New York Times Syndicate

Una rara venta de terrenos árticos preocupa a noruegos

La eventual venta de terrenos árticos a un sospechoso comprador chino ha encendido un debate en Noruega, donde ven intenciones chinas de hacerse de un punto geopolíticamente estratégico.
Andrew Higgins
© 2014 New York Times News Service
11 octubre 2014 23:50 Última actualización 12 octubre 2014 19:58
Polémica en Noruega por venta de terrenos árticos. (NYT)

Polémica en Noruega por venta de terrenos árticos. (NYT)

LONGYEARBYEN, Noruega – Para alguien que busque en el mercado una magnífica propiedad frente al mar con fácil acceso al Polo Norte, Ole Einar Gjerde tiene una oferta. “Incluiremos gratuitamente los osos polares”, dijo Gjerde, enumerando los atractivos de una enorme extensión de terreno ártico. Tiene una población humana de cero.

Pero la venta de la propiedad, al otro lado de un helado fiordo desde Longyearbyen, la capital del territorio más al norte de Noruega, ha provocado una ruidosa tormenta alimentada por la alarma en torno a las ambiciones árticas de un magnate inmobiliario chino con abundantes fondos, ansia por el hielo y un pasado turbio mientras trabajaba para el Partido Comunista chino.

El magnate, Huang Nubo, fue rechazado el año pasado en un intento por comprar una extensión de páramo congelado en Islandia y ha volcado su atención en Noruega. Este verano, llegó a un acuerdo preliminar para comprar un gran terreno frente al mar por unos 4 millones de dólares cerca de la ciudad norteña de Tromso y, según la difusora estatal de Noruega, también está apuntando a una propiedad mucho más grande e incluso más al norte de aquí en Spitsbergen, la isla principal del archipiélago de Svalbard.

La compañía de Huang, Beijing Zhongkun Investment Group, negó reportes divulgados por los medios noticiosos noruegos de que quiere comprar terrenos aquí en el Ártico, y dijo que más bien está enfocando sus planes en un complejo turístico de lujo en Lyngen, un área montañosa en la parte continental noruega cerca de Tromso. Ese proyecto, aunque centrado en terrenos mucho más al sur que Svalbard, aún sitúa a la compañía de Huang dentro del Círculo Ártico y ha desencadenado un acalorado debate sobre sus intenciones.

“No se necesita dudar de que el multimillonario Huang Nubo es un testaferro del Partido Comunista chino y las autoridades de ese país”, advirtió un comentario en Nordlys, el periódico más grande del norte de Noruega.

Ola Giaever, el vendedor de la propiedad cerca de Tromso, dijo que tenía una “confianza del 100 por ciento” en que Huang era un hombre de negocios recto sin una agenda oculta. “Este es un acuerdo de negocios. Nada más”, dijo Giaever en una entrevista vía telefónica.

Sin embargo, esas garantías han hecho poco por calmar el frenesí de la especulación sobre que China está buscando una posición permanente en el Ártico, una región de creciente importancia geopolítica y económica conforme el calentamiento global abre nuevas y más baratas rutas marítimas desde Asia y también amplía las perspectivas de explotar los abundantes recursos naturales del Ártico.

“Para cualquiera interesado en la geopolítica, esta es la región a seguir en los próximos años”, dijo Willy Ostreng, presidente de la Academia Científica Noruega para la Investigación Polar.

Huang, añadió, “quizá solo sea otro hombre de negocios sonriente” genuinamente interesado en simplemente desarrollar el turismo, pero “estamos hablando de percepciones aquí”. “Y la percepción es que China quiere tener una posición en el Ártico”, añadió.

Hambrienta de energía, China declarado abiertamente sus ambiciones árticas, dijo Ostreng, señalando que Pekín había invertido en un rompehielos, el Snow Dragon; enviado científicos a Svalbard a unirse a equipos de investigadores internacionales; y cabildeado exitosamente para convertirse en observador en el Consejo Ártico, una agrupación de naciones con territorios árticos, incluidas Noruega, Rusia y Estados Unidos. También ha intentado, hasta ahora sin éxito, de obtener permiso para construir una gran antena de radar en Svalbard.

China incluso se ha declarado un “estado casi ártico”, una declaración exagerada. Pero, dijo Ostreng, “cuando eres un país grande, puedes afirmar ser lo que quieras, y la gente te cree”.

