New York Times Syndicate

Una verdad incómoda sobre el comercio electrónico

El comercio electrónico ha empujado a que decenas de empresas luchen por hacer entregas cada vez más rápidas para satisfacer lo más pronto los deseos de sus clientes; ahora, usuarios e investigadores se preguntan cuál es el impacto para el planeta.
Matt Richtel
© 2016 New York Times News Service
26 febrero 2016 20:5 Última actualización 28 febrero 2016 5:0
Desperdicio generado por compras hechas por comercio electrónico. (NYT)

Desperdicio generado por compras hechas por comercio electrónico. (NYT)

Ruchit Garg, un emprendedor en Silicon Valley, dice que le preocupa que algo no ande bien con su hábito de comprar por internet. Con cada nueva entrega a su puerta, a veces varias al día, enfrenta la fuente de su culpa y su frustración: otra caja de cartón.

Luego, cuando la abre, a menudo se enfrenta a cajas, dentro de cajas, dentro de cajas, como si fueran matrioskas, para proteger sus electrodomésticos, desodorante, ropa o abarrotes. Obedientemente, Garg recicla, pero, hace poco, compartió sus inquietudes en Twitter.

Un puñado de científicos y formuladores de políticas le están dando vueltas a la misma pregunta, batallando con el efecto ambiental de largo plazo en la economía que funciona cada vez más con la gratificación del tengo que tenerlo ahora. Este ciclo lleva al consumidor a esperar que pueda satisfacer hasta el deseo más modesto como si fuera una necesidad urgente y no siempre se siente tan bien.

La nueva carrera armamentista para los minoristas en internet es la velocidad, y hace que el comercial de Federal Express, “Cuando eso tiene que llegar, total y absolutamente, de un día para otro”, parezca tan pintoresco como las entregas en carreta tirada por caballos. Amazon alardeó en un boletín de prensa en diciembre, sobre sus “entregas de pedidos más rápidas a la fecha”; se satisfizo el antojo de un cliente de Miami que ordenó cuatro “frapuccinos” de vainilla de Starbucks en 10 minutos justos.

En 10 regiones importantes, Google Exprés entrega en poco menos de dos horas desde docenas de tiendas, incluidas jugueterías, farmacias, ferreterías y tiendas de mascotas. Postmates, una empresa emergente en San Francisco, promete entregas en menos de una hora; entregó casi un millón de paquetes en diciembre.


En conjunto, el sector del comercio electrónico de 350 mil millones de dólares se ha duplicado en los últimos cinco años, y Amazon ha fijado el paso. Su servicio de membresía Prime ha crecido a más de 50 millones de suscriptores, según una estimación. (Y su servicio nuevo más rápido, Prime Now, puede “hacerles llegar a los clientes prácticamente lo que sea en minutos”, según su sitio web.)

Uber llama a su nuevo servicio UberRush, “su flotilla de entrega por pedido”; Jet Delivery ofrece un servicio de “guantes blancos” en menos de dos horas; Instacart puede entregar abarrotes a la puerta en menos de una hora.

El costo ambiental incluye las emisiones por los servicios de flete personalizado y las cajas de cartón; en 2015 se produjeron 35.4 millones de toneladas de cartón para empaques en Estados Unidos y las compañías de comercio electrónico están entre los usuarios de crecimiento más rápido.

“Hay toda una flotilla de camiones circulando por los barrios sin parar”, notó Dan Sperling, el director fundador del Instituto de Estudios sobre el Transporte de la Universidad de California, en Davis, y experto en transporte en el Consejo de Recursos Eólicos de California. También está supervisando una nueva fuerza de tarea de compañías de camiones y funcionarios gubernamentales en el ámbito estatal que trata de reducir las emisiones totales por los fletes, incluidos los del comercio electrónico.

Sperling dijo que los consumidores comparten tanta responsabilidad por el costo ambiental de las entregas como las compañías que brindan servicios rápidos.

“Desde una perspectiva sustentable, vamos en la dirección equivocada”, dijo.

Sin embargo, es más difícil medir el efecto de la economía del cartón.

Hay posibles compensaciones, por ejemplo. A medida que la gente compra más en línea, podría utilizar menos el coche. Y los servicios de entrega tienen un incentivo inmenso para encontrar las rutas más eficientes, con lo que mantienen abajo los costos del combustible y las emisiones. Por su parte, Amazon dijo que entregar a los consumidores directo de las bodegas enormes reduce la necesidad de distribuir a miles de tiendas.

Hasta ahora, no obstante, parece que los compradores están ordenando en línea y todavía siguen manejando hasta las tiendas reales, al menos tanto como antes, según Sperling y otros académicos. Una investigación reciente exploró el efecto ambiental de las compras en internet en Newark, en Delaware, y encontró que el incremento en el comercio electrónico de los lugareños en los últimos años correspondía a más camiones en los caminos y a un incremento en las emisiones de gases invernadero.

Ardeshi Faghri, un profesor de ingeniería civil en la Universidad de Delaware, dijo que el incremento de varias emisiones, que estimó en 20 por ciento del 2001 al 2010, “podría deberse a multitud de razones, pero pensamos que las compras en línea y más camiones de flete son, realmente, una de las razones principales”.

“Las compras en línea no han ayudado al ambiente”, dijo. “Lo ha empeorado”.

Otros académicos dicen que, al menos por ahora, las compras por internet parecen estar complementando a las hechas en tiendas reales, no sustituyéndolas.

“A la gente que compra en línea también le gusta ver y sentir las cosas”, explicó Cara Wang, una profesora adjunta en el Instituto Politécnico Rensselaer, quien estudia problemas del transporte y ha escrito un ensayo sobre los hábitos de los compradores en línea. “Y tienen que devolver cosas”.

Wang y otros investigadores dicen que la demanda de entrega instantánea, en particular, crea retos para las empresas transportistas que tratan de ser eficientes. En lugar de llevar el camión lleno a un solo minorista, ahora hacen más entregas sin ton ni son.

Muchos choferes entregan solo un artículo. Es frecuente en Postmates, que cuenta con una flotilla de 15 mil choferes independientes que están para hacer entregas de lo que sea que ordene el cliente; un servicio parecido a Uber, pero para entregas. Es típico que el costo sea a partir de cinco dólares y se aplica una tarifa de nueve por ciento al costo del artículo. (La compañía dice que también tiene unos 5 mil repartidores que van en bicicleta o a pie en las zonas urbanas densas.)

Aunque reciclar puede hacer que los consumidores piensen que están ayudando al ambiente, el proceso tiene sus propios costos, incluidas las emisiones por llevar los empaques a los centros de reciclado, que usan mucha energía y agua. Don Fullerton, un profesor de finanzas y experto en economía y ambiente en la Universidad de Illinois, dijo que una solución posible podría ser responsabilizar a los minoristas por recibir las cajas que les devuelven. Ello crearía incentivos para que se les ocurran soluciones para menos empaques.

“Y, quizá, que no pongan una caja dentro de una caja, dentro de una caja”, dijo.

Robert Reed, un portavoz de Recology, un importante procesador de reciclados en San Francisco, que recolecta 100 toneladas de cartón cada día, tiene una solución más simple: “Frenar el consumo”, dijo. “Fenarlo”.

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