Opinión

A la Ecobici, en su quinto aniversario

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Ecobici. (Cuartoscuro)

Tengo más de tres años como usuario de Ecobici. Me he caído dos veces. Una por mi entera tontería, la otra porque un auto se atravesó sin más en la ciclovía de Paseo de la Reforma. Salvo que en uno de los percances me cargué un traje, han sido incidentes –afortunadamente– menores. Sin embargo, el recurrir a la Ecobici para transportarte en el Distrito Federal está lejos de ser un asunto divertido o trivial. Nada tiene que ver con un paseo en el parque. Es una cosa que hay que tomarse muy en serio, sobre todo porque el gobierno ha descuidado las bicicletas.

La otra noche, un amigo contaba que había abandonado Ecobici. “Era fan -explicó- hasta que un día descubrí, ya encima y en marcha, que la bici que me había tocado no tenía frenos. No fue divertido. Desde entonces sólo uso la mía, de cuyo mantenimiento estoy al tanto”.

Usar con frecuencia una Ecobici equivale a comprobar cómo en unos pocos años –el programa celebró esta semana su quinto aniversario– podemos llevar a mínimos una buena política.

Las fallas más comunes de esas bicicletas públicas, desde el punto de vista de un usuario regular como yo, se presentan en el siguiente orden, de menos a más: falta de luces, asientos que no es posible ajustar, ausencia de campanita y, muy latoso, cambios que no sirven por lo que uno debe pedalear al ritmo que decida el aparato, no uno.

A lo anterior agréguese que hay que lidiar con unas calles en estado lamentable. Si los peatones se quejan de las banquetas, el ciclista sabe que las llantitas del modelo de bicicleta elegida por el gobierno capitalino –en otras latitudes las ruedas son más grandes– hace los trayectos no sólo pesadísimos sino verdaderas rutas tipo montañismo, dados los cráteres que hay que sortear en el pavimento.

Como contraargumento, el gobierno presumirá los más de 21 millones de viajes y el creciente número de usuarios, que rebasan los 150 mil. Dado que los funcionarios no se suben a las bicicletas, como sólo se arriman a Ecobici para sacarse la foto, no saben que a pesar de sus bondades, y a pesar del éxito que ha tenido, la calidad de la experiencia de ese servicio está en caída libre.

Ecobici funciona por su condición de medio de transporte complementario a otras formas de movilidad urbana como lo son en el Distrito Federal el Metro, el Metrobús, los taxis, Uber y, por supuesto, micros, autobuses y vehículos particulares. Para mí en ello radica su éxito: en que subsana las carencias de una red de transporte con enormes vacíos y grandes embotellamientos.

El gobierno capitalino acaba de anunciar que Ecobici llegó por fin a la delegación Benito Juárez. Vaya. Tomó “sólo” cinco años incluir a una demarcación gobernada por otro partido distinto al PRD en este programa. A este ritmo conectar Coyoacán tomará otro sexenio.

Carece de toda lógica el no acelerar este programa que llena huecos. Ni tampoco debería permitirse mayor deterioro de las bicicletas.

Pero lo que de verdad no debería ocurrir es la muerte de un ciclista más, como la que ocurrió en Polanco hace un mes. Y menos que a esa muerte no le siga una movilización de autoridades y ciudadanos para revisar qué falló y cómo se puede prevenir al máximo un percance como esos, sea de Ecobici o no.

Es lo mínimo que podemos hacer al cumplir este programa cinco años, plantearnos una campaña para que no ocurra una muerte más, en Ecobici o en cualquier bici.

Twitter: @SalCamarena

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