Opinión

22 piernas

Llegó la hora de que 22 piernas renueven la fe en México. Es increíble, pero así es. Mucho más se deposita en las 22 piernas que saltarán hoy a la cancha para representarnos atléticamente, que en millones de individuos que con su trabajo diario han logrado mucho más que lo que a la fecha se ha conseguido en el balompié. Porque campeones mexicanos hay muchos, en lo científico, académico, empresarial, incluso en lo político. Pero ningún grupo, gremio u organización captura la fe que sí está en los jóvenes que hoy disputarán en Natal el primer partido contra Camerún.

Ojalá las 22 piernas fueran del gabinete que nos cuida en materia de seguridad (la Sedena, la Marina, la PGR); o del que vela porque la economía crezca (Videgaray, Carstens, Guajardo); o de quienes materializan ese crecimiento (Slim, Salinas, Azcárraga, Baillères); o de quienes vigilan nuestra espiritualidad y religiosidad (Norberto, et. al.); o de los líderes sindicales, escolares, artísticos… Pero no. Ninguno de ellos lo logra. La fe la capturan 11 chicos. 22 piernas.

Siempre he pensado que el Mundial de Futbol es como un país fugaz; una entidad efímera que sólo existe cuatro o cinco semanas, pero en la que se concentra toda la atención del planeta. En ese Estado fugaz el jefe es el de la FIFA. No es un Estado pobre: sus ingresos anuales son de mil 400 millones de dólares. No es mucho dinero, pero su poder sí que es determinante.

La muestra de ese poder de la FIFA y particularmente del Mundial como Estado fugaz es la convocatoria que logra de presidentes al partido inaugural y a otros encuentros. Que varios presidentes o jefes de Estado acudan a un suceso es algo escaso. Eso casi siempre ocurre en ejemplos como los funerales de grandes personalidades (Juan Pablo II, Mandela…), o por algunas tomas de protesta de (pocos) nuevos presidentes. Lo demás son visitas de Estado o de trabajo.

Pero hoy manda el futbol, y México está adscrito a las reglas y formas de ese Estado fugaz. Está bien, porque si lo hemos estado frente al sistema financiero global, frente a otros estados nacionales hegemónicos, frente a la tecnología extranjera y frente a las corporaciones internacionales, ¿por qué no habríamos de estarlo frente al fútbol?

Hoy México cree que puede, y quizá sea cierto. Yo también deseo que pueda, y utilizaré una playera verde. Pero aun cuando triunfásemos sobre Camerún, Brasil o Croacia, o incluso pasando a las rondas finales, el país seguirá siendo el mismo. El anhelo de espetarle al mundo que somos unos chingones, incluso cumpliéndose, será efímero, como fugaz es el Estado del futbol global, que sólo existe cinco semanas cada cuatro años. Eso sí: 22 piernas tienen la encomienda de encumbrarnos.

Twitter: @SOYCarlosMota