Opinión

31 Bienal de Sao Paulo y la polémica del arte social

11 septiembre 2014 5:0
  

Con el título “Como (...) cosas que no existen”, en el que se coloca dentro del paréntesis el verbo que se desee, los curadores Charles Esche, Galit Eilat, Nuria Enguita, Pablo Lafuente y Oren Sagiv optaron por hacer visible el poder de acción e influencia del arte en la vida, en vez de montar una exhibición para el selecto mundo del arte. Así fue la edición 31 de la Bienal de Sao Paulo, la reunión más importante de Latinoamérica y la segunda más antigua del mundo después de la de Venecia.

Comúnmente se califica de banal y superficial al mundo del arte contemporáneo, que sus temáticas discursivas están totalmente dislocadas de nuestra realidad, pues son construidas para y por una élite entendida.

Pero esta Bienal demuestra todo lo contrario, pues el delicado contexto económico/social por el que Brasil está atravesando no podía ser ignorado por el equipo curatorial y por los organizadores.

Después de tener un crecimiento histórico de 7.5% en 2010, la economía brasileña se ha ido desacelerando con los años, hasta llegar, en 2013, al 2.3%. Este freno, las protestas en torno al Mundial de futbol y la tensa situación social que vive actualmente aquel país sudamericano, develaron un ambiente de complicadas decisiones para los organizadores del encuentro.

La selección de artistas, cuya obra fuera socialmente relevante y no marcada por las tendencias del mercado, fue el objetivo para hacer de la Bienal un evento meramente de arte político, que reflejara la naturaleza del arte, no como un producto u objeto de lujo, sino como una herramienta fundamental para entender y vincularnos con la realidad mundial, que en este momento nos rebasa y en muchas ocasiones nos resulta incomprensible.

La polémica en torno al fuerte contenido comenzó unos días antes de la inauguración. Los artistas participantes, a través de una carta abierta, pidieron retirar los patrocinios provenientes del gobierno de Israel, ya que se oponían a las políticas implementadas por ese país en la reciente ocupación de Palestina.

Si los organizadores no aceptaban el retiro total de esos sponsors, los firmantes – 55 de los 68 participantes – se negarían a presentarse. Los responsables accedieron a la petición de los artistas y rechazaron los 40 mil dólares que el gobierno israelí se había comprometido donar.
Creo que esta promulgación pública es algo notable porque, independientemente de las posturas personales a cerca de tan delicados asuntos, el espíritu colectivo actúa por encima del individualismo.

Además, refleja una cierta búsqueda de nuevas éticas y formas congruentes de vivir y producir en lo contemporáneo, lo cual es también la fuerza del contenido de esta bienal.

La despenalización del aborto, los recientes conflictos raciales en Ferguson, las pugnas religiosas, los horrores en Medio Oriente, la misma conciencia de la inconformidad popular en Brasil, son temas no resueltos que no se pueden pasar por alto y menos en un evento de semejante nivel.

El artista Paul Chan comentó en una conferencia sobre el arte social lo siguiente: “La diferencia entre arte y cultura pop, es que esta última te empuja a consumir, y el arte te impulsa a hacer ”.