La cautela ante las intenciones de China han sido alimentadas en parte por el extendido desconcierto aquí en torno a los incansables esfuerzos de China por castigar a Noruega por la decisión del Comité Nobel Noruego de honrar a Liu Xiaobo, un disidente chino encarcelado, con el Premio Nobel de la Paz en 2010. Furiosa por el premio, China ha protagonizado un berrinche diplomático de cuatro años, desdeñando repetidamente a los funcionarios noruegos, reduciendo las importaciones de salmón noruego y hostigando a Noruega por mostrar insuficiente remordimiento por un premio sobre el cual el gobierno no tuvo control.

La región ártica, según la Agencia de Información Energética de Estados Unidos, contiene alrededor de 13 por ciento del petróleo no descubierto del mundo y 30 por ciento de su gas natural, reservas que no han sido tocadas debido a la dificultad y alto costo de su explotación.

Rusia, que anunció recientemente planes para invertir 400 mil millones de dólares en extraer recursos árticos en los próximos 20 años, cree que la región es incluso más prometedora, aunque estos planes pudieran ser alterados por las sanciones occidentales impuestas a causa de Ucrania.

El terreno ahora en venta, propiedad de los descendientes de un transportista noruego que lo adquirió en 1937, es la primera propiedad en Svalbard en salir al mercado desde 1952, y es el único territorio de propiedad privada que queda. Todo el resto es propiedad del Estado noruego,; una compañía carbonífera estatal noruega, Store Norske; y una compañía carbonífera estatal rusa, Arctic Coal Trust.

“Esta es una oportunidad que se da una vez en la vida. Es única”, dijo Gjerde, amigo de la familia que posee el terreno y miembro del consejo de Austre Adventfjord AS, una compañía establecida el año pasado para administrar la propiedad. Henning Horn, un industrial y granjero noruego que posee la propiedad junto con otros descendientes del comprador original, es el presidente. A través de su abogado, Horn declinó ser entrevistado.

Cuando los medios noticiosos noruegos reportaron por primera vez la planeada venta en abril y luego mencionaron a Huang como el posible comprador, el gobierno de inmediato estuvo bajo presión en el Parlamento y en los medios noticiosos para que se asegurara de que el terreno no cayera en manos extranjeras.

“Noruega no puede correr este riesgo. Este es un asunto de importancia estratégica para nosotros”, dijo en una entrevista Liv Signe Navarsete, ex ministra y miembro del Parlamento noruego. Noruega, añadió, está abierta a la inversión extranjera, pero después de ser intimidada por Pekín durante tanto tiempo por el Premio Nobel de la Paz, no tiene razón para tender la alfombra de bienvenida a un inversionista chino en el Ártico.

En medio de un creciente clamor contra cualquier venta a extranjeros, el gobierno anunció en mayo que trabajaría para asegurarse de que la propiedad de Svalbard quedara en manos noruegas. “El gobierno ha decidido trabajar a favor de una solución que involucre una adquisición estatal”, señaló en una declaración la ministra de Comercio, Monica Maeland. “Es totalmente natural y correcto que el Estado esté empeñado en poseer la propiedad”.

Los esfuerzos para asegurar el control estatal de la misma aún no han rendido frutos.
Christin Kristoffersen, la alcaldesa de Longyearbyen, el centro administrativo de Svalbard, dijo que apoyaba la compra por parte del Estado noruego para asegurarse de que las frágiles áreas silvestres de la región no sean arrasadas por una caótica fiebre por explotar los recursos árticos.

Representantes de los dueños dicen que el Estado es bienvenido para que presente una oferta pero debe seguir las reglas del mercado. “No nos dedicamos a la política o la geopolítica. Nos dedicamos a los negocios. Venderemos al mejor postor”, dijo Arnstein Martin Skaare, un miembro del consejo de la compañía que administra la venta. “Si Noruega piensa que este terreno es importante para Noruega, entonces lo comprará a un precio de mercado justo”.

Cuál pudiera ser este precio es un misterio, y las estimaciones varían desde unos cuantos millones de dólares a más de mil millones de dólares.

“No se puede poner precio a algo que es único”, dijo Ostreng, el experto en investigación polar, señalando que las propiedades salen a la venta tan rara vez en la parte alta del Ártico que no había un mercado funcional que estableciera siquiera su valor aproximado. El valor económico inmediato de la propiedad, dijo, es mínimo, ya que su principal activo, el carbón, solo ha hecho perder dinero a quienes lo extraen en otras partes de Svalbard.

“Pero si se suma el valor estratégico”, dijo, “el precio de estas tierras es incalculable”.

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