Opinión

19-S: 1985-2017

    
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1.- Treinta y dos años no han pasado en balde. Hubo menos daños ahora que en 1985, porque se ha desarrollado una cultura de protección civil, además de que los nuevos edificios se construyeron con normas más estrictas y son más resistentes. Pero es igualmente cierto y relevante que los daños son menores porque la intensidad del sismo fue menor: 7.1 vs. 8.1.

2.- Frente a la adversidad, la resiliencia y solidaridad han sido, como en 1985, extraordinarias. Admirados y orgullosos estamos todos. Hay una memoria colectiva que se expresó en la participación masiva de jóvenes que tomaron la iniciativa en las labores de rescate.

3.- Sin embargo, la madre naturaleza no perdona ni a los descendientes de Quetzalcóatl ni a los hijos de la Virgen de Guadalupe. Y la técnica y la ciencia también tienen límites infranqueables. La alarma no sonó preventivamente por la proximidad del epicentro. Así que si esa cercanía se hubiese conjugado con una intensidad de 8.2 o más, cosa que no es imposible, la Ciudad de México estaría devastada y plagada de cadáveres.

4.- Esto es algo que hay que asimilar cabalmente. Las zonas de la ciudad que están construidas en las partes lacustres son, por definición, mucho más peligrosas. Y aunque no se pueden comparar con un asentamiento irregular, es una realidad que hubiera sido más prudente y racional evitarlas. Lo que procede es un replanteamiento urbano en el mediano y largo plazos que aborde este problema.

5.- En 1985 no sólo se colapsó una buena parte del Dstrito Federal, también se quebró la estructura de dominación y hegemonía priista en la ciudad. Los movimientos de damnificados rebasaron al gobierno y a las organizaciones vecinales del PRI. Surgieron nuevo liderazgos y agrupaciones. Para no ir más lejos, Dolores Padierna y Rene Bejarano son botones de esos vientos.

6.- Los movimientos de damnificados se transformaron posteriormente en organizaciones populares de colonos, que reivindicaban el derecho a la vivienda y obtuvieron sonoros éxitos. La victoria de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal, el 6 de julio de 1988, se nutrió, en buena medida, de esos afluentes. El sismo, la quiebra de hegemonía priista y la alternancia son diferentes aristas de un mismo proceso.

7.- La posterior hegemonía del PRD en la Ciudad de México se asienta justamente en la crisis que se abrió con el temblor de 1985. El corporativismo y el clientelismo fueron reciclados, no eliminados. El ascenso de Morena se está cimentando en el desplazamiento de ese tipo de organizaciones y liderazgos, notablemente Padierna y Bejarano.

8.- Lo que hoy estamos viviendo en la Ciudad de México se parece, pero no es igual a 1985. Entre otras cosas por las zonas afectadas, que hace 32 años eran mucho más populares. Pero dicho eso, todo indica que la actual movilización tendrá efectos sociales y políticos relevantes. Sólo que el blanco de los mismos no será el PRI, que ya no es el partido hegemónico, sino el nuevo orden político, que puede ser definido como el dominio de la partidocracia.

9.- No es casual, amén de la proximidad del proceso electoral y el enorme monto de recursos que se destinarán a los partidos, que la protesta social se esté concentrando en los excesos y dispendios que ocurren en las campañas. El presupuesto del INE y los partidos es insultante.

10.- Es imposible hacer vaticinios. Pero la inconformidad social contra la corrupción y la impunidad, que tiene una dimensión nacional difusa, está experimentando una catarsis en la Ciudad de México, que podría convertirse en un detonador nacional.

11.- Lo relevante es tener claro que los partidos y los liderazgos políticos no se suman por convicción, sino por oportunidad. El rechazo de la ley Kumamoto, hace unos meses, contrasta con el presunto consenso, hoy, para suprimir el financiamiento público de los partidos.

12.- Pero hay que ir más allá fijando una agenda más amplia: fiscal autónomo, fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción, consejo fiscal independiente, reducción del número de diputados y senadores, simplificación administrativa, reducción y reestructuración del gasto público, revisión de la política de subsidios, etcétera.

Corolario simple y claro: La partidocracia no se reformará motu proprio, sino por presión ciudadana.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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