Opinión

A cada quien lo que merezca ¿en la desigualdad?


 
Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación serán un hueso duro de roer para el gobierno, al menos por tres motivos: su movilización en contra de la “reforma educativa” les hizo ganar fuerza a costa del SNTE; su prioridad es convertirse en una oposición radical al Estado “burgués” y su intransigencia en las negociaciones es infranqueable.
 
 
La CNTE no ganó en su exigencia de que el gobierno abrogara la reforma a los artículos 3° y 73 de la Constitución, ni pudo impedir que el Congreso aprobara las leyes reglamentarias para evaluar méritos de los maestros.
 
 
Lo que ganó, sin embargo, es muy importante para sus fines: sumó seguidores en estados donde el SNTE, entregado incondicionalmente a favor de la reforma “educativa”, ha dominado.
 
 
Fortalecida en su capacidad de arrastre, la CNTE tratará de avanzar en la construcción de un frente nacional como fuerza política contraria al Estado, en el que ven el origen de desigualdades e injusticias.
 
 
En el manifiesto de su V Congreso Nacional de Educación Alternativa, del pasado mes de abril, la CNTE dejó en claro que se propone construir un frente único nacional contra el “Estado burgués-terrateniente”.
 
 
Los maestros están convencidos –y las desigualdades en el país dan sustento a sus argumentos- de la injusticia intrínseca de la evaluación conforme al criterio que justifica que los que logran más se lo merecen porque se han esforzado y son más capaces.
 
 
La injusticia de ese criterio meritorio radica en que las oportunidades de igualar capacidades son tremendamente desiguales. Además, y no menos importante, es que las regiones y culturas del país tampoco permiten evaluaciones siquiera semejantes.
 
 
De ese punto proviene la exigencia que sostuvo la CNTE de que se abrogaran las reformas del artículo 3º y del 73 Constitucionales. Expertos y observadores fuera de la CNTE coinciden en el meollo de sus argumentos, expuestos en un documento entregado a la secretaría de Gobernación el 3 de mayo pasado.
 
 
Dice el documento en su parte medular que: “Esta reforma no habla de rutas y propósitos capaces de convocar a familias, maestros y estudiantes a modificar el deplorable estado en que se encuentra desde hace décadas la educación nacional”.
 
 
La mayor deficiencia educativa del país es la muy desigual calidad del sistema escolar, que en el fondo es otra expresión de injusticia porque  las diferencias están claramente asociadas a clases sociales, grupos indígenas, etnias, zonas urbanas marginadas y áreas rurales.
 
 
Esas diferencias en la escolaridad son el factor que por sí solo, tiene mayor fuerza en la reproducción de otras desigualdades en la vida de las personas, empezando por las oportunidades de empleo e ingreso. Las capacidades, actitudes y disposición individuales no pueden con el peso de tan brutales diferencias.
 
 
Manuel Gil Antón, investigador de El Colegio de México, lo explica con una metáfora: un camión desvencijado (sistema educativo) va por un camino cuesta arriba lleno de baches (condiciones desiguales del país). La reforma pretendería elevar la calidad de la educación, capacitando y poniéndole corbata al chofer, sin arreglar el autobús ni el camino.
 
 
“Lo único que ofrece la reforma, dice la CNTE, es que habrá más exámenes estandarizados y todo un aparato de supervisión y vigilancia sobre las niñas y niños, los maestros y las escuelas”.
 
 
El problema con los argumentos atendibles de la CNTE, es que se entrelazan con su lucha política y otros intereses no plausibles, como la defensa del escalafón que les permite ascensos en automático, heredar o vender plazas y un control absoluto de los líderes sobre sus seguidores.
 
 
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