Opinión

¿A dónde va Cataluña?

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Carlas Albert, de 45 años, tiene su identificación mientras espera para emitir su voto. (AP)

Este domingo 27 de septiembre se celebrarán elecciones al Parlamento de Cataluña, que tienen la peculiaridad de tener carácter plebiscitario sobre el futuro de esta comunidad autónoma dentro del reino de España. El tema de la independencia de Cataluña ha sido recurrente y ha sido motivo, como ahora, de fuertes enfrentamientos entre los españoles, independientemente de su orientación política. El año pasado, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, organizó un referéndum orientado en el “derecho a decidir” sobre el futuro catalán en el que la mayoría de los electores optó por el “sí”. El Tribunal Constitucional lo declaró anticonstitucional y sin ningún efecto vinculante, pero sirvió para avivar el ánimo independentista catalán.

La Constitución de 1978 asienta que el Estado español, sin ser federal, tiene “nacionalidades” con derecho a gozar de autonomía y contar con competencias compartidas con el gobierno central y otras exclusivas. El estatuto catalán le otorga más competencias –por ejemplo, en materia de sanidad pública–, comparadas con las de otras comunidades. Sin embargo, han sido insuficientes para atemperar las exigencias catalanas de lograr un nuevo pacto fiscal.

Las fuerzas políticas que apoyan la independencia son dos: las coaliciones Junts pel Sí –la que sustenta la presidencia de Mas– y la CUP. Los partidos nacionales que se oponen son: el Partido Popular (PP), el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y Ciudadanos. Según los sondeos electorales más recientes, los independentistas obtendrán mayoría absoluta en el Parlamento por el número de escaños (68). Sin embargo, está por verse si tendrán la mayoría absoluta de los votos emitidos, paso necesario para legitimar el camino hacia la independencia, y si Mas, quien ha sido criticado por su desempeño deficiente y extremadamente confrontacional, continuará al frente de la Generalidad. Ciudadanos será posiblemente la opción más competitiva para defender la permanencia de Cataluña en España, a expensas del PP, que ha enfrentado con extrema torpeza este reto independentista.

Aun cuando las fuerzas soberanistas triunfaran en las elecciones de este domingo, el camino tendrá varios obstáculos. Cataluña es la primera economía de España por el tamaño de su PIB: casi 200 mil millones de euros en 2014. Las organizaciones españolas de bancos y cajas de ahorro han advertido “sobre los riesgos que para la estabilidad financiera comportaría cualquier decisión política que quebrantara la legalidad vigente y conllevara la exclusión de la Unión Europea y del euro de una parte de España”. El gobernador del Banco Central de España ha señalado el peligro del “corralito”, el control de capitales que impide a los ahorradores disponer de los fondos que tienen en sus cuentas bancarias, como ocurrió en Grecia. Incluso la secesión tendría otras consecuencias, que para algunos fans del fútbol serían más graves: según la ley del deporte vigente, el club Barcelona tendría que salir de la liga española.

Madrid confía en que no hay voluntad en el entorno internacional de reconocer a Cataluña como Estado de pleno derecho. Barack Obama expresó recientemente su apoyo a una España “fuerte y unificada”. El respaldo de la Unión Europea ha sido fundamental. Sin un precedente a la mano –Escocia decidió permanecer en el Reino Unido–, la posición jurídica que prevalece en la Comisión Europea es que, de independizarse, el nuevo Estado catalán debería presentar una solicitud de adhesión, sujeta al reconocimiento de los Estados miembros, entre ellos España.

Entre quienes defienden la independencia prevalece el optimismo de que es viable un Estado aparte por su población, su economía y su cultura. Entre quienes se oponen, está presente un trauma: la separación de un territorio al que consideran parte integral de su nación. La mayoría de los catalanes rechazarían una declaración unilateral y preferirían negociar los términos de la separación. Según una encuesta publicada en El País la semana pasada, 60 por ciento de los electores catalanes quieren permanecer en España, siempre y cuando haya una “tercera vía” entre la independencia y aumentar las competencias actuales del gobierno de la comunidad autónoma. Es necesario entonces encontrar un equilibrio menos fugaz entre las competencias nacionales y regionales. Están en juego el futuro de Cataluña y de España. Pero también el de Europa.

Twitter: @lourdesarandab

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