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Para alimentarse, Asia necesita granjas más productivas

La agricultura en Asia se encuentra en una posición precaria. Los agricultores de la región tienen que lidiar no sólo con el clima extremo, también con las salvajes fluctuaciones en los precios de los productos.
Tomio Shida
28 abril 2015 19:23 Última actualización 29 abril 2015 5:0
Nikkei. Para alimentarse, Asia necesita granjas más productivas.

Las plantaciones japonesas de arroz necesitan expandirse para ser más rentables. (El Financiero)

La agricultura en Asia se encuentra en una posición precaria. Los agricultores de la región tienen que lidiar no sólo con el clima extremo, también con las salvajes fluctuaciones en los precios de los productos. Para enfrentar estos retos, necesitan ser más eficientes.

Masayoshi Honma, profesor de economía agrícola de la Universidad de Tokio, ha estudiado las condiciones agrarias en toda Asia. Señaló que de acuerdo con las estadísticas del Banco Mundial para el año 2008, el PIB per cápita del sector agrícola ascendía a 19 mil 177 dólares en Japón; 6 mil 922 dólares en Corea del Sur; 2 mil 898 dólares en Malasia, y 554 dólares en Tailandia. La cifra en China fue de 292 dólares y menos de 200 dólares en Vietnam y Camboya.

Un argumento frecuente sostiene que las plantaciones japonesas de arroz necesitan expandirse para ser más rentables. En Japón, los productores de arroz cultivan en promedio 1.2 hectáreas de arrozales. En muchos otros países de Asia, el promedio es inferior a media hectárea.

Las economías de escala no son la única necesidad. Los agricultores en muchas partes de Asia también tienen que aumentar la productividad mediante el uso de más fertilizantes y maquinaria.

Elevar la productividad es esencial ante el creciente consumo mundial de alimentos. Un importante factor detrás de esto es China, donde los mayores ingresos están cambiando los hábitos alimenticios e incrementan la demanda de carne de res y cerdo. Esto, a su vez, crea una mayor necesidad de cereales usados como forraje, destinados a la alimentación animal. China, que hoy produce el 50 por ciento de la carne de cerdo del mundo, se ha convertido en un importador neto de soya y maíz.

DEL CAMPO A LA FÁBRICA

En 1972, el Club de Roma, un think tank con sede en Suiza, advirtió que el explosivo crecimiento económico y demográfico podría agotar los recursos finitos del planeta. El informe se titulaba “Los límites del crecimiento”.

Desde entonces, la cantidad de tierra destinada a la agricultura apenas ha aumentado. La industria agrícola ha podido satisfacer la demanda adicional, pero sólo gracias a mejoras en la productividad, desde fertilizantes a nuevas cepas de plantas que producen mayores cosechas.

Según estimaciones de Naciones Unidas, la población mundial superó los 7 mil millones en 2011 y crecerá a 9 mil 600 millones para 2050. La mayor parte de este crecimiento demográfico se dará en Asia y África. Así, a menos que la productividad agrícola mejore en estas dos regiones en especial, la hambruna y la inestabilidad política son un riesgo. Los sueños de un mayor desarrollo económico pueden verse frustrados.

En 2008, la crisis del arroz afectó varias partes del mundo. Un efecto dominó de precios más altos de los commodities y restricciones a la exportación hizo que el precio del arroz se disparara.

Los levantamientos de la Primavera Árabe, que comenzaron en Túnez en diciembre de 2010 y se extendieron por todo Medio Oriente y el Norte de África, se produjeron por los precios de los alimentos.

En la actualidad, los trabajadores agrícolas representan más del 40 por ciento de la fuerza laboral en Vietnam, Camboya, Indonesia, Tailandia, India y China.

Por el contrario, el número de trabajadores del campo en Japón disminuyó de 14.54 millones en 1960 a 2.27 millones en 2014. Esto refleja tanto una notable mejora en la productividad agrícola como un desplazamiento masivo de mano de obra hacia la manufactura y los servicios.

Aunque es imperativo que se modernicen las explotaciones agrícolas de los países asiáticos emergentes, los gobiernos deberían evitar medidas de corto alcance que puedan paralizar el desarrollo.

Un ejemplo de ello: El gobierno de la ex primera ministra de Tailandia Yingluck Shinawatra, quien asumió el cargo en 2011, puso en marcha un plan para comprar arroz a precios hasta 50 por ciento por encima de la cotización de mercado. El gobierno terminó con un inventario de más de 10 millones de toneladas de arroz. El valor de las exportaciones del arroz tailandés - un referente internacional - se desplomó.

Las políticas agrícolas diseñadas principalmente para aumentar los índices de aprobación de un gobierno raramente conducen a la estabilidad. Japón también lucha con esto. Los agricultores que dependen de los subsidios del gobierno no pueden aspirar a lograr un crecimiento sostenido.

Los gobiernos de Asia necesitan liberalizar el comercio agrícola internacional y ayudar a los productores a resistir las fuerzas del mercado mundial. También necesitan garantizar que los agricultores tengan acceso al agua.

Hay dos maneras de ver el precario estado de la agricultura asiática. Por un lado, existen riesgos significativos. Por otro, la propia vulnerabilidad de la industria agrícola de la región sugiere que hay un amplio margen para mejorar y crecer.