Opinión

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Lutero. (AP)

Hoy se cumplen 499 años de que Lutero hizo públicas sus 95 tesis acerca de la Iglesia. La noche de brujas de 1517 dio inicio una transformación de la mayor importancia en la legitimidad que la Iglesia aportaba a los gobernantes de Europa. No fue Lutero el primer hereje, pero sí el primero que pudo aprovechar la imprenta (que fue el medio que multiplicó sus tesis por todo lo que ahora es Alemania). Tuvo además la fortuna de iniciar su pleito cuando el nuevo Emperador (que sería Carlos V) estaba en proceso de ser electo, y Federico el Sabio, III de Sajonia, no sólo le agarró cariño a Lutero, sino que lo aprovechó para negociar esa elección. (Si usted no lo recuerda, el emperador del Sacro Imperio era elegido por siete votos: cuatro príncipes: Bohemia, Sajonia, Palatinado y Brandemburgo, y tres obispos: Maguncia, Tréveris y Colonia).

Lutero fue excomulgado en enero de 1521, pero tres meses después asistió a la Dieta de Worms (digamos que una especie de parlamento del Sacro Imperio) a defender su posición frente al Emperador. No le fue bien, y al mes siguiente fue declarado ilegal, y no lo mataron porque su protector, Federico, lo secuestró y escondió en el castillo de Wartburg. Ahí tradujo Lutero el Nuevo Testamento al alemán. Aunque su traducción no fue la primera en ese idioma, se convirtió en la más importante, en buena medida porque él mismo afirmaba que cualquiera debería leer las escrituras, y no depender para ello de los sacerdotes. En 1534 publicó su traducción de la Biblia (que hizo con ayuda de otras personas).

Lutero es en realidad un hombre del Medievo, que pelea con la Iglesia porque cree que ésta ha abandonado su camino, y lo que él propone es revertir ese error. Sin embargo, el resultado que obtuvo fue exactamente el contrario: se convirtió en uno de los pistones de la modernidad. Después de él, la autoridad de la Iglesia se desquebrajó, y ya no pudo recuperarse. La multiplicidad de ideas que encontraron el camino de la imprenta no pudo ser entonces detenida por una autoridad única, y se empezó a discutir todo en Europa. Antes de Lutero, ya Ficino y Della Mirandola habían jugado en el borde de la herejía con viejas ideas griegas en proceso de recuperación. El epicureísmo perdido reapareció con la publicación de De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio, en 1473, y el escepticismo con la aparición de un primer volumen de Sexto Empírico, en 1562 y de su obra completa (la existente) en 1569. Lutero había muerto en 1546, y su contemporáneo y admirado adversario, Erasmo, de igual importancia en la gran transformación mental de la época, en 1536.

Medio siglo después, Descartes dará inicio a la filosofía moderna, y sobre él construirá Spinoza, décadas más tarde, la base de la Ilustración, según afirma Jonathan Israel. Entre los años de estos dos filósofos ocurren las guerras más cruentas de la historia humana registrada, precisamente como resultado de la pérdida de legitimidad divina de los gobiernos terrenales.

Medio milenio después, la humanidad ha multiplicado su riqueza en más de cien veces, y se ha reducido la miseria al nivel más bajo de la historia. Una gran proporción vive bajo gobiernos que no dependen de la religión para legitimarse. Más importante aún, entendemos mucho mejor nuestro entorno, y construimos diariamente ese conocimiento, que crece exponencialmente. Y todo esto es resultado de la competencia de las ideas, antiguas y nuevas, que Lutero no inició, pero a la que dio un gran impulso. Creo que no buscaba eso, pero es lo que podemos festejar hoy.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey



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