Opinión

A México no se lo debe acabar la corrupción

 
1
 

 

Normalistas. (Eladio Ortiz)

México es demasiado importante en la economía global (onceava por el valor de su producción) como para permitir que la corrupción y la impunidad afecten o pongan en riesgo negocios multinacionales aquí asentados. Fuera del país está creciendo la presión que podría llegar como un manotazo en la mesa para contener la voraz corrupción.

Si el remedio no llega de adentro, vendrá de afuera. La puerta más ancha a la intervención externa en el sistema judicial mexicano son los derechos humanos; por ella también se llega a formas sustantivas de corrupción e impunidad, que es lo que verdaderamente importa a otros gobiernos y a los organismos internacionales.

Entre muchos casos, el de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa en Iguala en septiembre de 2014 es uno de los que representan con crudeza la corrupción de nuestro Estado de derecho. Por eso es justo y necesario que la sociedad mexicana no lo abandone al olvido; por eso, también, es objeto privilegiado de la intervención de gobiernos y organismos extranjeros.

Con motivo de las tensiones en que se dio término al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para apoyar en la investigación del caso, el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, John Kirby, felicitó el lunes a la comisión cuyo informe, como dice el New York Times, “es imposible no interpretarlo como una acusación a un sistema de justicia notoriamente corrupto y brutal en México”. Kirby también se permitió recomendar a las autoridades mexicanas que “consideren cuidadosamente las recomendaciones del informe”.

Las presiones de Estados Unidos ya son públicas, quizás porque no le han funcionado los canales habituales –más discretos- por los que se ha hecho entender del gobierno mexicano en otros asuntos. El vicepresidente Joe Biden dijo durante su visita oficial en nuestro país, a fines de febrero pasado, que a su gobierno le preocupa la ineficacia jurídica de México por lo que, en franca intervención, “nos encontramos trabajando estrechamente con el gobierno mexicano y la sociedad civil mexicana para promover el Estado de derecho, la transparencia, la anticorrupción y la rendición de cuentas en cada nivel de la sociedad mexicana”.

También son abiertas las presiones de organismos internacionales, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos cuya directora de gabinete, Gabriela Ramos, dijo sin ambages que la corrupción es el cáncer de México.

Las presiones externas para cambiar al Estado de derecho mexicano siguen un paradigma no sólo de menor corrupción, sino de orientación distinta, en la que empresarios, profesionistas y los trabajadores tengan plena autonomía (respecto del gobierno), garantizada por organismos reguladores e instituciones judiciales que hagan cumplir el tipo de leyes que den lugar a una “genuina” economía de mercado. Que el Estado de derecho también garantice la seguridad y las libertades ciudadanas, acaso vendría por consecuencia.

El gobierno mexicano y sus partidos tendrán que idear mejores argumentos en su defensa que la de hacer aparecer la corrupción como un producto cultural, como algo “normal”.

http://estadoysociedad.com

También te puede interesar:

Trump forzaría a México a cambiar

Trabaja EU contra la corrupción en México

México viviría horas mejores