Opinión

2016, política

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El presidente Enrique Peña Nieto encabezó ayer la Promulgación de la Ley General de Trasparencia, ante representantes de los Poderes de la Unión, partidos políticos y organismos autónomos. (Cuartoscuro)

Ayer comentamos los temas económicos que consideramos más relevantes. Ahora veamos los temas políticos. Al respecto, creo que a nivel nacional hay solamente dos, aunque posiblemente para algunos haya un tercero. Los dos que yo identifico son: el sistema nacional anticorrupción y las elecciones de junio próximo. El tercero es el tema de derechos humanos, que algunos consideran de primera importancia en este momento en México, pero que yo lo veo más como resultado del tema del Estado de derecho.

El Sistema Nacional Anticorrupción es el mejor esfuerzo que se ha construido en México para enfrentar la eterna ausencia del Estado de derecho. Se trata de un sistema porque no propone una oficina más, o algunas atribuciones diferentes, sino una combinación de instituciones que pueden paulatinamente forzarnos a cumplir la ley. Como ya lo hemos comentado en muchas ocasiones aquí, los mexicanos no queremos que haya leyes para todos, sino sólo para los demás. Así aprendimos desde siempre: que haya leyes para unos, y que nosotros podamos quedar por encima de ellas, llenos de privilegios.

El proceso de construir leyes aplicables a todos, sin embargo, debe empezar por la autoridad. Si no se puede controlar el poder, entonces no hay ley que pueda servir. Este proceso ha tomado siglos en los países que hoy cuentan con un Estado de derecho en forma. En México, el inicio de algo parecido ocurrió cuando la presidencia dejó de tener todo el poder, allá en 1997. Pero el poder que perdió ese puesto fue capturado de inmediato por los restos del sistema corporativo: líderes sindicales, empresarios monopólicos y gobernadores, principalmente. Las reformas de 2013 han permitido limitar el poder de los dos primeros grupos, pero los gobernadores siguen sin ser controlados. Por eso no se puede avanzar ni en el mejor uso del gasto público, ni enfrentar la corrupción, ni en mejorar la seguridad o cumplir con los derechos humanos. Aunque no dudo que el gobierno federal tenga muchos problemas, lo verdaderamente grave, me parece, está en los gobiernos locales.

Eso es lo que el Sistema Nacional Anticorrupción nos permitirá corregir. No de inmediato, ni fácilmente, pero permite abrigar esperanzas sólidas: más atribuciones para la Auditoría Superior de la Federación, que le permitan vigilar todo el dinero que llega a los gobernadores y alcaldes; un fiscal autónomo, especializado en corrupción, dentro de la Fiscalía de la Nación; Tribunales de Cuenta Pública, que nunca hemos tenido. Con este sistema funcionando, los gobernadores tendrán mucho menos poder, y eso nos permitirá imponerles la ley. Por eso, creo que el tema que debemos impulsar todos hoy es este Sistema Nacional Anticorrupción. Insisto, no resuelve las cosas rápido, ni por completo, pero es nuestra mejor estrategia en este momento. No podremos castigar a los actuales, ni al presidente ni a los gobernadores o legisladores. Pero habrá cómo castigar a los que sigan.

Al respecto, tendremos 13 elecciones de gobernador en este año. La primera es en Colima, en dos semanas, que repone el proceso del año pasado. Las otras doce creo que podemos agruparlas en tres. En el centro-norte: Chihuahua, Durango, Sinaloa, Aguascalientes y Zacatecas; en el eje volcánico: Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tlaxcala e Hidalgo; y en dos extremos, Tamaulipas y Quintana Roo. Habrá tiempo para analizarlas, pero de inicio me parece que debemos considerar tres asuntos: la falta de espacio para la izquierda en estas entidades; la posibilidad de que el PRI tenga una jornada exitosa; y un nuevo experimento de independientes. Todo ello, claro, en la lógica del 2018.
Ya sólo nos queda una vista al resto del mundo, para tener una perspectiva completa para 2016.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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