Opinión

2016 será un año de volatilidad y sorpresas

 
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Grecia, euro, eurozona. (Reuters)

Una vez, hace años, fui a las carreras de caballos y se me acababa el tiempo para colocar mi apuesta, tomé el programa y elegí a los caballos que llegarían en primero, segundo y tercer lugar, en eso a lo que llaman una trifecta. Apenas logré meter la apuesta a tiempo, y para mi enorme gusto, minutos más tarde fue exactamente ése el resultado. Diría que me sorprendí, pero no tanto, pues mi papá me había enseñado a leer el programa de una carrera. Sentí cierto orgullo. La sorpresa llegó más tarde, cuando después de cobrar la jugosa bolsa, me di cuenta de que hice mi selección viendo los datos de la carrera equivocada.

Debo decir que tratándose de pronóstico económico, muchas veces ocurre lo mismo. Uno acaba estando acertado porque ciertos eventos se alinean. Las variables a analizar son demasiadas, y siempre puede ocurrir lo inesperado. Por ello, abundan los chistes sobre los pronósticos de los economistas. Estoy convencido, sin embargo, de que lo más importante de pronosticar es buscar explicar causalidad, qué evento puede ocasionar qué efecto.

2016 será, en mi opinión, un año difícil. Estados Unidos se consolidará como la economía que va a la delantera en el camino de vuelta después de la crisis que comenzara en 2007. Esta ha sido su recuperación más débil de la historia, después de una recesión. El empleo se ha recuperado, pero no así los salarios. La participación en la fuerza laboral de quienes están en edad de trabajar es la más baja en décadas. La atención de los estadounidenses estará crecientemente puesta en las elecciones presidenciales que ocurrirán en noviembre. Por primera vez desde la década de los ochenta, podríamos ver que un candidato se decida hasta la Convención Republicana, no meses antes, como usualmente ocurre. Obama hará hasta lo imposible por no mandar tropas a combatir al Estado Islámico, aunque creo que tarde o temprano no va a quedar alternativa.

Europa, mientras tanto, muestra una pequeña mejoría no porque hayan resuelto sus terribles problemas estructurales, sino porque la devaluación del euro le ha dado oxígeno a sus exportaciones, y porque la caída en el precio de energéticos les beneficia, siendo grandes importadores.

China seguirá desacelerándose. El yuan se seguirá devaluando, como consecuencia de la fuerte fuga de capitales que ese país sufre. Eso provocará más debilidad en los mercados globales de materias primas.

No sólo hay enorme capacidad instalada ociosa, tanto localmente como en forma internacional, sino que la devaluación de su moneda reducirá aún más su capacidad de demanda. Eso le generará una ola de problemas a economías desarrolladas y emergentes que dependen de exportar materias primas. También le generará un fuerte problema a empresas que emitieron bonos denominados en dólares. En 2008, la emisión total de deuda en dólares proveniente de países emergentes ascendía a 1.7 billones (millones de millones) de dólares. Este año llegó a 4.3 billones.

Los problemas de economías emergentes se acentúan cuando consideramos que los flujos de inversión provenientes de países desarrollados pasaron de 240 mil millones en 2002 a 1.1 billones en 2014, y en 2015 vimos por primera vez una salida neta superior a un billón. Por eso hemos visto una revaluación del dólar tan fuerte.

En forma similar a lo que ocurrió en la crisis subprime de 2007, la necesidad de tasas de retorno más altas (dado que los bonos de alta calidad crediticia ofrecen tasas cercanas a cero), ha provocado enorme demanda por deuda riesgosa que sí ofrece rendimientos atractivos.

Pero quienes la emitieron son como un barco que empieza a hacer agua. Este puede ser uno de los grandes temas de 2016.

El otro gran tema será la deflación. Aún con mercados laborales razonablemente fuertes en Estados Unidos, el Reino Unido o Alemania, seguimos viendo salarios débiles y baja demanda. La tecnología y globalización han permitido que países densamente poblados como China, India, o la Unión Soviética, compitan por empleos con la población menos educada en países industrializados. Si a esto le añadimos precios de materias primas a la baja y capacidad instalada ociosa, la presión a la baja sobre los precios será un tema crecientemente preocupante para empresas productoras en todo el mundo.

Veremos precios de petróleo aún más bajos. A la OPEP no le ha sido posible coordinar esfuerzos para reducir producción. Sus miembros se ven obligados a compensar la baja en precios con mayores volúmenes, ante la necesidad de recursos. El déficit fiscal de Arabia Saudita, país que diseñó la estrategia para sacar del mercado a productores marginales de shale y arenas bituminosas, llega a 15 por ciento del PIB. Para su desilusión, no han logrado que se reduzcan marcadamente los nueve millones de barriles diarios de producción estadounidense. Los productores han resultado más resistentes de lo que se esperaba. 2016 será un año de mucha volatilidad y en el que, seguramente, habrá sorpresas. En una de esas, como cuando aposté a los caballos, mi pronóstico resulta acertado, por azares del destino.

Aprovecho este espacio para desearle que este año esté lleno de prosperidad y aprendizaje, que esté lleno de todo aquello que es infinitamente más importante que el dinero o los mercados.

Twitter: @jorgesuarezv

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