Opinión

2014: año complejo para las familias


 
Las perspectivas de crecimiento de la economía para este año, tanto de especialistas y autoridades como de la población en general, a juzgar por los índices de confianza del consumidor, se han deteriorado sustancialmente. Las causas han sido ampliamente analizadas: los problemas de la economía de Estados Unidos y la falta de recuperación de la mundial; el deficiente ejercicio del gasto público, en especial de la inversión en infraestructura; la crisis en el sector vivienda, consecuencia del cambio de políticas en la materia; y los efectos de los desastres naturales de los últimos meses, entre otras.
 
La información disponible más reciente confirma esa tendencia. Según el INEGI, a septiembre la producción industrial disminuyó 1.6 por ciento a tasa anual, con lo que acumuló una contracción de 0.9 por ciento en lo que va del año. La construcción continuó en caída libre: en septiembre se redujo 8.3 por ciento, casi el doble de la acumulada en enero-septiembre (-4.5 por ciento). En ese contexto, la noticia menos mala es que la industria manufacturera mantuvo un ritmo de crecimiento positivo y estable (ligeramente superior a 1 por ciento). De acuerdo con estimaciones de GEA, Grupo de Economistas y Asociados, se confirma que en 2013 el crecimiento de la economía sería del orden de 1.3 por ciento, cifra inferior a la última proyección de la SHCP (1.8, dada a conocer en agosto). Ello supone que la recesión en la actividad industrial (-0.3 por ciento en el año en su conjunto) se compensaría por el crecimiento de los sectores agropecuario (0.6) y, sobre todo, del sector servicios (2.3). Así, este año sería de los peores en materia de crecimiento en los últimos 20 años y sin una crisis de por medio.
 
 
Para 2014 se anticipa una recuperación. El PIB aumentaría 3 por ciento con los siguientes crecimientos sectoriales: industria 2.9; agropecuario 3.3; y servicios 3.2 por ciento. Ello estaría impulsado por un mayor gasto del sector público. De hecho, GEA estima que el consumo público aumentaría 2.2 por ciento y la inversión casi 8 por ciento. En contraste, el consumo privado se incrementaría 1.9 y la inversión de este sector menos de 4 por ciento.
 
 
Ello sería consecuencia de varios factores. El gobierno “extraería” recursos –vía impuestos, derechos y precios de los bienes y servicios que proporciona– del sector privado como resultado de los cambios fiscales; sin embargo, esos recursos, aunados a los que se generarían por un mayor déficit fiscal –y el consecuente aumento de la deuda–, se “reintegrarían” a la economía por el aumento del gasto (de operación y de inversión) del sector público. Se estima que en 2014 la inyección neta de recursos a la economía será de 164 mil millones de pesos, equivalente a 1 por ciento del PIB, en relación con 2013.
 
 
Aunque el crecimiento económico del próximo año será mayor al de 2013, ello no se traducirá en mayor bienestar para los consumidores y sus familias, en la medida que dispondrían de menores recursos para gastar, sobre todo en bienes duraderos (automóviles, electrodomésticos, etc.), al tener que destinar una mayor proporción de su ingreso a la adquisición de bienes básicos (alimentos, vivienda, transporte, etc.). A eso se sumaría el impacto inflacionario por los aumentos de precios de diversos productos como: refrescos, productos “chatarra”, gasolinas, etc. lo que mermaría su poder adquisitivo.
 
 
La mayor derrama de recursos del gobierno favorecerá a los empleados públicos y a algunos segmentos de la población vinculados con la proveeduría de bienes y servicios a los gobiernos federal, estatales y municipales, así como con la inversión pública, sobre todo en infraestructura. De aprobarse el Presupuesto de Egresos de la Federación de acuerdo con la propuesta del Ejecutivo, el gasto administrativo del gobierno registraría el mayor incremento de los últimos 15 años, mientras que la inversión en comunicaciones y transportes sería casi 30 por ciento superior a la de 2013. Previsiblemente, el balance neto será un aumento del descontento social, al ver que la economía crece pero el bolsillo de deteriora.