Opinión

A marchas forzadas, la reforma política


 
Por más que los senadores del PRI presionan para finalizar las negociaciones de la reforma política a fin de dictaminar las conclusiones, nomás el PAN no cede en su intención de crear el Instituto Nacional de Elecciones como medio de control del poder de los gobernadores.
 
El PRI tiene prisa por aprobar dicha reforma, que se negocia de manera paralela a la energética, por la razón de que al Ejecutivo le urge llegar al primer día de diciembre con un paquete de reformas que sumar a la lista de compromisos cumplidos.
 
 
Y es que si bien en materia de infraestructura el gobierno de Enrique Peña poco tiene que presumir, es en el tema de las reformas donde más resultados puede ofrecer.
 
 
Están la reforma educativa, la reforma en derechos humanos, la reforma al IFAI –que tiene que ser discutida y aprobada por la Cámara de Diputados-, la reforma hacendaria, probablemente la reforma política y sólo faltaría la reforma energética en el paquete de cambios legales que prometió para relanzar al país.
 
 
En materia de seguridad, pocos cambios se pueden publicitar.
 
 
Porque si bien es cierto que estadísticamente los homicidios ligados a la delincuencia organizada han registrado una disminución –el porcentaje da pie a un debate intenso-, los delitos como el secuestro y sobre todo la extorsión, el pago de piso, han ido en aumento.
 
 
Nomás dese una vuelta por el Estado de México para que lo compruebe y ni hablar de Michoacán, el modelo de estado fallido.
 
 
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Que no existe la famosa “lista alterna’’ de candidatos a consejeros electorales, que supuestamente se negociaba en el Pacto por México.
 
 
La Constitución es muy clara sobre el método de selección de los consejeros electorales que serán elegidos “a propuesta de la Cámara de Diputados’’, según el artículo 41 Constitucional.
 
 
Y como los diputados ya propusieron su lista de 67 candidatos, de los cuales habrá una primera depuración para dejarla en 28, no hay posibilidades de que se agreguen nuevos candidatos, por buenos que éstos sean o por muy recomendados que lleguen.
 
 
A menos, claro, que la reforma política y la creación del INE implicara también un cambio en las reglas de elección, pero ello supondría reformar la Constitución y ahorita el horno no está como echarse ese trompo a la uña.
 
 
¿O sí?
 
 
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Ahora resulta que Cuauhtémoc Cárdenas y sus simpatizantes impulsan la modificación de los estatutos del PRD para lograr que, primero, los ex presidentes puedan competir por la dirigencia nacional y que la elección pueda hacerse por unanimidad, es decir, que haya un famoso “candidato de unidad’’, muy al estilo priista.
 
 
Cárdenas ya dejó entrever que sí le interesa la dirigencia nacional del PRD, pero dijo que no competirá con nadie, es decir, que les haría el favor decontrolarlos si lo hacen presidente por aclamación.
 
 
Los “Chuchos’’, que tienen la presidencia del partido desde algunos años, no han querido cerrarle las puertas al ingeniero porque de alguna manera lo necesitan para fortalecer su imagen de cara al debate sobre la reforma energética.
 
 
Pero de eso a que le pongan al PRD en bandera de plata a Cárdenas, hay mucha diferencia.
 
 
El fin de semana el PRD celebrará su Congreso Nacional; los “chuchos’’ son mayoría y podrían oponerse a cualquier intento por modificar las reglas de elección, pero como en el sol azteca son como la “Chimoltrufia’’ –como dice una cosa dice otra-, nada está decidido.