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Una extraña enfermedad se vuelve un 'bestseller'

"Intestinos: La historia interna del órgano más subestimado de nuestro cuerpo" es el nuevo libro de la autora alemana Giulia Enders. Se trata, sin duda, de una gran historia que cuenta de manera digerible mucho de lo que sucede en nuestro cuerpo. 
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04 julio 2015 19:12 Última actualización 05 julio 2015 5:0
Giulia Enders

Giulia Enders

MANNHEIM, ALEMANIA.– Si Giulia Enders no hubiera contraído una misteriosa enfermedad en su adolescencia que la dejó cubierta de úlceras, ella, como la mayoría de nosotros, nunca habría pensado mucho en su tracto digestivo, excepto cuando no funcionara bien. Nunca se habría inscrito en la escuela de medicina, tampoco, y casi seguramente no habría escrito el año pasado un libro exitoso sobre la digestión que ha cautivado a Alemania, una nación considerada, justamente o no, como excesivamente obsesiva.

En 2007, después de una serie de tratamientos mayormente inefectivos prescritos por los médicos, Enders, entonces de 17 años, decidió tomar el asunto en sus manos. Convencida de que la enfermedad estaba asociada de algún modo con sus intestinos, se adentró en la investigación gastroenterológica, consumió varios cultivos bacterianos probióticos destinados a ayudar a la digestión y probó suplementos minerales.

Los experimentos funcionaron (aunque no está segura de cuál en particular), dejándola con una piel sana y un nuevo interés por sus intestinos. “Experimenté con mi propio cuerpo que el conocimiento es poder”, escribe sobre el episodio en Intestinos: La historia interna del órgano más subestimado de nuestro cuerpo, que ha vendido casi 1.5 millones de ejemplares desde su lanzamiento en marzo de 2014.

Inspirada por su exitosa autoexperimentación, Enders se inscribió en la escuela de medicina en 2009 en la Universidad Goethe en Fráncfort y ahora está trabajando en un título doctoral en microbiología ahí.
Durante una entrevista en una cafetería aquí a orillas del río Neckar, no lejos de la casa de su niñez, Enders, ahora de 25 años, bebió té de manzanilla y describió con característico entusiasmo la primera operación estomacal que vio en persona. “Todo el cuerpo se mueve así o asá, pero los intestinos se mueven de manera totalmente diferente”, dijo. “¡Es increíblemente armonioso!”

El entusiasmo de Enders ante los movimientos extraños de los intestinos solo lo iguala su incredulidad ante el limitado conocimiento público sobre el tema. “Casi estoy consternada”, recordó haber pensado durante sus primeros años en la escuela de medicina mientras aprendía, por ejemplo, que es más fácil eructar tendido del lado izquierdo que del derecho debido a la posición en la cual el esófago se conecta con el estómago. “¿Por qué no todos saben esto?”

En 2012, empezó a ocuparse de informar a la gente. Había escuchado de un espacio para eventos estudiantiles en Freiburg que celebraba un “slam de ciencia”, un evento a micrófono abierto donde jóvenes investigadores ofrecían presentaciones, y decidió preparar una breve conferencia sobre la digestión.

En el escenario, Enders se mostró vivaz y divertida, como muestra un video del evento. Habla rápidamente, y difícilmente capaz de contener su entusiasmo, al describir los componentes del sistema digestivo y lamentar su mala fama.

“Es realmente muy malo, porque los intestinos son totalmente encantadores”, dice, citando como evidencia la sofisticada comunicación entre los músculos internos y externos de nuestro esfínter y el ciento de billones de bacterias en nuestros intestinos que facilitan la digestión.
La multitud quedó embelesada. Enders ganó la competencia y luego participó en otros dos slams de ciencia en Karlsruhe y Berlín. Pronto, los videos de sus presentaciones estaban atrayendo la atención en línea, y un agente literario la contactó para que escribiera un libro.

Sus fanáticos han elogiado a Enders por traducir la ininteligible investigación gastroenterológica en prosa casual y entretenida. En un programa de entrevistas aquí en abril pasado, describió al intestino grueso como el “más emocionante” de los dos porque procesa los nutrientes a un ritmo pausado de unas 16 horas en promedio, comparado con las dos o cinco horas que necesita el intestino delgado.
En su libro, cataloga la veintena de operaciones elaboradas que realizan debidamente nuestros intestinos cada día, como el mecanismo de limpieza que se activa a las pocas horas de que comemos y mantiene al intestino delgado notablemente limpio. Este “pequeño limpiador”, como le llama Enders, resulta ser la verdadera fuente de los gruñidos que la mayoría atribuye al estómago y confunde como un signo de hambre.

Luego está el creciente conjunto de investigación que indica que nuestros intestinos quizá tengan una mucho mayor influencia en nuestros sentimientos, decisiones y comportamiento de lo que previamente se conocía. La evidencia principal para esto, escribe Enders, es la enorme red de nervios vinculados a nuestros intestinos que monitorea nuestras experiencias internas más profundas y envía información al cerebro, incluidas aquellas regiones responsables de la conciencia de uno mismo, la memoria e incluso la moralidad.

Sigue siendo poco claro en qué medida lo que uno almuerza afectará la toma de decisiones éticas; aún sabemos muy poco sobre este “cerebro intestinal”, como se refiere Enders a él. Pero esta complicada arquitectura neural sugiere que nuestros intestinos podrían desempeñar un gran papel en determinar quiénes somos y qué hacemos.
Estas características esenciales pero poco conocidas de nuestros intestinos – nuestras identidades a su nivel más visceral, sugiere Enders – han cautivado a los alemanes. La sorprendente popularidad del libro de Enders se ha vuelto tema de discusión, y algunos comentaristas invocan a Freud para explicar la aparente fascinación de los alemanes con sus intestinos. La ordinariez aquí tiende a inclinarse hacia lo escatológico, y los alemanes, según los estereotipos, están obsesionados con el orden y la pulcritud.

Enders descarta esas explicaciones, señalando que el libro también ha entrado en las listas de los más vendidos en Finlandia, Holanda y otras partes. Sugiere que su atractivo radica en su tratamiento franco de temas regularmente no discutidos. “La vergüenza siempre desaparece cuando realmente se comprende algo”, dijo.

Según su propia versión, la repentina fama de Enders no ha cambiado mucho su vida. Aun comparte el mismo departamento en Fráncfort con cinco amigos. Recientemente completó un examen médico estatal y pronto iniciará una residencia de un año en un hospital.

No tiene planes inmediatos de escribir otro libro. “Si tuviera esa sensación de nuevo”, dijo, refiriéndose a la sorpresa sobre lo poco que la mayoría de la gente sabía sobre la digestión, “entonces lo haría. Pero solo en ese caso. Y si esa sensación no se da, entonces con suerte solo seré una buena doctora”.

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