Opinión

58 años de enaltecer
la cocina mexicana


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Nicos

Primero como fuente de sodas y luego como pequeño restaurante. Así comenzó hace cincuenta y ocho años una leyenda de la gastronomía mexicana, un lugar llamado Nicos del barrio de Clavería en el corazón de Azcapotzalco.

Ubicado en la esquina de Clavería y Cuitláhuac a unos metros de “Parque de la China”, la fachada de Nicos oculta la magia que existe en su interior para invitarnos a pasar por una tradicional puerta de cantina. De una sola planta, este lugar se transforma para aislarnos del mundanal ruido urbano e invitarnos a gozar una experiencia gastronómica que empieza al momento que su muy atento personal de servicio -dirigidos por los entrañables Yolita y Manolo-, nos ofrece refrescantes bebidas para comenzar como agua natural perfumada con hojas de naranja que como en casa, jamás se cobra.

Nicos se ha consolidado como el lugar para disfrutar la mejor comida mexicana tal y como si estuvieras en familia. Gracias a la investigación de un equipo encabezado por el chef Gerardo Vázquez Lugo, quien apoya en armonía con el medio ambiente a productores mexicanos.

Ni qué decir de su carta de vino –disculpen ustedes queridos lectores el cebollazo-, fue un honor colaborar en la elaboración, ingeniería de menú y capacitación del personal para que Nicos tuviera una de las mejores cartas de vino de la Ciudad de México. Este restaurante fue el primero en el país y probablemente en el mundo en ofrecer a sus comensales vino mexicano hace más de cuarenta años. Hoy cuenta cien diferentes opciones a extraordinaria relación precio-calidad en la que se da preferencia al vino mexicano –blanco, rosado, tinto y espumoso-, y con dos secciones únicas en México: Vinos extranjeros producidos por mexicanos en Francia, España y Australia; y “caprichos del chef” con grandes etiquetas de diferentes países elegidas por capricho de don Gerardo.

En su próxima visita a Nicos, esta glotona columna se toma la libertad de sugerirles comenzar con molcajete de guacamole preparado a la vista y a su gusto para seguir con unas chalupitas –más ricas que las preparadas en los portales de San Francisco en Puebla-. Como primer plato quetal un chile miahuatleco relleno de trucha con una mayonesa de aguacate y para el plato principal no pueden perderse la extraordinaria tilapia tatemada envuelta en hoja de maíz.

Para armonizar estas delicias me permito sugerirles el refrescante vino blanco Manaz de la bodega Camilo Magoni o Les Domaniers, un rosado francés “capricho del chef”. Quienes solo beben tinto les recomiendo el australiano Juguette de uva Shiraz producido por el enólogo mexicano Mauricio Ruiz Cantú.

Cocinar es un acto de amor y al igual que el vino, es un placer que debe compartirse. Si quieren compartir un momento que perdurará en el alma y halagará su espíritu visten Nicos y revivan sus mejores recuerdos. Feliz aniversario. ¡Salud!

Twitter: @Rene_Renteria

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