Opinión

2017 "Carpe diem": Sácale jugo al tiempo


1
     

     

Año nuevo 2017


Por: Víctor Manuel Pérez Valera


Es un sutil autoengaño el prometerte que serás mejor mañana, ya que sólo podemos vivir el ahora: el pasado ya no se vive, se revive en el recuerdo, y el futuro se anhela, pero todavía no puede vivirse. Lo realista es el hoy, no la añoranza del mañana; asimismo el ayer ya se fue y no lo podemos suprimir, “el hubiera no existe”.

La mejor manera de prepararte para el futuro es vivir bien el presente, sacarle el jugo al día de hoy, como aconsejaba Horacio, el gran poeta latino con su “carpe diem”. Ahora bien, vivir el presente, “dejando pasar el tiempo” o matando el tiempo, no tiene sentido. Desperdiciar el tiempo, energía no renovable, equivale a no valorar la vida, a un sutil y lento suicidio espiritual. En cambio, estar atentos: mirar no sólo ver, escuchar no sólo oír, actuar no sólo orar, es una buena manera de vivir el aquí y el ahora.

Está bien organizar el tiempo, llevar una agenda, pero no ser esclavo de ella. En ocasiones es oportuno dar algún tiempo a nuevas opciones, a la improvisación creadora. Cuando surjan obstáculos hay que afrontarlos, en general no conviene posponerlos para el mañana. Cada día es una oportunidad para seguir creciendo, no tanto hacer más cosas, sino hacerlas mejor. La vida es un don, un movimiento autoperfectivo: vivir es crecer.

No tengas ansias de vivir el futuro, es cierto que los sueños ayudan a vivir, pero no se puede vivir sólo de sueños, no se pueden atravesar los puentes antes de llegar a ellos. Tampoco te obsesiones por el pasado. Las penas y contrariedades pasadas, déjalas pasar, las revanchas y venganzas no ennoblecen el espíritu. En cambio, el perdón, si bien no borra el pasado, lo transforma. Aprende de la violeta que cuando la pisan suelta su aroma. Con razón se ha dicho que el pasado nos pasa y nos traspasa, nos proporciona valiosas experiencias, pero no conviene obsesionarse por él, ya que vivir del pasado es vivir en el pasado y obnubilar el presente. Más bien es aconsejable cultivar los sueños diurnos, a fin de abrirnos al “principio esperanza” que radica en lo más profundo de nuestro ser: en él encontramos los ideales, las ilusiones, el florecer del porvenir. Sin embargo, como ya lo indicamos, aunque los sueños reconfortan y pueden hacer más llevaderas las dificultades del presente, hay que mantener los pies en la tierra, no es posible escalar las estrellas.

Con todo, existe un importante acto en el presente que compromete nuestro futuro, la promesa. Caigamos en la cuenta que frecuentemente somos imprudentes en hacer promesas, que luego no cumplimos. Se suele decir “de esa agua yo no beberé “, y muchos de los que lo han dicho han sucumbido. El soñar en un futuro mejor no debe hacernos olvidar nuestra fragilidad.

Ahora bien, más importante que la promesa es el compromiso, la promesa está en el corazón del compromiso, pero éste acentúa más el aspecto personal, “ser-con”, y la dimensión de interioridad, de entrega y donación (engagement dicen los franceses). Nadie lleva una vida plenamente humana sin comprometerse. El compromiso supone no ser un simple espectador ante las situaciones humanas, por ejemplo, ante los graves problemas de nuestro país, sino ser actor: superar la apatía y luchar por el mejoramiento de las fluctuantes situaciones humanas. En todo compromiso es imprescindible la fidelidad, que lejos de ser sinónimo de fosilización, anquilosamiento, o rechazo al cambio, es un dinamismo creador, un impulso al crecimiento y a la superación. Un buen propósito de año nuevo es vivir el “carpe diem” en el compromiso por México.

*El autor es Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana

También te puede interesar:
El drama de Navidad
Un gran contraste: Trump y Papa Francisco
El sentido de la muerte