Opinión

2013


 
 
 
Creo que los dos grandes acontecimientos políticos de 2013, por sus implicaciones culturales y económicas de largo plazo, son las reformas educativa y energética. La primera porque puede modificar el “chip cultural” de una sociedad acostumbrada al clientelismo y el paternalismo estatal y transformarla en una donde el progreso social se base en el mérito y la igualdad de oportunidades.
 
La segunda porque puede detonar el crecimiento económico y volver a México parte de una de las transformaciones más relevantes del siglo 21, la de América del Norte como la región más grande de energía del planeta.
 
Otras reformas son relevantes, pero no de la magnitud de las anteriores. Por ejemplo, la reelección legislativa alterará el funcionamiento de los poderes legislativos y estimulará una mayor rendición de cuentas y congresos más profesionales. La autonomía de la Procuraduría General de la República (PGR) que se convertirá en la Fiscalía puede ser un insumo para despolitizar la procuración de justicia y combatir la impunidad. Pero aun esos cambios profundos no son de la magnitud de las reformas educativa o energética.
 
Sin embargo, para que esas dos reformas “madre” sean significativas y transformadoras del futuro de México requieren una ejecución pulcra, oportuna, metódica y que supere los grandes obstáculos políticos que se vislumbran en el horizonte. El reformismo de 2013 fue uno de papel pero falta la ejecución que puede desviar el proyecto original. En el caso de la educativa, por ejemplo, ya hay problemas de implementación. Aunque las nuevas leyes establecen sanciones para los profesores que incumplan sus obligaciones como las de asistir a enseñar de forma cotidiana, algunos gobernadores ya han fallado en simplemente aplicar la ley.
 
Hace un par de semanas el titular del Ejecutivo convocó a todos los gobernadores del país para firmar un compromiso de cumplir la ley y garantizar la implementación de la reforma educativa en cada una de las entidades. Increíble que se firme un documento para acatar algo que los gobernantes deben hacer porque así juramentaron el día que asumieron el cargo. Muy pronto, la reforma educativa puede estancarse y fracasar si no se garantiza un cumplimiento escrupuloso de las leyes.
 
Respecto a la energética el mayor reto es garantizar que sus beneficios sean para todos, como reza la propaganda del gobierno y evitar que su ejecución sea una nueva oportunidad para la corrupción y el abuso, como ocurrió durante la última bonanza petrolera a fines de los años setenta.
 
Es un reto complejo porque durante décadas el sistema de contrataciones petroleras ha estado contaminado por el soborno y la opacidad y porque los órganos reguladores del sector energía requieren mayor fortaleza y autonomía y algunos nuevos apenas nacerán. El caudal de nueva regulación energética --desde las leyes secundarias hasta el diseño de las nuevas modalidades de contratos-- es un reto formidable de capacidad técnica del gobierno.
 
A partir de la primera semana de enero el gobierno enfrentará un reto mayor. Que cada acción sea una concreción de las reformas hechas en 2013, sin excepciones políticas cómo ocurrió en el caso de la educativa durante este año. Como ya no hay Pacto que cuidar, puede ser más fácil. Pero enfrentará mayor estridencia de sus antiguos aliados y la sombra electoral de 2015.