanos, illegales). Tim Foley, un anglosajón de unos 50 años, ha vuelto a estar enojado. Está terriblemente alterado, pues perdió su empleo en la recesión de 2008 y culpa a los migrantes de ser los responsables. Todas sus frustraciones y odios han sido canalizados a desarrollar la organización cazamigrantes Arizona Border Recon, la cual con equipo militar sofisticado apresa a migrantes en el desierto para entregárselos a las autoridades. Evidentemente Tim Foley y sus colegas están encantados con Trump, pues para ellos sí tiene los tamaños y el dinero para denunciar la invasión mexicana a Estados Unidos.

Trump también le gusta a los extremistas conservadores del Partido del Té. A los activistas que se pasean enfrente de la Casa Blanca con una cartulina señalando: Obama no es estadounidense, es musulmán.

Finalmente, los demócratas también están encantados con Trump. No obstante que el personaje les repugna, no pueden más que celebrar que está literalmente hundiendo al Partido Republicano, acabándolo de pintar como un club racista e intolerante.

El partido de Abraham Lincoln está cosechando el odio que muchos de sus líderes han venido sembrando en los últimos once años al oponerse sistemáticamente a la reforma migratoria y otras políticas inclusivas como el matrimonio gay o la reforma de salud de Obama. Los republicanos han tolerado a extremistas como el senador Ted Cruz de Texas, o al representante James Sensenbrenner de Wisconsin. Incluso han convertido en celebridades a personajes oscuros de la radio y la televisión que se han dedicado a sembrar el odio racial, Rush Limbaugh y Lou Dobbs entre otros.

Trump, con su mensaje enojado, racista e intolerante, no está más que enarbolando banderas bien arraigadas en un estrato cercano a 25 por ciento del electorado republicano.

Twitter: @RafaelFdeC

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