Opinión

150 mil millones
adicionales para el fisco

De situaciones adversas puede derivar cosas muy positivas. Tal podría ser el caso de las telecomunicaciones y su relación implícita con las finanzas públicas, en particular con la caída de los precios del petróleo.

De los muchos aspectos positivos de la reforma de telecomunicaciones de 2013 y 2014, uno de los temas más cuestionados es el de la banda de 700 MHz. La razón es muy sencilla: México adoptó un modelo de negocios para esta banda, la de más potencial a nivel mundial en materia de telecomunicaciones, que implica: a) que se le mutile en su capacidad de uso pues no se podrán dar servicios a los usuarios finales; b) que el Estado no pueda licitarla y obtener ingresos, en cálculos conservadores, por arriba de los 10 mil millones de dólares, y c) en cambio, que el Estado deba hacer erogaciones por varios miles de millones de pesos para asegurarse la instalación y operación eficiente y permanente de la red que opere en dicha banda.

Se estatizó un activo fundamental no obstante que el modelo en telecomunicaciones adoptado por nuestro país se sustenta en la inversión de los particulares y la sana competencia entre éstos.

La caída en los precios internacionales del petróleo podría cambiar las cosas respecto de la banda de 700 MHz, para bien. Para ello, habría que partir de la declaración hecha hace unos días por el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en el sentido de que la caída en los precios de la mezcla mexicana de crudo, no daría lugar a incrementos en el déficit público, no se elevarían los impuestos ni la deuda pública. La opción asumida por el Gobierno –responsable y plausible- será la de disminuir el gasto público, de ser necesario.

En lo que va del año, el precio del petróleo mexicano ha caído por debajo de los 40 dólares por barril cuando su valor estimado en el presupuesto federal era de 79 dólares para el 2015. Conservadoramente, esto implicará pérdidas de alrededor de 10 mil millones de dólares en el año, que en buena medida serán compensadas (a partir del cuarto trimestre) con las coberturas en el precio del petróleo contratadas previamente por el Gobierno Federal y otros beneficios del mercado y de tipo de cambio.

El problema es que, a decir de los especialistas, los precios del petróleo no subirán en el 2016, y por tanto a partir de ese año ya no se tendrá el beneficio de las coberturas de 2015.

Ante el cúmulo de gastos presupuestales incrementales en materia de telecomunicaciones para los próximos años (entrega de 15 millones de receptores de tv digital, operación de la red nacional de Telecomm, desarrollo de 250 mil centros digitales, instalación y operación de sendas cadenas públicas nacionales de radio y tv, nuevo órgano regulador, inversiones para incrementar la velocidad de Internet al promedio de la OCDE para 2018, etc.), bueno sería considerar un respiro para las finanzas públicas que no sólo implicara dejar de erogar miles de millones de pesos, sino que además le diera ingresos al Estado por arriba de los 10 mil millones de dólares.

Una cuestión de principio y, por tanto, válida en el largo plazo: combinar la selectividad en el gasto público con la libertad económica de los particulares.