Opinión

25 años de la caída
del Muro de Berlín

11 noviembre 2014 8:49

La noche del 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín (“Muro de Protección Antifascista” como se le denominaba en la zona comunista), después de 28 años de su construcción. El mismo dividía a la ciudad de Berlín en dos partes, impedía la libre circulación de sus habitantes y era uno de los símbolos más conocidos de la separación de Europa en dos antagónicos sistemas político-económico. Se calcula que antes de su construcción más de tres millones de personas salieron de Alemania Oriental por esta parte y luego varios cientos más murieron al intentar cruzarlo.

Mientras que en una parte estaban los países que seguían el sistema económico de precios que prevalece en Estados Unidos, como fueron Francia y Alemania Occidental, los Países Bajos e Italia, los países Bálticos y otros más; en la otra parte estaban aquellos que seguían el sistema comunista impuesto por Rusia, entre los que se encontraban Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía entre otros.

En el primer grupo los diversos países utilizaban el sistema de precios como mecanismo de asignación de recursos para la producción y para definir los ingresos de los trabajadores y las empresas; mientras que en el otro sistema predominaba el mecanismo de control gubernamental y de la propiedad para esta asignación de recursos e ingresos.

Esta división del viejo continente, que fue definida en la Conferencia de Yalta en 1945, resultó de la ocupación de parte de Europa que hizo Rusia al final de la Segunda Guerra Mundial, en donde impuso el sistema comunista; mientras que los países aliados liderados por los Estados Unidos controlaban la parte occidental e imponían su sistema capitalista de mercado. Durante décadas cada bando trató de demostrar que su sistema era mejor, más justo y más eficiente, ya sea por medio de mayores avances tecnológicos, más triunfos deportivos o académicos y en las distintas áreas del conocimiento.

Recuerdo que en aquella época eran fuertes los debates en los distintos foros académicos y políticos respecto a cuál era el mejor sistema económico para lograr el desarrollo de las distintas naciones y, en especial, para México. Se comparaban resultados contables, financieros y sociales, así como las metodologías y argumentaciones para demostrar si uno u otro esquema era más justo y eficiente.

Yo recuerdo que tuve la oportunidad de conocer diversos países situados detrás de la llamada Cortina de Hierro, a principios de la década de los ochenta y como un joven economista quería constatar de manera personal cómo funcionaba el sistema comunista en la práctica. Me sorprendieron mucho tres puntos: la primera era la carencia de libertades y de transparencia en todos los aspectos, la segunda era el estancamiento de las sociedades, tanto en pensamiento, como en el aspecto físico de la economía y, en tercer lugar, la falta de incentivos e ineficiencia de todo el proceso económico. Por todos lados era obvia la inoperancia del sistema económico para producir y crecer, así como para innovar y crear nuevos productos.

Se festejan 25 años de que se derrumbó el Muro, pero parece que en muchos partes todavía sigue erigido separando las creencias, los procesos productivos y las libertades de los ciudadanos.

* El autor es economista.