Opinión

A la búsqueda del ídolo mexicano

   
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Emmanuel Macron. (Reuters)

Una de nuestras manías es traer los escenarios y sucesos de otros países al nuestro para pensar que las cosas pueden ser como en otros lados o que de contar con fulano o con sutana todo sería diferente. En particular a ciertos comentaristas políticos es algo que les apasiona, y hacen de sus análisis conjeturas que cuadran perfecto con sus deseos, frustraciones o simplemente les gusta jugar a que están en otro país.

Es muy probable, por ejemplo, que en nuestro país exista una mujer similar en más de un par de cosas a Ángela Merkel; más allá de eso: supongamos que hay una mujer idéntica a la destacada política alemana. Bajo las hipótesis de la comentocracia mexicana, si esa persona nos gobernara con ese talento y la disciplina de la Merkel, seríamos Alemania. Estaría padre, quizá padrísimo, pero ese tipo de sugerencias olvidan muchas cosas que impiden que eso suceda, una de ellas: que no somos alemanes. Entonces el conjunto de cosas y actitudes, partidos, promesas, exigencias, historia y visión del mundo es completamente distinta. Para bien y para mal.

No dejó de sorprenderme por eso de que gran parte de nuestra comentocracia se lanzara en busca del 'Macron mexicano' una vez concluidas las elecciones en Francia. Claro que es interesante analizar la evolución de la vida pública en otros países; sin lugar a dudas no podemos avanzar si no entendemos el mundo en que vivimos, pero lo que no podemos es creer que la realidad nacional se puede ajustar tal cual a cualquier otro escenario. Hay a quienes les da por hacer cuentas alegres trasladando particularidades de un lado para otro. Hace algunos años eran los mismos que decían que deberíamos ser como Brasil y que nos hacía falta un Lula mexicano. La crisis y la corrupción consumieron a Brasil y ya nadie habló de eso.

Imagino que los que tienen estas ilusiones se sientan a ver el futbol nacional a la espera de ver al 'Messi mexicano', al 'Ronaldo mexicano'. Malas noticias: eso no sucederá. No habrá Messi mexicano ni Cristiano mexicano. Tenemos lo que hay: son buenos, nos animan en la Selección, la pasamos bien y luego nos entristecemos porque pierden, pero es lo que tenemos.

Pero bueno, no deja de ser divertido. Por ejemplo, muchos dirán que desde el año pasado José Narro es el Bernie Sanders mexicano y Margarita es la Hillary mexicana; Videgaray el Kissinger mexicano; Ricardo Anaya, que hace yoga, será el Trudeau mexicano; Andrés Manuel es el Hugo Chávez mexicano; Delfina ha de ser la Evita mexicana; John Ackerman es la versión gringo-mexicana de Ramón Mercader (el espía ruso que asesinó a Trotsky en México); Javier Duarte es el Idi Amin mexicano; nadie es el Obama mexicano; El Chapo es el Al Capone mexicano, y quizá Luis Miguel es el Frank Sinatra mexicano. Por supuesto, por ejemplo, nadie imagina que en Francia alguien dijera de Macron que es el Ríos Piter francés.

Por lo pronto no nos queda más que voltear a ver nuestro panorama y admitir que aquí el asunto es responsabilidad, simple y sencillamente, de los mexicanos.

Twitter: @JuanIZavala

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