Opinión

18 de marzo: quiten la Fuente de Petróleos, porfa

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Fuente de Petróleos

Circulo con regularidad por el cruce de Anillo Periférico y Paseo de la Reforma, donde se encuentra la Fuente de Petróleos. El gobierno del Distrito Federal dice que por ese cruce circulan diario 200 mil vehículos. A mí me parecen pocos, pero eso fue lo que dijo el director de Obras Concesionadas del gobierno capitalino cuando Miguel Mancera reinauguró la fuente en abril de 2013.

Es curioso que la Fuente de Petróleos, que conmemora monumentalmente y con influencia comunista la expropiación petrolera, haya sido reinaugurada en plena conformación del Pacto por México y cuando se daba por hecho que la reforma energética habría de ser el punto culminante de la agenda del presidente Enrique Peña Nieto. Hoy es el primer 18 de marzo que tenemos en la avenida más importante del país un monumento conmemorando un suceso rebasado, que tiene muy bien pulidas las letras doradas que refieren el decreto expropiatorio de 1938.

De acuerdo a Google Maps, en línea recta hay dos kilómetros de distancia entre la residencia oficial de Los Pinos y la Fuente de Petróleos. Su sola presencia en el vecindario de la casa del presidente es un infortunio para él. La fuente es un recordatorio hostil e innecesario, en un lugar privilegiado, del error expropiatorio de Lázaro Cárdenas.

La Fuente de Petróleos fue proyectada por el escultor Juan Fernando Olaguíbel Rosenzweig, un artista de la Revolución a quien un día en la revuelta le dieron un tiro de gracia, pero no le atinaron… En Wikipedia, sin citar fuentes, se lee sobre su escultura: posee un cuerpo “central formado por torres petroleras y un ferrocarril, alrededor del cual se encuentra un grupo que muestra a tres obreros perforando un pozo, y a su lado un obrero en postura altiva. En el lado sur el grupo muestra a un indígena arrodillado, humillado por la carga de la dependencia económica en medio de exuberante vegetación tropical; a su lado y tendiendo la mano para redimirlo y salvarlo, un obrero que lleva en sus manos el texto de la ley del 18 de marzo de 1938. A su lado el trabajador intelectual, con camisa y planos en la mano, y entre éste y el obrero manual se levanta airosa la monumental Victoria, desnuda, a cuyos pies surge un chorro de agua que mana hacia la fuente, como petróleo derramado”.

Parece que va siendo hora de que alguien (¿Pedro Joaquín Coldwell?, ¿Miguel Ángel Mancera?) proponga un cambio para este monumento. En realidad lo ideal sería que lo desmantelaran y pusieran ahí otra cosa, una escultura de Javier Marín, mínimo; o si se desea otro monumento, pues uno que recuerde nuestro cuidado al medio ambiente o a la Tierra. Los símbolos cuentan, y mucho. Ojalá no termine este sexenio con esta escultura intacta.

Twitter: @SOYCarlosMota

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