Opinión

¿A qué apesta Acapulco?

El 20 de octubre pasado su cumplió el plazo para conocer nombres y apellidos de quienes estuvieron al frente y detrás de la corrupción criminal que dejó muertos y la peor destrucción que se recuerde en México, aún peor que la del terremoto de 1985.

Los meteoros Ingrid y Manuel se ensañaron particularmente con el estado de Guerrero, donde ya habían vivido una tragedia parecida en octubre de 1997, provocada por el huracán Paulina. En aquella ocasión, el gobernador interino era también Ángel Heladio Aguirre Rivero. Ahora, emborrachado de poder y de otras substancias, ya como gobernador constitucional, festejaba la madrugada entera del 13 de septiembre pasado, mientras la tormenta tropical “Manuel” destruía buena parte de su estado.

Era inevitable preguntar ¿por qué nos volvió a pasar? ¿Quién o quiénes son los responsables?

Entonces, el presidente Peña Nieto ordenó una investigación exhaustiva sobre las causas y los responsables. Prometió hacerla pública y sancionar a los corruptos, omisos o negligentes. Hoy, 10 de febrero de 2014, 3 meses y 20 días después, no se conocen los resultados.

¿Qué habrá encontrado Jorge Carlos Ramírez Marín, secretario de desarrollo agrario, territorial y urbano, a quien personalmente le encargaron indagar lo que pasó? ¿Por qué el silencio de más de cien días? ¿A qué apesta el asunto que amerita ignorar una orden presidencial?

Se sabe que la investigación está concluida y ya se tienen nombres, apellidos, cargos, fechas y responsabilidades de los presuntos culpables de haber permitido y desarrollado zonas urbanas y viviendas en lugares de alto riesgo. Se han manejado en los medios de comunicación algunos de esos nombres. Entre ellos, Zeferino Torreblanca, perredista expresidente municipal de Acapulco y exgobernador de Guerrero; Manuel Añorve, priista expresidente municipal de Acapulco y hoy diputado federal. El también perredista Félix Salgado Macedonio, expresidente municipal de Acapulco, aspirante a la gubernatura de Guerrero y exdiputado federal.

Lo cierto es que nada se ha comprobado y nada se ha revelado. ¿Habrá sido ese expediente otro de los temas negociados en el Pacto por México? ¿Será que se sabrá lo que hay detrás cuando más convenga electoralmente? Tendremos que esperar.

Por cierto...

Qué manera tan chistosa de castigar a alguien por no hacer bien su trabajo, o mejor dicho, por no tener superpoderes.

Resulta que el coordinador de los senadores del PAN, Jorge Luis Preciado, no termina de salir de líos. Le urgen unas clases de civismo, sentido común y manejo de crisis.

Error uno.- Organizó una fiesta para su esposa -con mariachi y las mejores bebidas espirituosas-, en la mismísima sede del Senado de la República. Al verse acorralado por la exhibida en la prensa nacional cometió el...

Error dos.- Mintió. Dijo que no era una fiesta familiar, sino que, como es un gran amante y seguidor de las tradiciones mexicanas, estaba pagando los tamales por el Día de la Candelaria. Pero no explicó con claridad qué hacía ahí toda su parentela.

Error tres.- Quiso ‘taparle el ojo al macho’ y se sacó de la manga ooootra fiestecita -¿por qué no?- también en el Senado de la República. Sólo que ahora sí invitó a todos sus compañeros de bancada y a los reporteros, por supuesto.

Error cuatro.- No contaba con que la mayoría de sus compañeros senadores panistas no le seguirían el juego. De los 38 integrantes de la bancada del PAN sólo se presentaron cuatro.

Error cinco.- Encontró a un ‘chivo expiatorio’. Despidió a Fernando Bretón Mora Pineda, su jefe de prensa, por no haber evitado que los medios, y la opinión pública, se dieran cuenta de sus excesos y prepotencia.

Error seis.- Se le olvidó que en este país, y en todo el mundo, si te corren, ¡te corren! Pero no, Preciado despidió a su vocero, pero lo protegió haciéndolo su asesor. Así que seguirá cobrando de nuestros impuestos.

Hasta el miércoles

Twitter: @cachoperiodista