Opinión

15 de mayo: Día del pacto entre los ciudadanos y sus maestros

Jennifer L. O’Donoghue*

Mañana, el 15 de mayo, como cada año, celebraremos el Día del Maestro. Habrá desayunos, discursos, regalos y protestas. El gobierno mexicano y los sindicatos tomarán un papel central, los maestros y los niños descansarán, las madres y padres trabajadores se preocuparán por quién va a cuidar a sus hijos y muchos ciudadanos pasarán el día sin pensar mucho en ello.

En Mexicanos Primero, proponemos recuperar el 15 de mayo como un día de reconocimiento y celebración del pacto social entre los ciudadanos y sus maestros. A fin de cuentas, de esto trata la relación. Todos nosotros, tengamos o no hijos, ponemos nuestra confianza en un cuerpo profesional de personas a las que encargamos una tarea fundamental para cualquier sociedad democrática: la formación de las siguientes generaciones.

Este año, en medio del tumulto que ha acompañado la implementación de la reforma normativa, el Día del Maestro es un momento oportuno para pensar de nuevo en esa relación y en nuestra voluntad colectiva para apoyarlos, no un día, sino todos los días del año. ¿Qué es lo que queremos y esperamos de nuestros maestros? ¿Y cómo podemos apoyarlos mejor en su labor?

Una tarea crítica de la reforma educativa, que no ha recibido suficiente atención, es la construcción del “perfil docente”, un planteamiento de lo que la sociedad espera de sus maestros. La Secretaría de Educación Pública, por medio de la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente, publicó, el 3 de marzo, el perfil deseado para los maestros de nuevo ingreso. Consiste en cinco dimensiones que abarcan:

• Conocimientos –de sus alumnos, de la pedagogía y el proceso de aprendizaje, del contexto sociocultural de su escuela y del programa de estudios.
 
• Habilidades –para investigar, planear, incluir a todos, aprovechar el entorno escolar, evaluar, crear ambientes que favorezcan el aprendizaje y comunicarse con diversos actores de la comunidad escolar.

• Actitudes –gusto por el desarrollo personal y profesional continuo, compromiso al derecho de aprender de cada uno de sus alumnos, aprecio de sus responsabilidades cívicas y éticas y respeto por la individualidad de cada persona, así como por la equidad y la empatía.

En menos de dos meses, miles de aspirantes a la profesión participarán en los primeros “Concursos para el Ingreso al Servicio Profesional Docente en la Educación Básica y Media Superior” y estarán evaluados con base en este perfil. Si bien un examen estandarizado no puede captar todos los elementos del maestro que esperamos, qué bueno que ya tendremos un mecanismo de selección con criterios que reflejan el pacto ciudadano-maestro.

Ahora, ¿cómo les brindaremos el apoyo necesario para que puedan lograr lo que se espera –y sentirse confiados en sus propios logros– en la gran tarea de formar a nuestros ciudadanos más jóvenes?

Responder esta pregunta implica iniciar una discusión en la que todos debemos participar. Ofrezco unos puntos para empezar la conversación:

1) La formación inicial: Las Escuelas Normales y Universidades deben asegurar que sus egresados puedan tomar su papel central como profesionales de aprendizaje; hay que actualizarlas y alinearlas con el perfil docente ya vigente.

2) El desarrollo profesional continuo: La evaluación integral y consistente es sólo el primer paso; deben tener acceso a oportunidades significativas de aprendizaje a lo largo de su trayectoria, financiadas con recursos públicos.

3) Las condiciones laborales: Fundamental para el éxito profesional son la organización y el clima laboral, así como el salario digno.

Una “jornada completa” debe incluir tiempo pagado frente a grupo, así como para planear la clase, atender a alumnos y padres, participar en oportunidades de desarrollo profesional y colaborar con colegas.

• Un salario docente digno, con criterios transparentes y educativos, debe recompensar a los maestros por su dedicación a sus alumnos, no a factores externos a las escuelas. Así no necesitarían buscar doble plaza, ni abandonar a las escuelas más marginadas para poder mejorar sus ingresos.

• Cada maestro tiene derecho a contar con un líder pedagógico –director o supervisor– idóneo para el puesto, que le apoye e inspire, dándole retroalimentación y herramientas para mejorar continuamente.

• Como profesionales centrales al proyecto educativo, los maestros deben tener oportunidades para participar, colaborar y tener voz y voto en la escuela.

Celebrar a los maestros empieza con garantizarles las condiciones necesarias para poder tener éxito en el proyecto social más importante, que a ellos les hemos conferido y merece el mayor de los reconocimientos.

*Directora de Investigación, Mexicanos Primero.


Twitter: @jennodjod

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