Opinión

A la FBI, abogado que frenó espionaje telefónico de Bush


 
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se prepara a nominar a James Comey, exviceprocurador general y héroe de los demócratas por oponerse al programa de escuchas clandestinas del régimen Bush, como nuevo director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), adelantó ayer la prensa norteamericana.
 
Abogado de Yonkers, Nueva York, de 52 años y con reputación de entrega al trabajo, hasta el grado en que Comey y un colega tuvieron en sus tiempos de litigantes el lema 'tomaremos cualquier perro', según The New York Times, el candidato de la Casa Blanca a la emblemática agencia policiaca, que deberá ser aprobado por el Senado, trabajó como procurador federal asistente en Manhattan en las décadas de 1980-1990; más tarde se desempeñó en el sector privado y encabezó la representación del Departamento de Justicia en Richmond, Virginia.
 
Fue en la entidad de la costa oriental donde desarrolló el Proyecto Exile, iniciativa que empezó en 1997 y logró disminuir significativamente la violencia con armas de fuego, al endurecer las sentencias y difundir en los medios su alcance. Comey llamó la atención del Ejecutivo en 2001, al procesar con éxito a 14 acusados por un atentado en Arabia Saudita en 1996 que mató a 19 soldados del Pentágono. Fue así designado para uno de los cargos más notorios del Departamento de Justicia, la fiscalía para el distrito sur neoyorquino (Manhattan), donde supervisó casos contra sospechosos de terrorismo, directivos de WorldCom y Martha Stewart.
 
En su siguiente puesto (2003-05), Comey resultó designado viceprocurador general, quizá sin imaginar que en marzo de 2004 protagonizaría el episodio que le dio fama al ser convocado al Hospital de la Universidad George Washington por el asesor jurídico del presidente George W. Bush, Alberto Gonzales y su jefe de Gabinete, Andrew Card, quienes visitarían a un convaleciente John Ashcroft, secretario de Justicia.
 
Reconstrucción
 
Según su reconstrucción de los hechos ante un Congreso estupefacto en 2007, Comey temía que Card y Gonzales -el consejero y futuro procurador general que instó a Bush a pisotear la Convención de Ginebra para el trato a los prisioneros de guerra, al tacharla de 'obsoleta' en la 'guerra antiterrorista'- presionarían a Ashcroft para que aprobara continuar el programa secreto de escuchas telefónicas sin orden judicial.
 
Sin embargo, indica NBC News, el ultraconservador Ashcroft se opuso y explicó que firmar la autorización correspondería a Comey, por ser el secretario en funciones, a lo que éste se negó. Gonzales y Card abandonaron el cuarto del hospital y poco después Bush aceptó cambios en el programa, que, no obstante, continuó y garantizó impunidad a las firmas que participaron, como AT&T y Verizon.
 
"Yo estaba molesto. Acababa de ser testigo del esfuerzo para sacar ventaja de un hombre muy enfermo, que no tenía las facultades del procurador general porque las habían transferido a mi persona", expuso Comey.
 
Luego de abandonar el gobierno de Bush, Comey, quien también se opuso a la tortura de prisioneros 'sospechosos de terrorismo', fue consejero general de la multinacional armamentista Lockheed Martin y de la firma de inversiones Bridgewater Associates. Este año se incorporó a la facultad de leyes de la Universidad de Columbia y al consejo del banco HSBC.
 
Con esos antecedentes, la confirmación del aspirante no parece clara en el Senado, apuntó AP al señalar que el republicano Chuck Grassley, el opositor de mayor rango en el Comité Judicial, advirtió que Comey tendrá que explicar su papel en la industria de los fondos de cobertura de riesgo (hedge funds) en Bridgewater, ya que "los esfuerzos del gobierno para procesar a Wall Street por su culpa en la caída económica han sido abismales, mientras que la FBI tendría que ayudar a preparar los casos contra algunos de sus colegas".
 
De llegar a la FBI, Comey reemplazará a Robert Mueller, en el cargo desde 2001 y que tras el 11-S asumió el reto de fortalecer a la corporación en el plano internacional y el combate al extremismo. Mueller ha sido uno de los artífices de la guerra contra El Kaida y sus grupos aliados, pero el atentado de este año en Boston y el reciente asesinato en un interrogatorio de un sospechoso en Florida han empañado su gestión.