New York Times Syndicate

Y pese a todo, Arabia Saudita sigue bombeando petróleo

Pese al descalabro de los precios del petróleo, Arabia Saudita, el mayor productor del mundo, se resiste a bajar su producción, pero atrás de esa decisión hay una estrategia que al final podría ser muy cara para el reino.
Stanley Reed
© 2016 New York Times News Service
05 febrero 2016 19:9 Última actualización 07 febrero 2016 5:0
Los sauditas necesitan un alto nivel de producción para sostener su red de exportaciones, así como a su industria petroquímica y a sus refinerías. (Bloomerbg)

Los sauditas necesitan un alto nivel de producción para sostener su red de exportaciones, así como a su industria petroquímica y a sus refinerías. (Bloomerbg)

Llámenlo el cálculo saudita.

Los precios del petróleo ya se estaban hundiendo hace 14 meses cuando, por insistencia de Arabia Saudita, la OPEP puso sobre aviso a la industria mundial del petróleo: los países miembros no tratarían de subir los precios, reduciendo la producción.

“No queremos entrar en pánico”, les dijo Abdala el Badri, el secretario general de la OPEP, a los reporteros en la reunión que sostuvo la organización en noviembre del 2014, en Viena. “Queremos ver cómo se comporta el mercado”.

Desde entonces, el mercado se ha comportado en una forma que pocos podrían haber pronosticado, incluida Arabia Saudita, el mayor exportador de petróleo del mundo. El precio del petróleo se ha colapsado bajo el peso de una superabundancia internacional en aumento, que ha empeorado por el crecimiento más lento de la economía mundial.


Y, no obstante, los sauditas siguen bombeando petróleo prácticamente a toda su capacidad. Y han persuadido a sus aliados del golfo Pérsico en la OPEP, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, a que hagan lo mismo, sin importar la creciente presión de otros grandes miembros de la organización para que reduzcan la producción.

Es una estrategia arriesgada; una que ya está tensando las finanzas sauditas y amenazando a la capacidad del reino para seguir proporcionando programas sociales generosos, como el subsidio a la vivienda y la energía barata, que la familia real ha utilizado de tiempo atrás para comprar la tranquilidad interna.

El petróleo genera más de 70 por ciento de los ingresos del gobierno saudita. Y, aun cuando los sauditas todavía tienen alrededor de 630 mil millones de dólares en reservas financieras, las están gastando en una proporción de 5 mil millones a 6 mil millones de dólares mensuales, según Rachel Ziemba, una analista en Roubini Global Economics en Nueva York.

Sin embargo, hasta ahora, Arabia Saudita, esencialmente, le está apostando a que puede ganar la guerra de los precios del petróleo, no sólo en contra de sus rivales en la OPEP, como Irán, Irak y Venezuela, sino, también, en contra de los que no están en ella, como Rusia, y los muchos productores de shale en Estados Unidos que han contribuido al exceso mundial.

Los sauditas arguyen que ahogar de nuevo la producción petrolera para reforzar el precio por poco tiempo sería lanzarles un salvavidas a los productores estadounidenses, algunos de los cuales ya han mostrado signos de estar languideciendo en el entorno actual.

Los productores de petróleo ya bajaron su cuenta en las plataformas en Estados Unidos, a medida que se propagan las bancarrotas en la franja petrolífera. Sin embargo, la producción diaria ha seguido resistiendo a medida que los pozos que persisten se hacen más eficientes.

Encima de todo esto, Irán puede incrementar sus exportaciones ahora que se han levantado parcialmente las sanciones occidentales, por lo cual podría elevar su producción diaria muy por arriba del nivel actual de 2.9 millones de barriles diarios.

Con el mundo inundado de petróleo, los sauditas temen que no se conseguiría nada con la reducción de la producción, como no fuera la erosión de su propia parte del mercado, la cual es de uno de cada nueve barriles que se producen en todo el mundo.

“Aunque los precios sigan siendo bajos, podremos soportarlo por mucho, mucho tiempo”, dijo hace poco Jalid al Falih, el presidente de Saudi Aramco, la compañía petrolera nacional del reino, en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

Tan audaz o, incluso contraproducente, como podría parecer el enfoque saudita, se trata de una política que surgió del pragmatismo. Los sauditas también necesitan un alto nivel de producción para sostener su red de exportaciones, así como a su industria petroquímica y a sus refinerías.

“Para poder mantener una economía eficiente, en términos de inversiones, no puedes estar subiendo y bajando tu producción en medio millón de barriles cada vez que el mercado requiera apoyar los precios”, dijo Sadad al Huseini, quien fuera vicepresidente ejecutivo de Saudi Aramco, y hoy maneja Huseini Energy, una consultoría con oficinas en Baréin y Arabia Saudita.

No obstante, los sauditas saben que les esperan tiempos duros y que son vulnerables a causa de su dependencia en el petróleo.

Los precios del petróleo a la baja han destruido los ingresos por las exportaciones que impulsaron al crecimiento económico en Arabia Saudita y otros países del golfo Pérsico en lo últimos años. El reino saudita está mirando cómo aumenta el déficit presupuestario y enfrenta al espectro de una recesión económica.

El gobierno saudita ya ha tenido que reducir algunos de sus generosos subsidios sociales, y hace poco incrementó los precios al consumidor de la gasolina. Y, con la esperanza de encontrar una forma nueva de monetizar sus activos petrolíferos y empezar a diversificar su economía dependiente del petróleo, el reino hasta ha planteado la idea de una oferta pública de acciones de Saudi Aramco.

“Hasta donde yo sé, la estrategia no está funcionando”, dijo Nordine Ait Laoussine, quien fuera ministro de energía de Argelia, otro miembro de la OPEP, sobre el compromiso saudita de mantener elevada la producción petrolera.

El Badri, el secretario general de la OPEP, quien es libio, ha observado, evidentemente, el comportamiento del mercado el tiempo suficiente. Hace poco, llamó a realizar un esfuerzo colectivo para reducir la superabundancia petrolera mundial.

“Es crucial que todos los grandes productores se sienten para encontrar una solución a esto”, dijo en un discurso que dio en Chatham House, una institución de investigación en Londres.

Venezuela ha estado presionando para que se haga una reunión de emergencia de los miembros del cartel.

Sin embargo, los sauditas siguen firmes. “Nuestras inversiones en capacidad de petróleo y gas no se han reducido”, dijo Al Falih, el presidente de Saudi Aramco.

No obstante, aunque los sauditas están consumiendo sus reservas financieras, no hay peligro de que las agoten pronto.

Debido a eso, Bhushan Bahree, un analista de la OPEP en la consultoría en energía IHS Energy en Washington, espera que los sauditas mantengan el rumbo.

Si Arabia Saudita reduce la producción por cuenta propia, dijo Bahree, “¿Qué sigue después? Irán produce más; Irak produce más. ¿Entonces, qué hicieron? Hacer subir el precio temporalmente, pero perdieron una parte del mercado, la cual podrían tener dificultades para recuperar”.

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