Opinión

A paso de cangrejo

Gamés se apresura a recordar una anécdota del escritor Albert Camus. En Argelia la violencia había llegado a un punto inadmisible y sin embargo real. Un desastre de bombas y muertos inocentes. Un periodista le preguntó, no sin mala leche, qué es lo que había hecho ante la grave situación que atravesaba el mundo argelino, hundido en la violencia y el caos. Camus pensó unos segundos y respondió: para empezar, no empeorar la situación. Gilga considera que no es poca cosa esta respuesta y se pregunta quién en nuestro charco puede responder así a la grave pregunta con la que un reportero mal intencionado quiso incendiarle el temperamento a Camus.

Con los pelos de punta, Gil vio y escuchó la conferencia de prensa del procurador Jesús Murillo Karam sobre la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Patricio Reyes Landa, Jonhatan Osorio Gómez y Agustín García Reyes, integrantes de la organización criminal Guerreros Unidos, confesaron ante el Ministerio Público “haber recibido y ejecutado el grupo de personas –alumnos– que les fueron entregados por policías municipales de Iguala y Cocula”.

La lectora y el lector lo saben, el relato es sencillamente sobrecogedor: “dos de los detenidos declaran que algunas personas que trasladaron al basurero de Cocula llegaron o sin vida o inconscientes, y que los otros fueron interrogados por miembros del grupo criminal para determinar quiénes eran y las razones de su llegada a Iguala (…) Los alumnos, según una de las personas que participó en el homicidio, mencionaron una y otra vez: ‘Somos estudiantes’ y negaron pertenecer a grupo criminal alguno”.

El procurador informó que después de cometer el asesinato, los cuerpos fueron arrojados a la parte baja del basurero para ser quemados. “El fuego, según declaraciones, duró desde la medianoche hasta aproximadamente las dos de la tarde del día siguiente”.

Los diabólicos relatos de los asesinos detenidos y confesos crisparon los nervios nacionales. A la brevedad muchas personas afirmaron que el relato de la PGR consistía en un enorme montaje para eludir la verdad. Gil recordó: no siempre es la multitud la poseedora de la verdad; antes al contrario, la multitud oculta la verdad.

Tres estampas

Gil tomó de sus libreros un ejemplar cuya portada apareció en su mente durante las primeras reacciones públicas ante el relato informado de los hechos del basurero de Cocula y la pira humana que alimentaron con leña y plástico durante más de doce horas. Se trata del libro de artículos de Umberto Eco, A paso de cangrejo, y de una pieza periodística: “¿Estábamos mejor cuando estábamos peor?".

Gamés quiere compartir tres trozos y un final. Dice Eco: El señor Brambila le monta una escena con gran cólera a su hijo de doce años porque éste llegó sin avisar, y porque le dio la gana, después de las doce de la noche; el joven, muy disgustado, pierde los estribos y se cuelga. El padre es condenado por inducción al suicidio.

Trapazzoni, goleador impar de un gran equipo llega a la final del torneo; el empate en el cotejo los lleva la tanda de penales. Trapazzoni cobra el penalti como un maestro y deja tendido en el piso a Senectur, arquero con fama de imbatible. El portero muere de pena y la Federación de Futbol promulga una ley por la que de ahora en adelante el que tira a la portería debe hacerlo siempre con amabilidad, informando de antemano al portero sobre el ángulo del tiro que está pensando.

El doctor Ipocrati recibe al señor Dolenzi y le informa que tiene un cáncer de próstata. Dolenzi, enloquecido, se va a casa, mata a su mujer a sus siete hijos y luego se tira por la ventana. Una ley de Estado establece que a partir de ese momento los médicos tendrán que abstenerse de comunicar diagnósticos que ofendan los sentimientos de los pacientes. Y Gil añade: lo pacientes tienen desde entonces derechos plenos para acusar a sus médicos de engaño y falsedad aun cuando el enfermo orine sangre a borbotones.

Protestas

Siguiendo a Eco. En una tragedia nacional, en un crimen oprobioso, 43 jóvenes normalistas que salieron de su escuela a robar camiones y saquear gasolinerías son atacados a balazos por la Policía Municipal, que mata a seis personas durante el cobarde ataque.

A los estudiantes los secuestra la Policía y los entrega a un grupo criminal, que los tortura, los mata y los incinera. Todo esto ocurre por una primera orden del alcalde de Iguala, que llegó a ese cargo por una alianza entre el PRD, el PT y MC y en una elección de voto por voto. El desgobernador Aguirre, también del PRD, permite toda clase de miserias ante sus ojos. La dirigencia del PRD nada hace para denunciar crímenes que parecen hechos consumados.

En las indignadas y no poco interesadas protestas en la ciudad de México por los desaparecidos, los manifestantes, no los anarcos, los manifestantes gritan: gobierno fascista, Peña Nieto asesino. ¿Estamos locos? Sí. Gamés agrega, para que no quede duda: Peña Nieto no es el culpable de los desaparecidos de Ayotzinapa. Vengan los jitomatazos. En cambio, en las oficinas del PRD y de Liópez deberían hacer sus cuentas porque como escribió Auden: At last the secret is out.

Gil se salta la frase, no hay luz en el ático.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX