Opinión

2015 nuevo año, viejos, viejos retos que urgen

12 diciembre 2014 15:10

El año 2014 fue un año invivible para la sociedad mexicana, en muchas aristas: los niveles de inseguridad asociada a un grado de corrupción inimaginable, que han llegado a niveles de horror tales como Ayotzinapa, Tlatlaya, Coahuila, por mencionar algunos. En el ámbito económico el crecimiento interanual del PIB no superará el 3 por ciento.

Seguimos teniendo cerca del 40 por ciento de la población en pobreza multidimensional.Una tasa cerca al 30 por ciento de los jóvenes en la llamada categoría “nini” , que, dentro de la composición de la tasa de desempleo, una proporción considerable es de profesionistas.

Aunado al descontento social que crearon las desapariciones de 42 estudiantes y la muerte de 6 personas en Guerrero, existen todos los problemas ya citados que urgen de una solución.

El descontento social es plenamente entendido y justificado. Las demandas sociales deben ser atendidas con respuesta viables dejando de lado la demagogia y el asistencialismo burdo, que sólo perpetúa círculos de miseria. El modelo de cobertura universal de salud no ha despegado y sus resultados son magros. En el campo teórico de la economía hay debates importantes sobre si para subsanar la desigual es importante crecer, o para crecer es importante antes solucionar la desigualdad. Por supuesto, realidades como las de México son más complejas y sin lugar a duda crecimiento y desigualdad urgen de una solución vis a vis, pues desafortunadamente no hay más tiempo.

La solución a estos problemas exige poner en la mesa tópicos que no se pensaban debatir o bien que no había más que una visión unidimensional respecto al tema, por ejemplo, si el modelo de combatir el crimen organizado sólo con los enfrentamientos frontales ¿es suficiente? o bien se necesita convertirlo antes en un problema de salud y no de seguridad. Lo anterior considerando la reparación de daños a víctimas, concepto que exige temas como los de cobertura universal de salud, acceso a educación de calidad y superior, que a su vez implique oportunidades de movilidad social y esto, sin lugar a duda, implícitamente conlleva a repensar el modelo de economía política en el que hemos operado por 30 años, donde creímos que la panacea de la igualdad y el crecimiento era el libre mercado.

Habrá quienes dirán que las atrocidades asociadas al crimen organizado y la corrupción nada tienen que ver. Sin embargo, recuérdese que en la vida política y social nunca hay vacíos. Aquellas actividades donde se abandonaron programas de política social o bien sólo beneficiaron a la concentración acelerada de subsidios -por ejemplo la agricultura- , las cubrieron asociaciones delictivas, que por supuesto resultan rentables y están dispuestos a invertir en bienes socialmente útiles para ganar adeptos, apoyo, cierto consenso.

Si bien el modelo de libre mercado no es la causa directa de los problemas sociales vividos en México, sí ayudó a generar ese caldo de cultivo (por ejemplo en la concentración del ingreso) que devino en los acontecimientos tan aciagos de los que hemos sido testigos, a lo que se ha sumado la secular corrupción que es necesario minimizar en todas las escalas estatales la cual, sin lugar a duda, juega una ponderación crucial en el escenario social lamentable de México.

Sin que esto se convierta en una carta a los reyes (ahora que se acercan las fiesta), sí es necesario enunciar la necesidad de replantear toda una agenda política, económica, que se daba por sentada tras la aprobación de las reformas estructurales y que ahora se ha hecho patente que está rebasada. Pero esta nueva agenda no puede operarse bajo el status quo de la simulación política y la negociación de un estado corporativizado, la solución a los viejos retos urgen, pues una sociedad tan desigual y con tanta miseria y dolor es insostenible.

El tema que sigue es quién puede llevar adelante esa agenda. El gobierno actual no da visos de registrar siquiera la profunda crisis que enfrenta. Lo más atrevido que se ha arriesgado a decir es que México está dolido, como si repentinamente le vino una dolencia. México no está dolido. Está, en sus estructuras de poder y proyecto sociopolítico, podrido. La sociedad demanda un nuevo liderazgo que haga realmente política para responder a sus legítimas aspiraciones y no hacer de la política el instrumento para el envilecimiento de la sociedad. El tema cala hondo y uno se pregunta si incluso líderes que no han podido ser señalados como corruptos y son contestatarios, el grueso de la sociedad mexicana los aceptaría.

Alguna negociación habrá que lograrse. El asunto es que ya no podemos, ni debemos aceptar un second best. Hay que ser ambiciosos porque a lo aspiramos es, fundamentalmente, vivir en paz y con mediana equidad, social y económica. Pero ya no hay que escribir a cartas a ningún santo o santos. De esos la sociedad mexicana está harta.

El 2015 debe ser el inicio de una construcción que nos permita legar al 2018 con un nuevo barco. El actual ya se pudrió y cargará con su pesada carga de repudio y desconfianza.

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM
semerena@unam.mx