Opinión

2016, para olvidar

29 diciembre 2016 5:0
 
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trump

Aunque siempre hay cosas que rescatar en un año que termina, no queda duda que este 2016 que está a punto de concluir fue un año de miedos, angustias y malas profecías hechas realidad. Tanto las expectativas de crecimiento económico, como los escenarios políticos, sufrieron un deterioro que además presagian una situación mucho más difícil para el próximo 2017. Las corrientes extremistas ligadas al racismo, al proteccionismo y al rechazo a la globalización, que anteriormente eran marginales, se han venido convirtiendo en dominantes y paulatinamente se imponen en amplios sectores de la población al grado de llegar al poder por la vía electoral.

Si bien la economía más grande del mundo, la de Estados Unidos tuvo un año muy bueno con un crecimiento del 2%, lo que para su tamaño es un dato positivo, aunado al pleno empleo y a un consumo en ascenso, el resultado de la elección de Donald Trump generó dentro y fuera de ese país, la percepción de que entramos a un mundo oscuro y de incertidumbre en donde más allá de la promesa de crecer con déficit hecha por el multimillonario, la presencia de un ignorante al frente de la Casa Blanca, pone a temblar al planeta en su conjunto.

Se trata de una combinación de optimismo económico en manos de una persona limitada intelectualmente, y una plutocracia encaramada en el gabinete y con fuertes conflictos de interés que hacen previsible el choque permanente entre diversos grupos de poder a lo largo de la administración Trump. Y si a esto le aunamos el todavía incierto proceso del Brexit donde Inglaterra se debate sobre cómo abandonar la Unión Europea sin dejar de recibir los beneficios del libre comercio intercomunitario, entonces podríamos concluir que este 2016 podría ser considerado como el año del inicio de la regresión política y económica de un periodo que comenzó con el fin de la Guerra Fría en 1989 y que apostaba por un mundo abierto, tolerante e interconectado en todo sentido.

Y para México también fue un año malo a pesar de indicadores positivos de consumo interno y la generación de más de un millón de empleos formales. La devaluación de la moneda de más del 25% en el año, las presiones inflacionarias derivadas de ello, y las amenazas de Trump, aunado a la caída de las exportaciones y el bajo precio del petróleo, terminaron por armar una tormenta perfecta de pesimismo y falta de perspectivas positivas para el futuro. Además de todo esto, vivimos procesos electorales cuyo eje fundamental fue la corrupción de los gobernadores y la incapacidad del gobierno federal para contener la voracidad de los mandatarios estatales.

El caso de Javier Duarte en Veracruz es el ejemplo más nítido de la impunidad con la que los virreyes se manejan, y la falta de instrumentos adecuados para identificar y controlar los excesos de estos políticos insaciables y conocedores de las fallas y complicidades del sistema, al grado que resultó imposible contener el saqueo hecho por este siniestro personaje a las arcas del estado, y cuya ambición sobrepasa a cualquiera de sus compañeros de partido. Es por ello, que este puede ser el punto de inflexión de aquí en adelante.

La corrupción atraviesa a todo el sistema y los altos costos dañan de manera significativa el aparato productivo del país. El Sistema Nacional Anticorrupción promete limitar sus actuar, y si no lo hace de manera rápida y eficiente podríamos encontrarnos en un escenario de crisis financiera, pero también política que fortaleciese a los populistas, y más grave aún a aquellos que desde el llamado movimiento antisistema buscan descarrilar el modelo democrático construido a lo largo de décadas, Este es el riesgo de lo hecho en este 2016, un año para olvidar.

Twitter:@ezshabot

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