Opinión

2018

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Legislatura queretana

Apenas estamos en el primer mes de la actual Legislatura, pero creo que ya tenemos que ir pensando en la siguiente. Porque creo que todavía hay tiempo de buscar salidas a una ruta que hoy no se ve muy bien.

Soy un convencido de las reformas. De todo el proceso, desde sus débiles inicios en 1986 hasta su culminación casi 30 años después. Los cambios, impulsados primero por el PRI, después apoyados por el PAN, y finalmente incluso por el PRD, eran indispensables. El camino elegido en el siglo XX, bajo el régimen de la Revolución, fue un fracaso. En términos comparativos al resto del mundo, acabamos el siglo (1982) peor de como lo empezamos (1909). Las ideas bajo las que construimos tanto el sistema político como la orientación económica de México al final de las guerras civiles eran ideas erróneas. No hubo país alguno en donde tuviesen éxito. Por el contrario, convirtieron en fracasos a países que ya eran exitosos, o que estaban por serlo, como nosotros. A cambio, por cierto, no tuvimos en México ni democracia, ni menos pobreza, ni fin del racismo. Nada. Si alguien estuviese interesado en los detalles, he escrito al respecto dos libros: Cien años de Confusión, de 2007, y El Fin de la Confusión, de 2014.

En los últimos treinta años, en cambio, hemos liberado la economía (en dos rondas de reformas), la política (especialmente a partir de 1997), e incluso vamos avanzando en la construcción de un Estado de derecho en forma y de una sociedad tolerante. Pero es indudable que en estos dos temas estamos muy rezagados.

En este momento, sin embargo, iniciamos el ciclo trianual que lleva al cambio de gobierno: presidente, Congreso entero, y muy rápidamente Suprema Corte y Consejo de la Judicatura, sin considerar la pléyade de organismos autónomos que ahora tenemos. Y las cosas no se ven nada bien. El PRI, que ha logrado mantener su votación ligeramente encima de 30 por ciento, tal vez pudiese ganar la presidencia, y buena parte del Congreso, pero sin deshacerse del lastre de la corrupción le costará muchísimo hacerse de legitimidad. Si bien el gobierno actual puede sobrevivir, no veo garantía alguna de que el siguiente pueda instalarse si antes no se ha empezado a enfrentar este problema, y en serio. Por su parte, ni el PAN ni el PRD parecen estar en condiciones de competir seriamente por el control político del país. Visto desde hoy, ni siquiera parece posible que compitan de verdad por la presidencia.

Y fuera de ellos, lo demás se ve peor. Como ya he afirmado, la única posibilidad para López Obrador pasa por la destrucción del PRD, y en eso está. Tal vez pueda competir por la presidencia, pero no le alcanzará para controlar el Congreso, de forma que si ganase, algo poco probable, tendríamos un presidente antireformista sin instrumentos, circunstancia favorable a la ruptura institucional. Lo mismo, tal vez en mayor grado, ocurriría con algún candidato independiente.

Hay un hartazgo global con los viejos partidos políticos que alimenta experimentos muy riesgosos, desde pequeños partidos extremistas en países europeos, hasta recién llegados en Estados Unidos. Tuvimos en México una primera prueba este año, con el crecimiento de partidos pequeños y el primer gobernador independiente. En 2018, este país con instituciones aun débiles renovará prácticamente todo el poder federal, sin la histórica legitimidad de la Revolución, y sin haber consolidado la legitimidad democrática.

En esa perspectiva me parece que debemos evaluar la corrupción, ineficiencia, confusión, golpismo e irresponsabilidad del PRI, PAN, PRD, Morena y demás pequeños. Especialmente en ese orden.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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