Opinión

2014

El año que acaba fue mediocre en lo económico. No tan malo como el anterior, cuando crecimos apenas arriba de 1.0 por ciento, pero todavía sin llegar siquiera a 3.0 por ciento que parece ser el mínimo a partir del cual la sensación de estancamiento deja de ser general. Las razones son las mismas de 2013: el mercado exterior (que fue malo en el primer trimestre), la construcción (que no pudo recuperarse sino hasta la segunda mitad del año), y el gasto público (del que seguimos sin entender qué pasa). En 2013 se presupuestó un gasto menor, pero en 2014 no sólo hubo un incremento notorio, sino un déficit muy elevado, que se supondría serviría para impulsar la economía. No se vio. Tal vez al final del año se note algo, pero todavía es poco.

En cuanto a la estrategia, 2014 fue un gran año. Se terminó el proceso de reformas iniciado desde 2012. Como hemos dicho varias veces, no hay reforma perfecta, y menos si se trata de una docena de ellas, algunas sumamente complicadas técnicamente y otras que afectan el “alma nacional”. O más claramente, los privilegios de millones de personas, desde multimillonarios hasta empleados menores.

El impacto de esas reformas ya se nota: se generó un millón de empleos precisamente porque la reforma laboral permite contrataciones por horas o por temporadas; las tasas de interés de los créditos bajan; los costos de telecomunicaciones, igual, además de las pérdidas multimillonarias de los empresarios que están dejando de tener tantos privilegios. Varias empresas anuncian que producirán electricidad, los gasoductos están en proceso. Los maestros se están evaluando y censando, a pesar de las barbaridades de algunos de ellos.

Pero si usted es negativo, como millones de mexicanos, puede quejarse de que no baja el costo de su celular como quisiera, o de que Slim y Azcárraga siguen teniendo miles de millones de dólares, o que la educación en México no mejora, o que los empleos generados no son buenos. Puede usted sufrir como guste.

Lo más complicado de 2014 empezó en el último trimestre, cuando el crimen organizado secuestró y posiblemente asesinó a 43 estudiantes normalistas que habían sido movilizados por sus líderes a terrenos muy riesgosos. Además del repudio natural a un crimen de esa magnitud, ha surgido un movimiento que lo aprovecha para cuestiones políticas. Así como persiguieron a Calderón tres años reclamando un imaginario fraude electoral, y luego otros tres gritando “no más sangre”, ahora quieren perseguir a Peña Nieto gritando “fue el Estado”. Es inútil llamar a la razón a quienes son fanáticos.

Llegamos al final de 2014 con la suma de la polarización de 2006 y la reacción antimoderna de 1994. Una lástima, porque los beneficios de las decisiones previas empiezan a sentirse, y porque buena parte del país ya se mueve al futuro. Una lástima que el eje Lázaro Cárdenas-ciudad de México-Chilpancingo sea interpretado por algunos como si fuese el país entero, cuando sólo se trata del natural y anacrónico sainete que repite tragedias pasadas, siguiendo a su apreciado Marx.

Es decir que más allá de lo que usted vea en este triángulo, magnificado por los propagandistas, el país ha tomado ya el camino correcto, y eso empieza a notarse. Dejemos atrás los mitos del “pueblo bueno”, la “Revolución”, el “México profundo”, y cuentos similares. Ya nos costaron un siglo, que no nos cuesten otro.

Twitter: @macariomx