Opinión

30 años para atrás


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Enrique Peña Nieto, presidente de México. (Cuartoscuro)

Desde el principio del sexenio me pareció que el gobierno de Peña tenía cierto olor a naftalina, a rancio, a caduco. En alguna ocasión escribí que probablemente en Los Pinos ponían discos de Los Joao y estaban a la espera de que llegara un 'fax'. Con el tiempo, se asentaron en el gobierno todas las mañas priistas del pasado. La regresión era completa, no se trataba de un grupo de música guapachosa sino de una manera vieja de ver la política y de gobernar.

El documento firmado a inicios de esta semana es también un viaje al pasado. Faltaba Fidel Velázquez como invitado de lujo y Jacobo dando la trascendental noticia que superaba a los agoreros de la catástrofe. El documento signado por diferentes partes y rechazado por otras –ahí la novedad– tiene un nombre de aquel entonces: Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar (en los ochenta hubo uno más corto: el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico). Se trató de un evento típicamente priista donde el centro era el presidente, ni siquiera la crisis. Más que describir los problemas derivados del desorden nacional y la turbulencia internacional, se ofreció una foto de concordia entre el gabinete y sus amigos, algo que les encanta a los priistas: 'la unidad', palabra que les llena la boca pues excluye a quien no piensa igual, y a veces, al que simplemente piensa.

Por supuesto no faltó el otro componente fundamental de un evento priista: la lambisconería, el discurso rastrero, la competencia por ser tapete, alfombra donde ponga su pie el jefe. Esta parte del evento corrió a cargo de Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo y de destacada conducta lacayuna. Para que el auditorio aquilatara las bondades que la sociedad le niega al presidente y que el secretario ve con toda nitidez y más allá de la ingratitud, Navarrete soltó: “Si existe una tarea difícil en el mundo es la de ser líder y más aún la de ser estadista”. Esto exhibe al gobierno en su esencia: lo que para la gente es corrupción y bandidaje para ellos es liderazgo de talla mundial.

Particularmente llamativa fue la presencia del representante de la CTM, Carlos Aceves del Olmo. Dijo que llevaba decenas de años participando en este tipo de juntas y que ojalá los participantes no se limitaran a obedecer al presidente –lo que seguramente hace él de manera recurrente– y se felicitó de “tener la oportunidad física de participar en una nueva propuesta”. Algo destacado de la 'oportunidad física' a la que accedió el líder obrero es que pudo mostrar un reloj que, según cálculos en las redes, vale más de 400 mil pesos. El PRI en su jugo: la unidad, la lambisconería y el derroche producto de la corrupción.

Así pues, estamos de regreso treinta años atrás: en lenguaje, en actitud y hasta en escenografía. Hablamos de corrupción, de deuda, de devaluación: hablamos del PRI.

Twitter: @JuanIZavala

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