Opinión

A lo que apuesta el presidente Peña con Videgaray

 
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Luis Videgaray. (Cuartoscuro)

¡Ah, las paradojas! Hace poco más de dos años el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, propuso la liberación del precio de la gasolina. Argumentaba que era imposible continuar con el enorme subsidio y para ello era necesario incluir la entrada de competidores al mercado de combustibles. Así se terminaría con el costoso monopolio de Pemex. Nunca dijo que era conveniente invertir en las seis refinerías para no continuar importando la gasolina que, cada vez más, devoran nuestros autos. Hoy el escenario que irrita a la población con el desmesurado aumento a los combustibles es, en buena medida, producto de esas decisiones.

¡Ah, las paradojas! Cuando Luis Videgaray tuvo que renunciar al gabinete, se debió al hecho de organizar la visita de Trump al país. La idea se basaba en reconocer nuestra vulnerabilidad ante el inusitado acoso del empresario y hacerle ver otras realidades. Ahora esa factura que tuvo que pagar se convierte en premio para, esencialmente, coordinar la política bilateral con Estados Unidos. Se dice que el equipo del presidente electo lo respeta. Pero eso solo no es suficiente para que hoy sea canciller. Lo verdaderamente relevante con el nombramiento presidencial es que, con la parálisis de las inversiones, la constante alza del dólar y del precio internacional del petróleo, el desasosiego social que amenaza en convertirse en una verdadera insurrección y la bajísima popularidad del presidente y su gobierno, de la relación con el mandatario yanqui y los resultados que de ello se deriven se definirá el escenario definitivo de todo el sexenio.

De aquí que la apuesta tenga una dimensión inusitadamente importante. Nadie ignora la relevancia que en la sucesión presidencial de 2018 tiene la inminente elección en el Estado de México. Las derivaciones son múltiples y atraviesan vertientes económicas, sociales y sustancialmente políticas. Las expectativas para el PRI de retener la gubernatura cada día son más débiles, aunque también es claro que las fuerzas opositoras navegan sin brújula. Retomemos el papel del nuevo canciller. ¿Quién pudiera tener una cercanía mayor con los Trump; quién podría renegociar satisfactoriamente una revisión al Tratado de Libre Comercio; quién tiene el respaldo absoluto para jalar tramos de responsabilidad de las secretarías de Hacienda y Economía en lo financiero y de seguridad internacional de Gobernación? Sólo Luis Videgaray quien, además, le dará equilibrio de fuerzas a un gabinete presidencial en el que predomina, hasta ahora, la figura de Miguel Ángel Osorio Chong.

De facto, estamos ante un poder inusitado que, bien mirado, rivaliza con el poder presidencial ya que, en lo toral, lo decisivo está en juego.

Los obstáculos para darle una vuelta de 180 grados al deterioro que hoy tiene la tarea gubernamental son poderosos y variados. Quizás el primero sea la violencia y la inseguridad que se han incrementado considerablemente en los últimos 24 meses (robo con violencia, secuestros, extorsiones, asesinatos). Seguido muy de cerca está el fenómeno de la corrupción impune. Aquí y allá, en todos los niveles y en todo el territorio, la población soporta esa peste que no la detiene ningún tipo de policía, ningún juez, y el único atenuante, que son las Fuerzas Armadas, ya ha dado muestras de fatiga en las tareas policiacas.

La carestía no es menos trascendente, el monto de la canasta básica comparado con los ingresos presenta una desigualdad abismal que motiva una creciente irritación que toma al gobierno, sea municipal, estatal o federal, como el causante directo de su falta de bienestar. ¿Sirve de algo compararnos con Haití, Mauritania o Bolivia? Por ello el número de connacionales que emigran van con el aliento de superar sus condiciones y, lo imperdonable es que, ¡ah paradojas!, esa gente como puede envía dinero a sus familiares que más tarde es oficialmente contabilizado en el presupuesto federal como remesas que ya superan los ingresos petroleros y turísticos.

La apuesta ya ha sido girada. Se trata de algo muy semejante a una misión imposible en donde siempre predomina la ficción. Mucho me temo que debemos pensar en las frías palabras del emperador Julio César: La suerte está echada.

Twitter: @RaulCremoux

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