New York Times Syndicate

Viktor Orban, de activista prodemocrático a líder autoritario

Después de dirigir a su partido derechista a una serie de victorias electorales nacionales y locales, Viktor Orban está centralizando rápidamente el poder, reprimiendo a la disidencia, ampliando los lazos con Moscú y trazando incómodas comparaciones entre los líderes occidentales. 
Rick Lyman, Alison Smale
22 noviembre 2014 19:3 Última actualización 23 noviembre 2014 4:50
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Viktor Orban

Viktor Orban. (New York Times)

BUDAPEST.- Hace un cuarto de siglo, mientras Hungría ayudaba a encender los acontecimientos que conducirían al colapso del comunismo, la agitación produjo a una nueva estrella política. Viktor Orban tenía 26 años de edad entonces y era un graduado de derecho con cabello largo.

En junio de 1989, cinco meses antes de la caída del Muro de Berlín, encendió una conmemoración de la fallida rebelión de 1956 contra Moscú con un audaz llamado a elecciones libres y una demanda de que 80 mil tropas soviéticas se fueran a casa. Ahora, cuando se conmemoró recientemente el vigésimo quinto aniversario de la caída del Muro de Berlín, Hungría es miembro de la OTAN y de la Unión Europea y Orban está en su tercer mandato como primer ministro. Pero lo que alguna vez fue un proceso que podría haber representado el triunfo del capitalismo democrático ha evolucionado en un relato mucho más complejo de un país y un líder que en el tiempo transcurrido desde entonces ha llegado a cuestionar los valores occidentales, fomentado el nacionalismo y mirado más abiertamente a Rusia como modelo.

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EL ÚNICO PUTINISTA DE LA UE

Después de dirigir a su partido derechista a una serie de victorias electorales nacionales y locales, Orban está centralizando rápidamente el poder, elevando a una camarilla de oligarcas compinches, reprimiendo a la disidencia, ampliando los lazos con Moscú y, en general, trazando incómodas comparaciones entre los líderes occidentales y oponentes internos con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin.

“Él es el único putinista que gobierna en la Unión Europea”, dijo Joschka Fischer, el ex ministro alemán de relaciones exteriores.

Algunos otros países de Europa Oriental, especialmente Polonia, han permanecido orientados hacia Occidente y siguen albergando profundas sospechas de Rusia mucho después del fin de la Guerra Fría.

Pero Hungría es uno de varios países en la ex esfera soviética que ahora están divididos entre los métodos occidentales que parecían en ascenso inmediatamente después de la caída de la Unión Soviética y la recuperada influencia de la Rusia de hoy. El dinero, la cultura y los recursos naturales siguen atando a la mayoría de los países regionales con Rusia tan estrechamente como con Europa.

El nacionalismo combativo de Putin es más popular aquí que lo que muchos ven como la esclerosis democrática occidental. Orban ha expuesto una visión filosófica y una justificación para su enfoque de inclinación autoritaria que sugiere un compromiso a largo plazo con el plan de convertir a Hungría en algo diferente de lo que Occidente anticipó cuando la Cortina de Hierro colapsó y el Muro de Berlín cayó.

En un discurso este verano, Orban declaró que la democracia liberal estaba en declive y elogió a las “democracias iliberales” autoritarias en Turquía, China, Singapur y Rusia.

Basó sus opiniones en lo que describió como los fracasos de los gobiernos occidentales para anticipar y hacer frente adecuadamente a la crisis financiera que comenzó en 2008 y la subsecuente profunda recesión. Llamó a ese periodo la cuarta gran sacudida del siglo pasado – siendo las otras la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y el fin de la Guerra Fría – y el ímpetu para lo que llamó la lucha clave de hoy: “una carrera para inventar un Estado que sea más capaz de hacer exitosa a una nación”.

Viktor Orban. (New York Times)
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ROMPIENDO CON DOGMAS E IDEOLOGÍAS DE OCCIDENTE

Las democracias occidentales, dijo, “probablemente serán incapaces de mantener su competitividad mundial en las próximas décadas y más bien descenderán a menos que sean capaces de cambiar de manera significativa”, dijo Orban en el discurso, según una traducción al inglés en el sitio web del gobierno. Hungría, dijo, estará “rompiendo con los dogmas y las ideologías que han sido adoptadas por Occidente”, y más bien construirán un “nuevo Estado húngaro” que será “competitivo en la gran competencia mundial en las décadas por venir”.

Lograr esa visión requerirá posturas más firmes hacia las fuerzas externas, incluidas las organizaciones no gubernamentales, la Unión Europea, y los prestamistas e inversionistas extranjeros, dijo.

