Opinión

73 migrantes 73…


 
 
El pasado 30 de septiembre, la Policía Federal rescató a 73 migrantes que permanecían secuestrados en una casa de la colonia Las Fuentes del municipio de Reynosa, Tamaulipas. Algunos llevaban allí cuatro días; otros, cuatro meses. Quizá el secreto esté en los verbos.
 
 
Estos hechos se dan tres años después de la tragedia de San Fernando, cuando sicarios dispararon sobre 73 migrantes, uno de los cuales logró escapar, herido, y denunció la masacre en un retén de la Marina.
 
 
La coincidencia en el número de secuestrados representa un símbolo de la tragedia: los migrantes siguen siendo plagiados, a pesar del grito de asombro mundial ante la matanza en San Fernando, y a pesar de que los primeros secuestros de migrantes se dieron en 2007. Luego de siete años, las autoridades siguen sin saber cómo impedir el secuestro de migrantes, si bien, esporádicamente, rescatan a algunos de ellos, lo que confirma que el secuestro sigue flagelando a quienes se dirigen sin documentos a Estados Unidos.
 
 
Bastan dos ejemplos adicionales: el 25 de junio y el 17 de julio de este año, en la misma ciudad de Reynosa, las autoridades rescataron a 52 y 80 migrantes, la inmensa mayoría centroamericanos.
 
 
Hace unos días, invitado por el Parlamento Latinoamericano, expuse ante medio centenar de legisladores de diversos países el drama de los migrantes en México. Uno de los participantes preguntó, incrédulo, si seguía habiendo secuestros luego de los acontecimientos de San Fernando. Respondí que sí, que mientras nosotros conversábamos en un cómodo salón de la Cámara de Senadores, había migrantes plagiados, mal alimentados, durmiendo en el piso, siempre al borde de la humillación y la tortura.
 
 
No sabía que muy pronto esta aseveración sería confirmada por el rescate de 73 migrantes. Enhorabuena por esta liberación. Queda la certeza, sin embargo, de que hoy mismo hay muchos migrantes más secuestrados en México.
 
 
Queda, también, la esperanza de que el gobierno federal actual haga algo más que lamentarlo. Se requieren trabajos de inteligencia y acciones concretas para acabar con el flagelo del secuestro de migrantes.
 
 
Hay muchas pistas que pueden seguirse: los pobladores de las comunidades donde se retiene a las víctimas saben dónde están las casas de seguridad; a veces los migrantes son trasladados largas distancias; pueden indagarse los reiterados envíos de dinero con destino a la misma persona…
 
 
Si hay voluntad, es posible desentrañar los hilos conductores y dar con las bandas de plagiarios.
 
 
Pero el desafío para las autoridades va mucho más allá: la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública, del INEGI, estima que en 2012 hubo 105 mil secuestros, esto es, un promedio de 287 por día.
 
 
Ante un flagelo de esta magnitud, que ahora lastima a tantos mexicanos y migrantes extranjeros y que se expande a fuerza de violencia e impunidad, cabe demandar del Estado una estrategia, una acción concertada, un despliegue de inteligencia y eficacia. Vendría bien un compromiso moral y humano, que lleve a la empatía, para luchar denodadamente en contra de uno de los delitos más crueles y de mayores secuelas en las vida de las víctimas, delito que hoy parece multiplicarse hasta la desmesura.