Opinión

70 años no son nada


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Plaza de Toros

El viernes 5 de febrero se cumplieron 70 años de que la Monumental Plaza de Toros México fue inaugurada, un martes de 1946. Aquello fue todo un acontecimiento social, político y taurino. Los ojos del mundo entero estaban puestos en el magno escenario que a la fecha sigue siendo el más grande del planeta taurino.

Imposible recapitular en esta columna tanta historia, tanta emoción y tanta cultura a lo largo de estas siete décadas de toros en la capital. Lo que vale la pena reflexionar es lo que ha significado este recinto para los que somos aficionados; en mi caso particular, más de 40 años asistiendo a la plaza, cuando niño, de la mano de mi padre, y hoy, de la mano de mis hijos con su abuelo. Este es uno de los grandes significados de esta plaza para los que somos aficionados, es un sitio de reunión y convivencia familiar sana, sin violencia ni agresión; podemos convivir miles y miles de aficionados sin sentir la amenaza que se vive en algunos estadios de futbol, nos emocionamos con el arte generado en el ruedo, departimos la cultura y sentimos una de las tradiciones más arraigadas en este país: la tauromaquia, que además nos otorga identidad ante el mundo.

Hoy existe un triste discurso animalista antes que humanista; hombres y mujeres han perdido la capacidad de socializar con sus semejantes, les es más fácil humanizar un perro, vestirle de bebé y pasearlo en una carriola por un parque, lo he visto, es lamentable. Además, la gente hoy socializa en redes sociales, sin contacto, sin verse a los ojos. Asistir a una plaza de toros es una experiencia que estimula todos los sentidos, ir con la familia es enriquecedor, los niños descubren emociones que ningún otro espectáculo les ofrece. Aceptar la muerte como parte de la vida es fundamental para entender quiénes somos y hacia dónde vamos.

La Plaza México es para mí un lugar de convivencia familiar y social. Amistades se fraguan en los tendidos. El intercambio de ideas y conceptos fortalece la tolerancia y el respeto entre los semejantes; dos taurinos pueden discutir y no estar de acuerdo en nada de lo que sucede en el ruedo, pero nunca llegarán a las manos ni se faltarán al respeto. La tolerancia es uno de los grandes valores que promueve la tauromaquia y que hoy en día nuestra sociedad prácticamente desconoce. Andamos solos por el mundo, las calles son hostiles, conducir es un acto de paciencia por las calles de esta ciudad. Lejos de ser la plaza un sitio donde los ciudadanos explotan y muestran su enojo, es un recinto donde reflexionamos y nos ponemos en contacto con nuestra esencia, con nuestros sentidos y emociones, nos humanizamos. Habrá quien piense que nos reunimos para ver violencia, al contrario, la representación entre la vida y la muerte es un acto que a diario llevamos a cabo; en los toros la experimentamos a través de la valentía y honor de un semejante, ante el peligro y poder de un toro, mediante el arte, ésta es parte de la esencia de la fiesta brava.

La Plaza México ha sido y será el recinto sagrado de la Ciudad de México. ¿Cuál es su futuro? ¿Qué será de la fiesta en la Ciudad de México? Se avecinan buenos tiempos, viene una transición empresarial que desde hace años era necesaria. La gente quiere ir a la plaza, simplemente se han perdido las formas y métodos para lograrlo. Quien llegue tiene una oportunidad de oro para devolverle a la afición el gusto e ilusión por retomar a la Plaza México como un lugar importante dentro de su vida y rutina.

Con ilusión los aficionados esperamos este cambio, el recinto necesita inversión, su ubicación es privilegiada y puede convertirse de nuevo en un complejo multiusos cuya principal actividad sea la tauromaquia, como el nuevo aficionado la espera.

Que sean otros 70 años, que siga teniendo el peso emocional en la sociedad, y que familias y generaciones enteras gocen del privilegio de asistir a una corrida de toros en la Plaza México. Que así sea. Asistir a una plaza de toros es una experiencia que estimula todos los sentidos, ir con la familia es enriquecedor, los niños descubren emociones que ningún otro espectáculo les ofrece. Aceptar la muerte como parte de la vida es fundamental para entender quiénes somos y hacia
dónde vamos.

Twitter: @rafaelcue

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