New York Times Syndicate

Una red social on-line y off-line de vecinos

Via Fondazza es la primera Social Street a nivel mundial que ha reconfigurado la forma de interacturar entre vecinos. Un modelo que se ha replicado en más partes del mundo. 
New York Times
18 septiembre 2015 23:28 Última actualización 19 septiembre 2015 5:0
Via Fondazza

“Es un fenómeno muy interesante y exportable, una forma espontánea de socializar, apoyada por la tecnología digital". (New York Times)


BOLONIA, Italia. Cuando Laurell Boyers, de 34 años de edad, y su esposo, Federico Bastiani, de 37, se mudaron juntos a Bolonia en 2012, no conocían a ninguno de sus vecinos. Se sentían solos.

“Todos mis amigos en mi país tenían bebés, se reunían para que ellos jugaran, tenían con quien hablar, y yo me sentía tan ajena”, dijo Boyers, quien se mudó desde Sudáfrica, en una tarde reciente. “No teníamos familiares ni amigos aquí. Conocíamos a personas ocasionalmente, pero a nadie en nuestra misma situación”.

Así que Bastiani se arriesgó y pegó un volante en su calle, Via Fondazza, explicando que había creado un grupo cerrado en Facebook solo para las personas que vivieran ahí. Solamente estaba buscando hacer algunos nuevos amigos.

En tres o cuatro días, el grupo tenía unos 20 seguidores. Casi dos años después, dicen los residentes, caminar por Vía Fondazza ya no se siente como recorrer el barrio de una gran ciudad. Más bien, es más como explorar una ciudad pequeña, donde todos se conocen entre sí, ya que el grupo tiene ahora 1,100 miembros.

“Ahora me siento obligada a hablar con todos cuando salgo de casa”, dijo en broma Boyers. “Es reconfortante y también cansado, a veces. Se tiene que ser cuidadoso con lo que uno pregunta”.

La idea, la primera “calle social” de Italia, ha tenido tal éxito que ha pegado más allá de Bolonia y los estrechos confines de Vía Fondazza. Hay 393 calles sociales en Europa, Brasil y Nueva Zelandia, inspiradas por la idea de Bastiani, según el sitio web Social Street Italia, que fue creado a partir del grupo de Facebook para ayudar a otros a imitar el proyecto.

Bolonia, una ciudad norteña de tamaño mediano, es conocida por su política progresista y sus cooperativas. Alberga a lo que se considera la universidad más antigua de Italia, y tiene una mezcla de una vibrante multitud de jóvenes y residentes veteranos, conocidos por su fuerte sensación de comunidad.

Sin embargo, socialmente hablando, Italia, incluida Bolonia, puede ser conservadora. Las amistades y relaciones a menudo se dan a través de las conexiones familiares. No siempre es fácil conocer a gente nueva. En las ciudades grandes, los vecinos típicamente son reservados.

Pero, hoy, los residentes de Vía Fondazza se ayudan entre sí a reparar electrodomésticos averiados, realizar los quehaceres o recargar baterías de autos. Intercambian boletos de tren y organizan fiestas.

Alrededor de la mitad de los residentes de Vía Fondazza pertenecen al grupo de Facebook. Quienes no usan el Internet son invitados a los eventos vía volantes o por invitaciones de boca en boca.

“He notado que la gente al principio se pregunta si necesitan pagar algo” por la ayuda de otros, dijo Bastiani, refiriéndose a la experiencia de una mujer de 80 años de edad que necesitaba que alguien le recogiera algunos abarrotes, o un residente que buscó ayuda para ensamblar un mueble de Ikea.

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Via Fondazza

“Pero ese no es el punto”, añadió. “La mejor parte de esto es que rompe todos los esquemas. Vivimos cerca unos de otros, y nos ayudamos unos a otros. Eso es todo”.

El impacto del experimento ha sorprendido a casi todos aquí.

“Ha cambiado el paseo en Vía Fondazza”, dijo Francesca D’Alonzo, una graduada de derecho de 27 años de edad que se unió al grupo en 2013.

“Nos saludamos unos a otros. Hablamos. Nos preguntamos por nuestras vidas. Sentimos que ahora pertenecemos aquí”, dijo.

Los intercambios regularmente empiezan virtualmente, pero pronto se vuelven concretos, permitiendo a los residentes conocerse entre sí en persona.

Todos en Vía Fondazza parecen tener una anécdota. D’Alonzo recuerda la fiesta que dio en vísperas de Año Nuevo en 2013, cuando sus vecinos entonces mayormente desconocidos llevaron tanta comida y vino que no sabía dónde ponerlos.

“Es el hábito mental lo que es tan saludable”, dijo. “Dejas que la gente entre en tu casa porque conoces a algunos y confías lo suficientemente en ellos para que traigan a algunos más. Abres tu vida”.

Nada tiene un costo en el grupo de Vía Fondazza. Algunas de las instalaciones de la comunidad son donadas, pero la mayor parte del beneficio se origina en la disposición de los miembros a ayudar, compartir y vivir mejor.

“Es un fenómeno muy interesante y exportable, una forma espontánea de socializar, apoyada por la tecnología digital”, dijo Piero Formica, investigador del Instituto del Valor de la Innovación de la Universidad Maynooth en Irlanda.

“A diferencia de las plazas italianas donde la gente se reunía para discutir sobre política, aquí la gente se reúne a compartir, a menor costo, a informarse unos de otros y usar los recursos todos juntos”, dijo.

En la principal tienda de abarrotes de Vía Fondazza, operada por una familia de inmigrantes paquistaníes, los residentes piden prestadas bicicletas comunitarias o incluso raquetas y pelotas de ping pong para jugar en el patio de la iglesia.

“Muchas personas venían a hacer sus compras aquí, pero realmente no conocíamos a nadie”, dijo Maryam Masood, de 23 años, asistente en la tienda e hija del dueño. “Ahora nos conocemos, y la vida es mucho más tranquila y feliz”.

“Uno siente que pertenece”, dijo.

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