New York Times Syndicate

Una lluvia de bombas

El gobierno sudanés constantemente bombardea aldeas como una estrategia de containsurgencia, pero la mayoría de estos ataques parecen dirigirse a civiles con miras a hacer que las zonas sean inhabitables, dejando una huella permanente en los niños y las personas.
Nicholas Kristof
27 junio 2015 20:11 Última actualización 28 junio 2015 5:0
bombas sudán

Este es un agujero de protección en el que las familias se refugian cuando caen las bombas. (New York Times)

Los ocho niños de la familia Shanta vivían en una aldea de chozas de paja y nunca habían prendido una luz eléctrica, ni usado un reloj pulsera; nunca habían subido a un coche o, siquiera, a una bicicleta; nunca habían hablado por teléfono.

Su primera interacción verdadera con el silgo XXI fue una noche de febrero, cuando estaban apiñados en un agujero de protección, mientras el gobierno sudanés bombardeaba su choza. Si se quiere comprender por qué la Corte Penal Internacional debería enjuiciar al presidente Omar al Bashir de Sudán, la familia Shanta ofrece un recordatorio de que sus atrocidades continuarán mientras que siga en el poder.

El proyectil cayó cerca de las chozas de la familia extensa Shanta y mató al instante a una prima, Amusa Shanta, de 18 años de edad.
Dentro del hoyo de protección, los niños sobrevivieron a la explosión inicial. Sin embargo, el estallido incendió una choza cercana y el techo de paja prendido se deslizó dentro de la madriguera. Estas son profundas fosas subterráneas que están junto a casi cada casa, escuela y edificio aquí, en los Montes Nuba, para que la gente pueda protegerse agachándose cuando el gobierno la bombardea; lo cual hace casi a diario, en una aldea o en otra. La profundidad ofrece protección de las esquirlas, pero también dificulta el escape en casos como éste, cuando se convierten en fosas de fuego.

“Gritaron”, recordó Osman Shanta, el padre de cinco de los niños en ese agujero de protección, que lanzaba agua frenéticamente sobre las llamas. “Y, luego, cesaron los gritos”.

De inmediato, dos de sus hijos – Diana de 12 y Bashir de nueve años – murieron quemados, pero los otros tres sobrevivieron, junto con tres primos. De prisa llevaron en coche, durante cuatro horas por un camino de terracería, a los seis niños hasta el hospital; hasta eso puede ser peligroso porque Sudán también bombardea vehículos y hospitales en los Montes Nuba.

¿Por qué Sudán estaba bombardeando una aldea llena de chozas de paja?

No se trató de un accidente de guerra. Refleja una estrategia sudanesa de contrainsurgencia, deliberada, de tierras quemadas, aquí, en el extremo sur de Sudán.

Un ejército rebelde con muchos miles de soldados, al que, al parecer, apoyan con fuerza los lugareños porque los protege del gobierno nacional, gobierna en los Montes Nuba. El gobierno sudanés bombardea a los rebeldes y periódicamente los ataca, pero la mayoría de sus ataques parecen dirigirse a civiles para, al parecer, hacer que la zona sea inhabitable para que no quede nadie que apoye a los rebeldes.

Esta es mi cuarta visita a los Montes Nuba, todas hechas en forma subrepticia porque Sudán prohíbe la entrada a esta zona a periodistas, socorrista y casi a cualquiera. Me escabullí por las líneas rebeldes en un vehículo embadurnado de lodo para que a los bombarderos les fuera más difícil detectarlo.

El personal del hospital me alertó sobre los seis niños Shanta. “Cuando llegaron estaban horrendamente quemados”, recuerda el doctor Tom Catena, un estadounidense que es el único médico en el hospital. Ayat, una niña de tres años, con casi la mitad del cuerpo tatemado, murió a los dos días.

Parecía que Hosana, una hermana de 10 años, iba a vivir, pero se le infectaron de tétanos las heridas y murió, también.

Catena se concentró en tratar de salvar a su hermano de ocho años, Shanta, quien perseveró durante semanas. Sin embargo, las moscas depositaban huevecillos en las heridas y, pronto, las quemaduras estaban llenas de gusanos. Catena dice que los quitaba y al día siguiente había más. el niño mostró un valor extraordinario, recuerda Catena, pero gritaba todos los días por el dolor cuando le cambiaban los vendajes. Al final, murió, también.

Llegué a la aldea de la familia Shanta después de manejar por una zona de casas bombardeadas y encontré a aldeanos traumados que se quedaban cerca de las cuevas donde podían refugiarse de las bombas. Los tres niños Shanta sobrevivientes quedaron, literalmente, marcados de por vida; una niña, Rhoda, de seis años, no puede extender los brazos debido a las quemaduras.

Osman Shanta y su esposa Sadia, lloran la muerte de sus cuatro hijos, así como la de sus sobrinas. Reconfortan al hijo sobreviviente, Abdulá, cuando tiene pesadillas.

El día que estuve de visita, la aldea volvió a ser bombardeada una vez más. La temporada de lluvias empieza ahora, lo que significa que las cuevas están húmedas, así es que es frecuente que enfermen los niños.

Unas cuantas organizaciones – Nuba Reports, Enough Project, Human Rights Watch – llaman la atención hacia el sufrimiento que hay aquí, pero los Montes Nuba no tienen ningún valor estratégico, y ni Estados Unidos ni otros gobiernos han cuestionado los bombardeos o la falta de acceso humanitario.

Cuando era senador, el hoy presidente estadounidense, Barack Obama criticó al entonces presidente George W. Bush por consentir las atrocidades sudanesas, pero su gobierno ha hecho menos para presionar a Sudán de lo que hizo el de Bush.

Ese solo proyectil mató a seis primos en una familia y desfiguró a tres niños. Y estas bombas y proyectiles siguen cayendo, día tras día, tras día.

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