Opinión

A nueve años de la crisis económico-financiera global de 2008-2009

 
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Economía

El próximo 15 de septiembre no sólo nos encontraremos cerca de las celebraciones del Día de la Independencia en México, sino que también se cumplirá ya casi una década de que inició la crisis económico-financiera global de 2008-2009, con el anuncio de bancarrota de Lehman Brothers. Esta crisis que cambió tantos paradigmas como la utilización de política monetaria no convencional y un impulso regulatorio a las instituciones financieras sin precedentes. Una crisis en donde vimos un nivel de contagio financiero hasta en los lugares más insospechados, como en Islandia, por ejemplo.

Afortunadamente, la actividad económica de la mayoría de los países afectados se ha consolidado y de hecho existen varios detalles estadísticos que sitúan al mundo en su mejor momento económico desde dicha crisis. No obstante lo anterior, a casi una década de la crisis, los bancos centrales de las economías desarrolladas no han terminado de retirar sus estímulos monetarios. En este sentido, hay una discusión profunda entre economistas de diversas instituciones como bancos centrales, instituciones multilaterales y la academia sobre qué tan lejos está el nivel de actividad económica global de su potencial. Algunos piensan que el PIB potencial ya se alcanzó. Otros creen que todavía se está lejos de alcanzarlo.

La divergencia entre estas dos opiniones provoca dos dudas fundamentales: (1) Si ya se llegó al PIB potencial, por qué no se han observado presiones inflacionarias y qué tan cerca nos encontraremos de la siguiente fase del ciclo (i.e. recesión); y (2) si la ausencia de presiones inflacionarias relevantes se encuentra bien fundamentada
—porque no se ha alcanzado el PIB potencial—, entonces se cuestiona mucho si será prudente disminuir o retirar el estímulo monetario que se instrumentó desde la crisis económico-financiera global de 2008-2009.

Si bien el Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, se ha inclinado por apoyar la segunda explicación, un servidor considera que la teoría (1) se encuentra más cercana a la realidad y que es el choque tecnológico y sus presiones desinflacionarias embebidas que han provocado el extraño fenómeno de alto crecimiento, prácticamente sin inflación. No obstante lo anterior, ambas teorías llaman a la prudencia en términos de política económica, sobre todo en cuanto a política monetaria se refiere. Elevar las tasas de interés de manera indiscriminada para paliar inflación futura que tal vez sea inexistente, ya sea porque no se ha alcanzado del PIB potencial todavía o porque ya se alcanzó, pero el cambio tecnológico permite que no se observen presiones inflacionarias del lado de la demanda y el ciclo económico global pueda estar próximo a una recesión, se puede considerar como un grave error.

El problema adicional que esto plantea es que los países emergentes no han vivido las coordenadas económicas de alto crecimiento y baja inflación simultáneamente y han tenido que instrumentar políticas fiscales y monetarias restrictivas en algunos momentos de la postcrisis para paliar presiones inflacionarias o depreciación de sus monedas. Tal ha sido el caso de México en los últimos 18 meses, así como de varios países exportadores de commodities, que inclusive en algunos casos ya instrumentaron ciclos de política monetaria laxa recientemente, como es el caso de Brasil, por ejemplo. Hacia delante, va a ser clave tener una idea más clara sobre la cercanía que tienen los países desarrollados, así como los emergentes y la actividad económica a nivel global, para poder determinar cuál es el siguiente paso de política económica, particularmente monetaria y continuar siendo catalizador de una tendencia de crecimiento positiva con estabilidad. 

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