Opinión

A lo nuestro

    
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trump

La presidencia de Donald Trump ha desequilibrado a todo el mundo, empezando por Estados Unidos y por nosotros, y siguiendo por el resto del planeta. Sin embargo, además de construir una estrategia para minimizar los daños que nos pudiera infligir (o incluso aprovechar para ganar en algunos temas), nosotros tenemos asuntos propios que resolver. Aunque ya avanzamos mucho en liberar la economía de las trabas construidas durante el siglo XX, tenemos dos rezagos de la mayor importancia. Uno es el imperio de la ley y el otro es el financiamiento del Estado. En estos dos temas la verdad es que no avanzamos al ritmo necesario. Seguimos diciendo que no hay que pagar más impuestos porque se los roban, pero no mejoramos en la lucha contra la corrupción y seguimos diciendo que las leyes no se cumplen en México, pero no dotamos al Estado de los recursos indispensables para ello. No sé si se ha dado cuenta, pero es un círculo vicioso. Mientras gastemos 1.3 por ciento del PIB en seguridad, justicia y defensa, no vamos a resolver ni la inseguridad ni la aplicación general de la ley. Mientras no enfrentemos la corrupción, no habrá más dinero disponible.

Creo que el financiamiento del Estado tendrá que esperar a la nueva administración, allá en 2018, porque ahora nadie querrá discutir alzas de impuestos (hasta con la gasolina se atoran). Hay que concentrarse en la corrupción. Hemos logrado algo fundamental: una reforma constitucional, y luego leyes secundarias, en un tema que los políticos mexicanos no querían tocar. Porque era el basamento del régimen de la Revolución, y porque es la forma de vida de los políticos. Sin corrupción, no tendríamos la conexión entre gobierno y votantes que utilizamos en el siglo pasado y todavía hoy. El régimen compró el apoyo político de sindicatos, centrales campesinas, universidades y empresarios, repartiendo recursos que provenían del agotamiento: nos acabamos el ambiente, el petróleo, el crédito, hasta que llegamos literalmente a los huesos.

Se han nombrado ya las cinco personas que integran el Comité de Participación Ciudadana, que servirá como guía del Sistema Nacional Anticorrupción. Aunque no tendrá autoridad directa (y creo que así debe ser), su peso moral será determinante. Lo preside Jacqueline Peschard y la acompañan Mariclaire Acosta, Alfonso Hernández Valdez, José Octavio López Presa y Luis Manuel Pérez de Acha. Ahora debe nombrarse al fiscal anticorrupción, y se debe echar a andar de un mecanismo de control, que no será sencillo, y que exige de la presión constante de todos nosotros. Recuerde usted que sin esa presión nunca hubiéramos tenido ni reforma constitucional ni leyes secundarias. Pase lo que pase con Trump, acá vamos a seguir los dos países, y nosotros somos responsables del nuestro, que ha mejorado mucho en 25 años, pero que aún requiere un último esfuerzo, en lo que será lo más difícil de lograr. Está bien preocuparse de Trump, y promover los temas que nos interesan de forma individual o grupal. Pero el tema determinante del país entero, hoy, es la corrupción. No nos olvidemos de ello.


DE LA CAJA: Entiendo que Oxfam envió un boletín de prensa para responder la colaboración de esta columna del 19 de enero, en el que rechazan haber construido una frase con el ánimo de confundir, exagerando una realidad que, insisto, no lo requiere. Quien guste otra opinión puede leer a Xavier Sala-i-Martin, quien hace una crítica más amplia, añadiendo al asunto de la definición, que yo mencioné, el del tipo de cambio y el cálculo de riqueza financiera neta (www.salaimartin.com/randomthoughts/item/769). Cierra Oxfam su boletín diciendo: “Es por ello fundamental no hacer del tema una caricatura”. Pues eso.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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