Opinión

2017

 
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México rumbo 2017. (Shutterstock)

Hace muchos años que no teníamos pronósticos tan reservados, e incluso negativos, sobre la realidad nacional y mundial.

El propio presidente se ha referido a este 2017 como un año difícil, en el que enfrentaremos escenarios adversos y complejos.

El brutal inicio del año con las protestas callejeras, la ola de mensajes falsos y manipulados desde miles de cuentas robot, donde se señalaban desmanes y movilizaciones en sitios donde de hecho no ocurrían.

“Pandillas recorren el centro comercial Antara en Polanco”. ¡Falso! “Grupos rodean Perisur para cometer actos vandálicos”. ¡Falso!

La Unidad de Inteligencia Cibernética de Gobernación ha detectado mil 500 cuentas en Twitter desde las cuales se difundieron y distribuyeron este tipo de mensajes. Hoy aparece un joven tuitero en España, quien cobró mil 700 dólares por lanzar la campaña. Alrededor de 35 mil pesos por desestabilizar un país.

¿Quién pagó? ¿De dónde salió el dinero? Tal vez nunca lo sepamos.

Pero también hubo otros mensajes a manera de campaña y llamado a la acción, que fueron seguidos y atendidos por algunos cientos o miles: #AsaquearunWallmart.

El inicio de año fue impactante al observar imágenes de desmanes, saqueos, revuelta, robo franco y familiar –padres e hijos sacando mercancías de centros comerciales–. Imágenes que recorrieron el mundo y que, como es obvio, dañan y perjudican la imagen de México en el exterior.

La economía debilitada, golpeada, afectada de arranque por la liberación de los precios de las gasolinas, pero también por la paridad peso-dólar y su fluctuante comportamiento.

El Banco Mundial ajustó sus pronósticos de crecimiento para México en 2017 de 2.5 a 1.8 por ciento. Y apenas es enero. A ver si no cerramos el año con decremento en la economía.

Tal vez el desafío y el reto más amenazante para nuestro país será el vociferante Donald Trump, que apenas ayer en su primera conferencia de prensa como presidente electo confirmó que es el mismo soberbio, insultante e irresponsable que vimos durante casi 16 meses de primarias, campaña y elecciones.

El 2017 puede representar para la historia de México un año de inflexión, que nos conduzca no a un conflicto ni a la desestabilidad total, pero sí a replanteamientos obligatorios frente a modelos que se agotan y no responden a las necesidad cambiantes.

El desprestigio de los partidos es enorme; la conducta reciente de los legisladores con sus bonos navideños y sus dineros repartidos lastimó hondamente a la ciudadanía, al comprobar –una vez más– la insensibilidad y la desconexión que existe entre ciudadanos y representantes.

Hay signos preocupantes de descomposición, de instituciones cuestionadas, de autoridades en el desprestigio, de grupos manipulados o movilizados desde oscuros resortes, que pretenden causar daño, desestabilizar, provocar caos, empujar al país al precipicio.

Nunca he coincidido ni simpatizado con las voces que claman el complot absoluto, la destrucción de la patria, el fin de las libertades y otros desproporcionados excesos. Sin embargo, esta vez observo con preocupación signos que retratan a una ciudadanía molesta, enojada, en franca rebeldía y desacato a la autoridad, donde el tema de las gasolinas es el detonador final de un enojo más añejo y multifactorial.

En múltiples ocasiones hemos señalado desde estas páginas la urgente necesidad de abordar con seriedad, con acciones eficientes y concretas, los problemas de la corrupción y la impunidad.

Estos dos fenómenos arrebatan cualquier esperanza a la ciudadanía, fomentan la idea –comprobada en hechos– que los políticos corruptos, los Duartes, Borges, Aguirres y tantos más, están por encima de la ley. Hay evidencias de que Javier Duarte no ha sido detenido por falta de voluntad política, no por desconocimiento de su paradero o de sus movimientos en el extranjero. Lamentable.

Crece la percepción de que el gobierno ha cerrado el capítulo para implementar al más corto plazo posible el Sistema Nacional Anticorrupción. Es ciertamente una responsabilidad compartida con el Congreso, lo que lamentablemente fortalece la visión 'de una clase política' descompuesta, desconectada, lejana y distante al sentir popular, ocupada y preocupada en sus asuntos, negocios, partidas y concesiones. Vea usted la respuesta de la diputada Angélica Mondragón del PRI, presidenta de la Comisión de Cultura, al ser cuestionada por asignar fondos de millones de pesos a la fundación que dirige su hermana: “No esperaban ustedes que la dejara sin empleo, ¿verdad?” #Ese es el tono, esa actitud retrata a la clase política cínica que no persigue la corrupción, sino que la encubre y la ensancha.

2017 será un año extraordinariamente complejo, el fin completo de la era de la abundancia petrolera; el duro año del enemigo del norte que nos persigue y pretende afectar nuestra economía.

Ante esto, se demanda liderazgo, visión, sacrificio, honradez ejemplar, compromiso absoluto con el pueblo de México, no con los socios políticos del presente y del pasado.

Twitter: @LKourchenko

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