Opinión

911

 
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Confieso que levanté la mano el martes pasado durante la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, consciente de que nos urge un número único de emergencias, pero con la duda plena de si éste debe ser operado por el gobierno federal.

La brecha de desconfianza es tal entre ciudadanos y autoridades que, en promedio, el 90% de las llamadas a números de emergencia oficiales son falsas o de broma. Lo anterior ha provocado problemas de diversa magnitud a la hora de atender una emergencia real e incluso ha ocasionado tragedias para quienes, en espera de contar con una respuesta inmediata, lo único que reciben es tono de línea ocupada.

Ojalá me puedan desmentir de manera fulminante cuando afirmo que no hay una sola línea telefónica gubernamental que opere con el respaldo de los ciudadanos, y de ahí, con eficiencia. Bueno, no le ocurre ni al 911 de EU.

En un extremo, la propuesta de cancelar el servicio para quienes llamen a propósito a líneas de emergencia con el simple objetivo de jugar cobra fuerza. No coincido. Creo que somos una mejor sociedad y que sabemos actuar con madurez; a lo mejor me equivoco pero tengo un botón de muestra: la Línea Ciudadana que opera a nivel nacional (*5533) y a nivel local (5533-5533) del Consejo Ciudadano, las 24 horas todos los días de la semana, no tiene ni un 1% de llamadas de este tipo.

Nuestra valoración es que cuando el ciudadano sabe que habla con otro ciudadano y no con un servidor público (no porque serlo sea malo de facto) su confianza es mayor y la idea de hacer un mal uso se disipa.

El modelo de un número único no sólo es correcto para México, sino indispensable en estos momentos. Sin embargo, tampoco hay evidencia de que en este tipo de esquemas la operación oficial actual sea la más eficaz o la que inspira esa confianza tan necesaria.

Como parte de la sociedad civil hemos insistido en que recobrar la credibilidad en las instituciones es vital para construir un México distinto.

No quiero ser ave de mal agüero y menos en los tiempos que corren, pero si no se permite la participación civil en este proceso y la puesta en marcha no queda documentada de manera transparente, el 911 mexicano puede sufrir la misma suerte que todas las líneas de emergencia que lo preceden.

Twitter:@LuisWertman

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