Opinión

¿Por qué un Pacto
fiscal de tres años?

Si hay algún tema que el año pasado generó inconformidad entre el sector privado fue el de los impuestos.

Pero, como dice el adagio: palo dado ni Dios lo quita.

Los ajustes fiscales ya son ley, gusten o no. Y, poco a poco, cada empresa irá ponderando lo que significan para ella en conjunto.
Pero, en el sector privado se preguntaron: ¿cómo hacemos para que el impacto duela menos?

Y una de las respuestas que surgió desde el año pasado fue: que no nos vayan a cambiar el esquema el próximo año, o el siguiente, o los que siguen.

Las empresas definen estrategias en función de un esquema fiscal. Sin embargo, si éste cambia una y otra vez, no hay orientación que aguante.

Va a funcionar un año y al siguiente no.

Y si esa va a ser la práctica, quienes toman decisiones de inversión las piensan dos o tres veces.

Al margen de cuáles sean las tasas de tributación, hay un menor costo cuando hay permanencia y durabilidad en el esquema.

Piense sólo en los sistemas informáticos que se requieren. Si las obligaciones se modifican con frecuencia, las empresas tienen que cambiar sus sistemas, con el costo que ello tiene.

Y, aunque los empresarios no lo van a reconocer, también van a modificarse las propias estrategias fiscales para tratar de pagar la menor cantidad posible, dentro de la ley.

Con reglas que cambian cada año, no habrá planeación fiscal que funcione.

Esto es lo que está detrás del Pacto de Estabilidad Fiscal que será suscrito por el gobierno, legisladores y representantes de la sociedad civil, en el mes de febrero.

Hasta aquí, todo bien.

Pero, viene la pregunta que está en el titular de este artículo: ¿por qué no hacer un Pacto fiscal por el resto del sexenio y plantear uno a tres años?

La respuesta que da la autoridad es que no es a tres años, sino “por lo menos” a tres años.

Me explico la respuesta, pero no me satisface.

Creo que la autoridad se guarda una carta. O más bien, varias. Y también el sector privado.

Estoy convencido que la actual reforma podría ser insuficiente para hacerle frente a las presiones fiscales que surgirán en los próximos años.

La mayor parte de ellas estarán relacionadas con los costos de los compromisos sociales adquiridos por este gobierno, pero también relacionadas con el siempre complejo tema de las pensiones.

Pudiera ser que los recursos generados por esta reforma resulten suficientes. No es descartable. Pero creo que hay una buena probabilidad de que no sea así.

En última cuenta, el sector privado, uno de los probables firmantes de este Pacto, también está a la expectativa de que en algún momento antes de que termine el sexenio, se homologue el IVA en alimentos y medicinas.

Nadie supone que sea antes de las elecciones del 2015, pero si el Pacto es por tres años, se abriría esta posibilidad para el ejercicio de 2017, es decir, habría que legislar en 2016.

Las grandes empresas no están preocupadas por el esquema fiscal que tendremos a partir de este año.

Más bien están contentos por el cambio constitucional en materia de energía, que suponen que va a generar crecimiento del país en el mediano plazo.

Sin embargo, ahora que muchas pequeñas empresas están haciendo sus cálculos correspondientes al primer pago provisional del ejercicio del
2014, quizás no estén precisamente felices, sobre todo aquellas que debieron abandonar su condición de Repecos y ahora están en su mayoría en el régimen de incorporación, pues a ellas la reforma energética les es irrelevante.

Con este grupo, no hay manera de congraciarse. La única forma de que queden razonablemente contentos a la vuelta del tiempo es que el país crezca. Con crecimiento, hay modo de generar riqueza que le toque a todos… hasta el gobierno.


Twitter: @E_Q_