Opinión

2014, el año de las prisas


 
 
 
De cara al próximo año, el presidente Enrique Peña Nieto encara la urgencia de resultados de las reformas aprobadas en este 2013, que hoy llega a su fin.
 
Si bien es cierto que las reformas hacendaria y de transparencia debían ofrecer resultados casi inmediatos, otras como la educativa y la energética, considerada la “madre de todas las reformas’’, ofrecerán resultados en el mediano plazo.
 
En el caso de la energética, la propaganda oficial deja ver que los resultados están a la vuelta de la esquina cuando el propio jefe del Ejecutivo reconoce que los primeros beneficios de las adecuaciones constitucionales en la materia se verán probablemente en 5 años.
 
Más empleos y mejor pagados, reducción de los precios de electricidad y gasolinas, se promocionan constantemente en los medios electrónicos como una panacea.
 
Pero los resultados tardarán meses, años en notarse, pues aún falta la discusión de un complejo entramado de las leyes secundarias, de la conformación de los organismos que supervisarán que éstas se cumplan, del armado de las licitaciones.
 
Por eso Peña tiene la obligación casi inmediata de, primero, enviar a la Cámara de Diputados las iniciativas de las leyes secundarias en materia energética y, segundo, de que esta reforma arroje beneficios tangibles para la población en el menor tiempo posible.
 
Para el primer pendiente, Peña puede recurrir, como ya se ha estado ventilando, a la llamada “iniciativa preferente’’, ese derecho con el que cuenta el Ejecutivo para enviar dos iniciativas al inicio de cada periodo ordinario de sesiones que tendrán que ser necesariamente discutidas y votadas por los legisladores en el mismo periodo.
 
Es decir, que si Peña decide utilizar esa facultad estaría enviando el 1 de febrero las iniciativas de leyes secundarias en materia energética y éstas deberán ser aprobadas en marzo próximo.
 
Así se le ganarían varios meses a la aplicación de la reforma.
 
Pero hasta el momento no se sabe si Peña acudirá a esta facultad; sobre todo porque el Pacto por México, el famoso espacio de discusión entre fuerzas políticas, pasó a mejor vida aunque no ha sido enterrado.
 
Lo cierto que si este 2013 fue el año de las reformas, el 2014 debe ser el de los resultados.
 
Y de prisa, porque la gente se impacienta.
 
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El movimiento zapatista cumple 20 años de haber irrumpido en la escena nacional, sin que las causas facilitaron su origen hayan cambiado del todo y sin que éste grupo haya podido ayudar a cambiar el entorno que lo vio nacer.
 
El mérito del zapatismo fue hacer que la sociedad y el gobierno voltearan la mirada hacia zonas y grupos marginados del desarrollo.
 
Se expidieron leyes, se creó una dependencia para atender las necesidades de los grupos indígenas, se les construyeron casas y hospitales –abandonados en su mayoría–, pero la situación, a 20 años de distancia, no ha cambiado radicalmente.
 
En parte, debido a la cerrazón de los propios dirigentes del movimiento –“Marcos’’, entre ellos–, que aislaron a los indígenas de las políticas públicas convirtiéndolos precisamente en lo que se supone querían evitar: clientelas políticas.
 
Los llamados territorios rebeldes no son sino comunidades de aleccionamiento, lejos de todos los servicios y bienes públicos que pudieran significar progreso para la población.
 
Veinte años después, “Marcos’’ dice que “sigue haciendo frío’’. Por supuesto, simplemente porque él ha evitado que lleguen las cobijas.
 
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Feliz año a todos nuestros lectores. Gracias por su compañía en este 2013 y que el 2014 permita que nos reencontremos en este espacio. Otra vez, gracias.