Opinión

A los niños no los engorda la publicidad

Mmmmm… Me cuesta mucho trabajo quedar convencido de esta frase que leí ayer en el sitio de la Alianza por la Salud Alimentaria, que afirmaba: “En México, uno de cada tres niños tienen sobrepeso u obesidad, generada en gran medida por la publicidad indiscriminada de comida chatarra y bebidas azucaradas.”

Y me cuesta trabajo porque aunque respeto algunos de los postulados de esa Alianza, éste en particular me parece totalmente carente de causalidad en sus cualidades probatorias de esa epidemia en los niños. Es decir, no veo cómo la “publicidad indiscriminada” causa el sobrepeso y la obesidad.

Hoy que es Día del Niño deberíamos encontrar argumentos con mayor rigor metodológico para pedir que se retire toda la publicidad de la (supuesta) comida chatarra del alcance visual de nuestros niños. Yo no he visto que este tipo de organizaciones revele datos estadísticos que prueben que un anuncio espectacular en el Periférico, en una banqueta o en un parabús, efectivamente incida en los hábitos cotidianos de los niños (y sus padres) para consumir siempre productos de alto contenido calórico.

La Alianza por la Salud Alimentaria desea eliminar toda la publicidad de estos productos dirigida a los niños. Una prohibición absoluta. Señala que debemos eliminar “toda la publicidad de comida chatarra de su mundo”. No estoy de acuerdo. Este postulado es un límite gravísimo a las libertades creativa y de expresión que están garantizadas en nuestras leyes.

Los dulces, golosinas, panqués y refrescos no son malos per sé, y su consumo equilibrado en la población infantil depende de los hábitos con los que los padres eduquemos a nuestros hijos, así como de la orientación que les demos; mas no de la prohibición a su publicidad.

Toda compañía tiene derecho a ejercer una publicidad que despierte el interés de su público objetivo. No obstante, si seguimos justificando el origen causal de nuestros males con postulados patito y sin rigor, estaremos en camino de construir una especie de democracia ciudadana de estrellitas, en la que prevalezcan ideas que en la apariencia brillan, en lugar de argumentos rigurosamente sustentados.
Seamos serios.

A los niños no los engorda la publicidad. Insisto en que probar la causalidad parece más que imposible. Además, se ven un poco ridículos los personajes de la Alianza por la Salud Alimentaria poniéndose un jumper blanco y pegoteando calcomanías gigantes con el letrero de “Basta” en los autobuses y en los anuncios espectaculares.

Ojalá estos señores reflexionen un poco sobre las responsabilidades individuales (en este caso, de los padres de los menores) y dejen de lado sus prejuicios contra la industria, que tanto bien hace al país.

Twitter: @SOYCarlosMota