Opinión

A palabras necias (de Trump), oídos sordos

 
1
 

 

trump

Se negocia con un desquiciado. Lo aconsejable sería evitarlo, pero es el Presidente de Estados Unidos. Y ocurre que quiere negociar la columna vertebral del comercio exterior de América del Norte. Por ello no se debe esperar diplomacia, sino estupidez, no el uso de canales diplomáticos discretos, sino la estridencia del discurso demagógico y los tuits biliosos.

Es el negociador vulgar, rijoso, improvisado, siempre dispuesto a enseñar los puños antes que usar las neuronas, el que busca lucirse ante la galería, ansioso por reafirmar su ego. De esos hay muchos, pero este duerme en la Casa Blanca. Y el patán generalmente tiene a otro como subalterno, sobre todo cuando espera que éstos mimeticen su conducta. El negociador en jefe por parte del gobierno estadounidense, Robert Lighthizer, puede ser un abogado brillante. Pero lo importante es presentar, como su jefe, una conducta tipo perro de presa. Su patanería pública debe tener encantado al patrón.

Enrique Peña Nieto habría sido derrotado, y de forma humillante, si hubiera optado por descender a la cancha de lodo tan gustada por el cerdo (palabra descriptiva por su conducta personal, no adjetivo peyorativo) que ocupa el Despacho Oval. Así les fue a todos sus contrincantes que pelearon la nominación republicana. Por instinto, educación y personalidad, el Presidente mexicano está más cómodo en la conducta ortodoxa, siguiendo en forma disciplinada un guión.

Donald Trump se cree un gran negociador. Es, más bien, un heredero tramposo e intelectualmente limitado, profundamente inseguro de sí mismo y necesitado, como el niño malcriado que es, del aplauso y apapacho constante. Fue lo que buscó en su reciente discurso de Arizona. Nada como la amenaza para electrificar a sus simpatizantes. Y por ello habló de la posibilidad de abandonar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Obtuvo lo que deseaba: la ovación ruidosa; el ego reafirmado por unas horas a costa de ofrecer un desastre económico.

Por ello es improbable que Trump cumpla su amenaza: porque enfrentaría la oposición de gobernadores (muchos de su partido), legisladores (igual) y empresarios, desde los gigantes de la industria hasta el agricultor que exporta a México o Canadá. Porque ni siquiera es claro que tenga la potestad legal de hacerlo por Orden Ejecutiva. Porque arriesgaría más una popularidad ya hundida en el descrédito.

Por ello conviene negociar callados y despacio, buscando la alianza natural que hoy se perfila con Canadá. Ser discretos para al menos preservar en la mesa de negociaciones el libre comercio actual. Que la calle siga siendo para Trump y sus palabras necias, mientras que los negociadores mexicanos siguen el guión y se hacen los sordos.

Porque, finalmente, funciona: Trump ya dejó de insistir en la estupidez que México pagará por el Muro. La realidad se impone a los chillidos. Igual ocurrirá con la estupidez de cancelar el TLCAN.


Twitter: @econokafka

También te puede interesar:
'Pejeconomía necia'
México es pobre con gente pobre
Socavando a México