Apenas en 2008, Orban era un fiero crítico de Putin. Pero el tono ha cambiado, y los dos se han vuelto amigos, y Rusia ha invertido fuertemente en Hungría. “Orban es un populista que actúa, no solo habla”, dijo Peter Kreko, director del Instituto de Capital Político en Budapest, una organización de investigación independiente. Como resultado, añadió, Hungría “puede servir como modelo de rol en Europa Oriental”, seduciendo a países como Rumania y Bulgaria a seguir un camino autoritario. La única diferencia entre Orban y los autoritarios en otros países, dijo Kreko, es que “cuando se vuelven hacia Occidente, ellos tratan de sonreír, y Orban ni siquiera lo intenta”.

El gran centro de Budapest, con sus palacios iluminados que titilan en el Danubio, sus sofisticadas cafeterías, atestados teatros y calles llenas de turistas, delata poca sensación de una intranquilidad autoritaria. Sin embargo, detrás de las boutiques de diseñador, artistas jóvenes y en apuros se preocupan de cuándo sería suspendido su financiamiento estatal si no tocan la nota adecuada, y grupos vigilantes del gobierno sufren ataques en los medios controlados por el Estado mientras esperan ansiosamente la llegada de investigadores.

Viktor Orban. (New York Times)

CONTRASTES

En el oeste de Hungría, las plantas automovilísticas alemanas y otras inversiones extranjeras crean lo que parece un estilo de vida euroccidental. Pero la sensación es bastante diferente en el este rural, donde las familias pobres, muchas de ellas gitanas, trabajan afanosamente en uno de los proyectos de obras públicas de Orban o languidecen con la esperanza de que la economía mejore.

Incluso la iconografía de Budapest ha adoptado el sello de Orban, ejemplificado por una muy ridiculizada estatua develada el verano pasado cerca del Parlamento que muestra a un águila alemana atacando a un ángel, que se supone representa al pueblo húngaro; ampliamente vista como un intento por parte de los nacionalistas húngaros para encubrir la alianza del país con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Los subordinados de Orban en el partido gobernante, Fidesz, al cual controla firmemente, dicen que él no ha cambiado de ser el agitador anticomunista del pasado y que las denuncias de una dictadura incipiente son fantasías de la izquierda.

“Es el mismo topo que era hace 25 años”, dijo Zoltan Kovacs, el vocero internacional del primer ministro. “Quiere deshacerse de las actitudes, los restos del anterior sistema; deshacerse de la actitud de que la gente viva de la ayuda social en vez del trabajo”.

Incluso sus críticos más severos admiten que Orban no se ha acercado siquiera a lo que ha hecho Putin para silenciar a sus oponentes. Nadie ha sido metido en prisión por criticar al gobierno. No ha habido una censura abierta. Se dejó seguir adelante a las recientes protestas masivas contra un propuesto impuesto al Internet, y terminaron obligando a Orban a retractarse. Sin embargo, las críticas extranjeras están aumentando.

Cuando el Presidente Barack Obama enlistó recientemente a los Estados que están silenciando a grupos de la sociedad civil, Hungría fue el único país europeo mencionado. Washington ha proscrito a seis funcionarios públicos no identificados, considerándolos demasiado corruptos para entrar en Estados Unidos. Después de las primeras elecciones libres en 1990, Orban fue uno de varios personajes que habían ayudado a derrocar al comunismo que disputó el poder y la influencia. La mayoría de los húngaros, como otros en Europa Central y Oriental, tenían expectativas poco realistas de una vida buena y rápida bajo la democracia y el capitalismo.

Acogieron la pertenencia a la OTAN, que en 1999 se dio con el inmediato deber de oponerse a Rusia y combatir en la guerra por Kosovo. Se enojaron por las prolongadas negociaciones pero, como otras siete naciones del ex bloque soviético, dieron la bienvenida a la pertenencia a la Unión Europea en 2004.

Los húngaros quizá sintieron las penurias de la transición más amargamente que la mayoría porque habían vivido mejor que muchos otros en el bloque soviético bajo el comunismo. Hungría tuvo un “comunismo goulash”, dijo Balint Ablonczy, editor de política nacional de la publicación pro-gubernamental Heti Valasz.

La democracia liberal trajo consigo libertad de expresión, pero también la pérdida de empleos y de una sensación de seguridad, dijo.

Incluso algunos simpatizantes conservadores son ligeramente cautelosos del grado al cual Orban ha reunido sistemáticamente poder: llenando los tribunales y la oficina del procurador general de gente leal a él, alterando la Constitución y las leyes para que domine su partido. “Se postuló como alguien que uniría a los dos bandos en la política húngara, pero cuando ganó dijo, no, es hora de la derecha, hora de la venganza contra la izquierda”, dijo Ablonczy. “Para él, la política es pelear. Yo soy un hombre de derecha, pero mi desilusión más profunda con este gobierno es esta lógica de siempre estar peleando”.

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